04 noviembre 2008

La música en los realitys

En antena pululan varios de esos espacios que no hace falta presentar. La diversificación del género mete en el saco desde una experiencia sustentada en tocarse los huevos dentro de un macro-plató ("casa", lo llaman), a varios perro-flautas con gansa de comerse el mundo a base de juegos malabares, o a pequeños ruiseñores con mucho factor X, etc. El caso es que servidor está siguiendo Pequín Express, el mochilerío extremo que propone Cuatro, un concurso donde prácticamente sin dinero encima, los concursantes han de cruzar la antigua URSS, Mongolia y China hasta llegar a Pekín.

Independientemente de las puestas en escena tramposas y ya habituales de estos programas, el periplo no está exento de puntos de interés (la dureza de la empresa, las costumbres exóticas que se traslucen en sus imágenes, una Paula Vázquez que sobra en su rol de presentador pero que ni molesta ni busca más protagonismo que el justo, unos concursantes que se hacen más simpáticos que el aspirante a Granhermanito famosete de turno...).

Pero no quería hablar aquí de si me gusta o no, ni de convencer a nadie de lo uno o lo otro, sino de que, parece, cada reallity tiene su banda sonora. Si por la oreja dependiese, sin duda les recomendaría que no se pierdan Pekín Express. Donde GH se caracteriza por alargar las fiestorras etílicas de sus niños guapos y niñas neumáticas con canciones para discoteca de pueblo cachete-cachete miratúquerrrrico, las desventuras de los aspirantes a pekinés de honor gozan, en sus editados fondos musicales, de agrdables sorpresas (Cat Power, Tinderstiks -o Staples en solitario... La Voz, en todo caso-, Yo La Tengo, Johanna Newsom o Arcade Fire han regado los oidos del espectador durante el programa)

Por cierto, ahora andan por Mongolia, tierra árida de gentes tan pobres como, parece, hospitalarias.

1 comentario:

Int dijo...

Off Topic: le he "linkado" en mi (reciente) blog. Espero que no le moleste. Un saludo.