Tanto tienes, tanto vales. Tanto quieres, tanto vales. Esta es la filosofía (ultra consumista, vergonzosa) de la película que recupera a las maduras neoyorkinas. Por más que me esforcé, no he advertido ironía al fondo de este papel cuché de marcas, tiendas, consumibles y visas gold. Pero no debemos criticar una película por su mensaje, claro que no, sería como poner a parir a Pudovkin por comunista (perdonen mentar a un santo en esta casa de putas, pero es para que me entiendan todos).
Al final lo importante es lo puramente cinematográfico. Como la peli la he visto, admito que un/unos cámara(s) ha(n) sostenido sus aparatos de grabación, un montador ha corta-pegado el celuloide y unos actores han recordado sus diálogos. Pasemos, por tanto, a valorar todo el conjunto que es Sexo en Nueva York, la película en sus múltiples facetas, atendiendo a todos los aspectos posibles a la hora de valorarla (no sólo su repugnante filosofía vital).

Y entendemos que cero sólo se le daría a quien técnicamente no se aclara, demostrando que, por ejemplo, no sabe ni enfocar con la cámara. Aunque prefiero a Ed Wood que esto, así que...

2 comentarios:
la "peícula"... no se si se trata de una errata, o va con segundas :)
errata, errata, gracias :)
Publicar un comentario en la entrada