21 septiembre 2008

[REC], de Jaume Balagueró y Paco Plaza

Fiesta de spoilers. Ojo si no has visto [REC] y tienes intención de hacerlo.



Se rueda un documental televisivo sobre la vida de una patrulla de bomberos. Tele realidad. Hay una alarma y todos acuden a un edificio. Una vez dentro, lo paranormal, versión escatológica, reina a sus anchas. El edificio es sellado desde el exterior y puesto en cuarentena. Todo lo graba el cámara de la tele local, muy a su pesar encerrado en la pesadilla.

El terror asistido a través de un filtro. Ver, como espectadores, el espanto a través de la horrorizada mirada de un espectador en la ficción. Mimetizarnos con el objetivo. [REC] tiene algo de trampantojo, al venir con la forma de las cintas y grabaciones de un equipo de televisión que rueda un documental. Esto no es nuevo en la historia del cine, desde El Proyecto de la bruja de Blair hasta cintas más lejanas (no hemos visto Holocausto caníbal, pero sabemos que algo de esto hay en la cinta de Ruggero Deodato). En El fotógrafo del pánico los asesinatos se presentan igualmente a través del velo, allí el objetivo de la cámara del fotógrafo asesino. El film de Vigalondo y Plaza bebe de una tradición, no se pretende una renovación, mucho menos una estilización ([REC] es seca y ruda, en el extremo opuesto al cine, por ejemplo, de Guillermo Del Toro) . Su materia prima se rastrea en el cine de Romero, su creciente claustrofobia puede recordar Halloween (la primera, la que nos lleva desde espacios abiertos hasta un asfixiante armario), su falso verismo, a la citada Blair witch proyect, y fácilmente podemos encontrar más pistas.
[REC] se apoya en la tradición para hacer una cinta de horror, pero va más allá del mero refrito. Para empezar, es un juego de espejos múltiples que juega a distorisones profundas. Es un falso documental televisivo, del mismo modo que es una falsa puesta de escena de “una de zombis” (los directores han comentado que su película realmente no es de zombis, aunque, digo yo, podamos entenderlo así en su forma). Este tipo de violentación provoca una sensación de falta de asideros, ya que continuamente se niega la mayor a los espectadores. Del mismo modo todo comienza entre lo cotidiano y lo semi-cómico, lo absurdo (las grabaciones de la vida diaria del cuerpo de bomberos) y se gira hacia el horror casi sin aviso. Por tanto ese comienzo es, nuevamente, otro juego de espejos, otra apariencia que, reflejada, se revela como lo que realmente es. Seguimos en tierras de incertidumbre. Por otro lado la cinta entra con brutal fuerza en el terror, pero en vez de articular una espiral ascendente, su estructura de guión propone remansos y anticlimax que turban con su quietud. Por cierto, en ese grupo social encerrado herméticamente en un edificio, ¿no hay algo, un poquito, del Buñuel de El ángel exterminador? Además, “surrealista” es un término que se puede aplicar en [REC] no pocas veces: a la vieja loca con las bragas al fresco buscando con los dientes la yugular más cercana, a algunos secundarios como ese vecino argentino preocupado por dar en cámara… Pero es normal, el terror es, como el superrealismo, un mundo donde los anclajes a la lógica se pierden en beneficio de sensaciones más puras, como el miedo irracional.
Hablamos de los actores, y aquí cabe pararse un momento. Los directores de [REC] comentaron en entrevistas que los personajes habían sido fuertemente delimitados, pero el rodaje, cronológico, y un guión del que sólo daban pistas, logra sensación de verismo. Un ejemplo: hay una escena donde la relativa tranquilidad se rompe cuando, desde lo alto y por el hueco de las escaleras, cae el cuerpo de un bombero. Sólo alguno de los muchos actores de la escena lo sabían, de modo que el susto general fue sincero, y aplicado a su actuación, filtrado por su papel bien perfilado, consigue la sensación de espanto (pues en cierta manera éste se ha producido en algunos de los implicados en la escena). Y al hablar de actores lo hemos hecho del rellano, del hueco de las escaleras y del edificio. Porque en [REC] estamos ante un fascinante trabajo de puesta de escena que aprovecha su escenario como pocos films lo hacen hoy en día (de hecho, el guión no fue completado por los directores hasta localizar definitivanmente el edificio donde se rodaría). Las estancias son reinterpretadas por la cámara, son oscuras o irreales, níveas o sucias, saturadas de objetos o desnudas hasta el hueso. Otro juego de distorsiones, pues se plantea todo como documental pero la cuidadísima puesta en escena se revela plenamente cinematográfica. Turbación, de nuevo, en el espectador.
Podríamos seguir analizando [REC], cinta que me fascinó (queda claro… ¿cuánto hace que no extiendo un post de cine tanto como éste?), insistir en la violentación contínua de la realidad (por ejemplo, desde un principio se supone que en los pisos superiores reina en caos y la muerte, pero finalmente la salida se encuentra, en principio… en el ático), o hablar de sus premios, de su inminente versión (banalización, apuesto) hollywoodiense, buscar más recovecos en su minutaje, insistir en su inteligencia, en su fotografía perfecta, en unas interpretaciones ajustadas, el el concepto libre (bajo presupuesto, ganas de divertirse…), en el elemento de crítica a los medios audiovisuales, y en bastantes cosas más.
O terminar diciendo que la películ merece mucho la pena. Y al final, los protagonistas o se salvan, o no. Eso no lo destripo.

2 comentarios:

Yahelona dijo...

No te olvides de los segundos planos o como se llamen, digo esas escenas q se producen fuera del objetivo principal...

Señor Punch dijo...

si te refieres a que, por poner, alguien entra y sale por una puerta, oímos sus conversaciones en la otra habitación pero la cámara se queda quieta, enfocando a lo que no se han ido... eso es el fuera de campo.