30 abril 2008

Mis tebeos de cabecera, décimo primero: FROM HELL, de Alan Moore y Eddie Campbell


Partir del caso del Jack el Destripador para terminar explicando una muy personal cosmogonía no está al alcance de muchos autores. Que en el proceso creativo la propia obra descubra nuevas perspectivas (místicas, arcanas) de la realidad al propio escritor, hasta cambiar su percepción del mundo, eso ocurre muy contadas veces. Ocurrió en from Hell, desde luego, y ello nos habla del poder de esta obra, y por extención de la capacidad que el arte tiene para cobrar vida propia e incluso cambiar nuestras vidas. Alan Moore descubrió entre sus propias líneas de diálogos la magia (sí, lo que leen). Nosotros, un portal a una mirada única y absolutamente precisa, la de uno de los guionistas más inteligentes del medio historieta, y también de los más osados. En From Hell se habla de Jack, sí. Pero también de las matemáticas fractales, del tiempo y el espacio, de dioses y hombres, del poder de los medios (la prensa incipiente como mass media), de la era pre industrial, del abismo del alma humana, del amor hasta la locura, del poder del locus, de...
From Hell es uno de los tebeos más ambiciosos en contenidos que he tenido el placer de leer. Y además está resuelto con un magisterio increíble. Moore es guionista de precisos diálogos y páginas estudiadísimas en su cartesiana composición. Y en sus obras suele dar rienda suelta a recursos vistosos (como en Watchmen o Swamp Thing), jugando con la página y con la composición, trayendo al cómic técnicas de raccord o panorámicas cinematográficas, o provocando composiciones orgánicas. En From Hell todos sus desvaríos se demuestran el placton a partir del que crece una obra, pero no esperen sino páginas escrupulosamente narrativas, de estructura discreta pero exacta, cada cosa en su lugar para beneficio de la narración. Es uno de los tebeos má "sencillos" de Moore, pero en ello advertimos que también es de los más refinados.
Y en el apartado gráfico hay que aplaudir a Campbell, un gigante que traduce las atmósferas malsanas, ocsuras y húmedas en un dibujo brumoso, perfecto.
Un tebeo con el que se calla la bocaza de quien desprecia intelectualmente al cómic (pues seguramente From Hell es en este aspecto muy superior al mismo lector) y que produce tanto espanto (¡eh, es Jack, no lo olviden!) como asombrosa admiración.

RITOS DE INICIACIÓN: pregunten en su librería por el tomo de Planeta (aunque también hay una primera edición en cinco libros, luce mejor en un grueso volumen de tapas duras, ¿no creen?)


29 abril 2008

¿mundo friky? no, Zona Fandom

Nace un nuevo blog, del que me entero por el siempre alerta Álvaro Pons. De variadísima temática, pero siempre atento a esa suerte de subcultura a la que se llama frikismo desde su sentrañas (y "raritos" desde fuera).
No me considero un friky en tanto que, creo, no suelo hacerme notar, ni en las convenciones comiqueras, ni en los festivales rockeros, ni en la vida cotidiana (soy un tipo tranquilo que no gasta ademanes ni exteriorizaciones). Pero si por friky entendemos todo aquel que puede sentir el pulso lúdico y desprejuiciado de la sociedad de consumo occidental (suena terrible, sí) pues, sí, llevo un niño dentro. Por eso, aunque apenas la he ojeado (y luce con cuidado aspecto) este naciente blog de "cultura alternativa, como se reconocen ellos mismos, ya engrosa la abultada lista de mis favoritos. Pinchando la imagen se llega al lugar, ya saben.

mis discos de cabecera: decimo segundo: RID OF ME, de PJ Harvey


El látigo fenenino, el poder del deseo, la turgencia y la urgencia. Polly Jean Harvey ya había avisado al mundo de que lo suyo era serio con un debut seco, blues contemporáneo acelerado y torrencial. Steve Albni, productor estrella de este segundo trabajo, comprendió que había que prender fuego a las llamas, convertir el volcan en una verdadera erupción para dar natural continuidad a aquel Dry, e inyectó napalm en el mundo de PJ y en los surcos de Rid of me. Pero el pastel se lo merece, con todas las velas, la dama, Polly, que se arranca la piel ante el oyente, que tensa su guitarra, compulsiva y feroz, que lo capitaliza todo con esa voz herida, iracunda, frágil y comandante al tiempo. El trío (batería a plomo, bajo manteniendo la serenidad en el caos) culmina un triángulo perfecto de blues retorcido y áspero, bestial, a chorro en la cara.
Es curioso que la gente suela emparentar a PJ Harvey con la versión más conocida de Nik Cave, la del crooner pantanoso, estilizado. Yo la acerco más, en todo caso, al abismal, al fiero perro sediento de los arranques convulsivos. Porque sí, PJ Harvey muda de piel (siempre con acierto), cambia cada poco tiempo ofreciendo nuevas caras. Pero su rostro más desnudo y auténtico lo reconozco en este disco, cercano a Patti Smith, al Surfer Rosa de Pixies, a la fragilidad aguerrida de Kurt Cobain... pero único, personal, uno de los mejores ejemplos de furor femenil que conozco, y una bestialidad, acelerando cada vez más, tema a tema, blues a blues, y abriendo con uno de los más tremendos sablazos de la historia del rock, Rido of me, la canción.

28 abril 2008

SEÑAL Y RUIDO, de Gaiman y McKean

Copio de la wikipedia:"La relación señal/ruido (en inglés Signal to noise ratio SNR o S/N) se define como el margen que hay entre la potencia de la señal que se transmite y la potencia del ruido que la corrompe". Así pues el rítulo de esta novela gráfica se refiere a ese punto entre lo que es y lo que deja de ser, entre el caos y el orden, un equilibrio que afecta a todo, incluso a la vida y la muerte. La vida de un famoso director de cine llega a su fin. Tiene cancer. Es terminal. Muere. Señal y ruido: entre vida y no vida, el artista decide plasmar una última película sólo en su cabeza y finalmente en el papel. Señal y ruido, entre lo que se perderá y lo que perdurará, un tránsito, un equilibrio leve que nos dispone a uno u otro lado. Bailando en el fin inapelable, su exitencia, la del creador, se agarra a reflexionar sobre el vacío y la memoria, sobre el sentido del ser y dejar de ser, sobre lo útil o futil de la existencia. También sobre la esperanza: la película versará sobre una comunidad que espera el fin del mundo en el día 31 de Diciembre de 999. Y todos sabemos que ese día, por mucho que así se creyera, no terminó el mundo.
Gaiman es ese guionista que se hizo famoso con The Sandman, su excelente ejercicio de estilo sobre dioses modernos y fantasía contemporánea. También el escritor de éxito en el género infantil y juvenil. Y Hollywood no se le resiste ya, claro. Pero lo mejor de su carrera son tres piezas construidas con su amigo Dave McKean, involuntaria trigía de la que Señal y Ruido es el eslabón central (antes, Casos Violentos, después, Mr. Punch). Son sus mejores trabajos, en los que vemos al Gaiman más libre y al tiempo al más transparente. Tres obras personales sobre la memoria, sobre la infancia, o como en este caso, sobre la muerte, donde el británico se muestra antes como un escritor fascinado por el medio historieta que como verdadero guionista de cómics. Él crea con palabras, ordena ideas (a veces sometidas a lo genérico, otras, pocas, a lo autoral, siempre revelando su personalidad). Cuando lo hace para el mundo del cómic sabe, además, que debe apoyarse en ilustradores, y cuando estos son de su agrado o admiración, suele notarse. Y cuando el apertado gráfico recae en McKean, vaya si se nota. Mucho.


McKean tiene algo de otro lado del espejo para Gaiman, es su alimento gráfico favorito, además de gran amigo. Se conocen, se conocen como artistas y se alimentan mutuamente para dar obras cuano menos impresionantes. Señal y Ruido lo es, porque lo contado se complementa con la forma, ese pictoricismo extremo, sobrecargado de texturas (señales y ruidos) y de efectos infográficos creando dos polos opuestos que confluyen. Porque estamos ante un cómic literario, donde la prosa absorbe con su exactitud. Pero también ante una verdadera salvajada visual, y es imposible no resistir el efecto de la plástica de McKean. Y de la tensión de esos dos polos nace, en medio, un cómic de signos desdibujados, donde la narración muchas veces no es tanto de hechos como de significados y símbolos, donde la narrativa clásica se funde en imágenes abstractas que soportan literatura automática, donde el todo suma partes aparentemente repelentes entre sí. Posiblemente toda esa tensión sea el gran logro de Señal y ruido, logra la desazón y la experiencia trascendente en el lector, más allá de lo que se cuenta (oscuro, hondo, trubador). El cómo, en fin, pesa tanto como el qué, pues lo uno sirve a lo otro en un bucle perfecto. Y al final pensamos que este trabajo queda como uno de los mejores de su autor, y del 2008.
La edición, excelente, suma relatos previos y un epílogo que cierra el círculo.
Una obra difícil, pero mayúscula.

27 abril 2008

Mis tebeos de cabecera, décimo segundo: PALOMAR, de Beto Hernandez


Ya se habló en esta lista de Jaime, "el virtuoso". Uno nunca se decanta del todo a favor de uno u otro. Hoy Beto, mañana Jaime. Y generalmente tiendo a no comparar. Es lógico encontrar semejanzas entre hermanos, pues todos las tienen. Pero si te acercas verás que son más las diferencias y matices, y al final cada uno se define en sus particularidades. Así en la vida como el Love and Rockets, la revista que comparten los Bross. Hernandez y que les lanzó a la fama.
Beto, frente al mundo urbano y centrado en Maggie y Hopey de Locas (de Jaime), desarrolla un universo fronterizo, rural, un pueblo de calles sin asfalto y niñas descalzas, matronas esteatopígicas y muchachos conflictivos y enamoradizos. Palomar es el lugar, y sus habitantes son los protagonistas de una historia coral formada por muchas pequeñas historias que saltan en el tiempo pero siempre vuelven al mismo espacio, ese realismo mágico chicano y poético.
Es cierto que el universo de Beto se fue cerrando en sí mismo, que con los años la lectura de sus historias resultaba más hermético y hasta ombliguista (mientras Jaime sólo mejoraba más y más a cada nueva entrega), pero ni con esas es posible sustraerse a la fuerza de su mundo, tan vivo que se siente real: cientos de personajes que vives como personas de carne y hueso en sus pequeñas miserias y amores y desamores. Cientos de historias en las que no pocas veces palpita la más pura emoción, la que no precisa de subrayados, la que se extiende como un inadvertido perfume que finalmente te empapa. Así es Palomar en sus mejores momentos, casi mágico.
¡Ah, el dibujo! Bueno, Beto es un gran narrador en imágenes, y su trazo resulta expresivo y capaz de dar caracter a cada uno de los muchísimos actores de su obra. Y es tosco, poco virtuoso (ya saben, el virguero es Jaime), lo que no impide que digamos de él que es un excelente dibujante de cómics, ya me entienden.

RITOS DE INICIACIÓN: Palomar está edictado por La Cúpula en dos libros de ajustado precio. Hay ediciones anteriores, pero todas desmerecen la obra (incluso, la verdad, estos libros pueden ser mejorados, pero en fin)

25 abril 2008

ortega cano superstar

El Intermedio se adocenaba en palos de ciego y ausencia de nuevos logros, pero de un tiempo a esta parte no me lo pierdo, sólo por ver a ese dislate/fenómeno, el viudísimo, el torero.
Corta-pegando una entrevista de esas que se dan a ciertos programas, largas y vácuas, al gamberrete de Wyoming le hace sombra cada "cara a cara" que El Intermedio nos regala día sí día también. Ortega Cano versus Solbes, Ortega Cano versus Ana Botella, Ortega Cano versus Bruce Lee y versus quien se le ponga al editor por delante. Su discurso volátil, su gestualismo marciano, su risilla de hilo dental, han catapultado al diestro a mi podio surrealista y disparatado. A carcajadas, lo recibo todas las tardes (y sí, ya sé que es una chorrada como la copa de un pino qué puedo decir...¡DÉJENNNNMENPÁZ, DÉJENNNMEVIVÍ)
Tres botones de muestra







que me río, que no puedo evitarlo...

Mis discos de cabecera, décimo tercero: COPPER BLUE, de Sugar





Bob Mould venía de una carrera en solitario breve, y antes, del seminal grupo Hüskr Dü. Y si te gusta el rock deberían sobrar las contextualizaciones. Los Dü son una de las piedras angulares más notables de la historia del rock, tanto en su vertiente extrema (el hardcore) como en la aproximación, disco a disco, a un sonido menos radical donde la melodía empataba con la vehemencia.
En pleno éxito de Nirvana, en mitad de la eclosión del indie rock, en unos años noventa en los que, entre el subsuelo y el celofán de la MTV, se empezaba a hablar más alto que nunca de grupos como Pixies o Dinosaur Jr, la apariciónn del trío Sugar fue casi un acto de justicia poética. Mould retornando al formato trío con el ímpetu inalcanzable y con un discazo, diez canciones pluscuamperfectas haciendo sombra a discos coetáneos con una receta a base de saturación, ruido y brillantes melodías. Y una interpretación visceral, impulsiva. Desde las tripas y con mucho corazón.
The act we act, If I can't change your mind Changes, A good Idea, Helpless... es inutil hacer destacados: cada tema de Copper Blue no baja de sobresaliente. Resulta pasmoso pensar que tanta inspiración melódica proceda de un solo individuo, pero es así: este dicso perfecto, rocoso y vibrante lo demuestra con un ejercicio no superado de rock guitarrero (muy guitarrero, una apisonadora) y melódicamente cegador.




24 abril 2008

mis tebeos de cabecera, décimo tercero: CORTO MALTÉS, LA BALADA DEL MAR SALADO, de Hugo Pratt

Seguramente es una osadía ponerme a escribir sobre un tebeo que hace al menos diez años que no releo, ¡y además meterlo en una lista de mis favoritos tan arriba! Bien, puede que si lo leo de nuevo pierda o gane enteros, quién sabe. Pero (y aquí está el quid del asunto) en mi memoria tiene un puesto de honor, es una especie de imagen indisoluble, una puerta que separa lo clásico de lo moderno, con algo de ambos mundos. En corto se rastrean influencias como Milton Caniff, del mismo modo que se percibe su efecto en los modernos franceses (alguno ya ha pisado esta lista, no daremos nombres), y en todo caso, su dibujo austero, grueso, encierra una poética única, una fuerza majestuosa y al tiempo visceral.
Me gusta Corto, el hombre, el icono, un aventurero descreído. Me gustan los diálogos literaturizantes, el lirismo, la mirada irónica pero apasionada al género de la aventura, me encantan esas tintas chinas, y hasta, cosas que pasan, me agrada el posterior coloreado de La Balada del Mar Salado. Su estructura la recuerdo errática, lo que pone el acento en su modernidad. Los personajes- iconos, macizos figurones de leyenda, tienen un magnetismo curioso, que es el que impreggna a esta primera aventura del marino . Cómic de autor, cómic adulto en el tiempo en que la historieta empieza a querer ser adulta. Fue un largo viaje, el del tebeo para mayores, y posiblemente se inicie aquí (es un decir, pero seamos, por un día, reduccionistas por hacernos entender, y dar la imagen justa, casi metafórica, de esta Balada).
Vinieron luego muchas historias de Maltés, muchas más, claro, y la mayoría me son desconocidas (no soy un fanático de Pratt, no por nada, simplemente... tengo pocas lecturas del autor), pero esta primigenia me caló fuerte, tanto que, casi olvidada, sigue acudiendo a mi memoria como uno de las cumbres de la historieta.

RITOS DE INICIACIÓN: Norma editó en varios formatos este relato. Yo tengo uno a color, existe otro reducido, mejor, destrozado, en el blanco y negrooriginal, en una colección integral y "popular". Y si optan por darle calibre de exquisitez existe una reciente edición en tamaño monolito de 2001 que reproduce fielmente las aguadas y tintas a tamaño original (huelga decirlo, es la edición más interesante y acertada, pero, en fin, cara). esta última es la que ilustra la foto:

Mis discos de cabecera, décimo cuarto: LA LEYENDA DEL ESPACIO, de Los Planetas


¿El disco más polémico de "mis favoritos"? Posiblemente. Y desde luego el más "calentito", con apenas un año de vida. ¿Puede compararse un disco de doce, trece meses con, por referirnos a otra entrada de esta lista, uno de 1970? Claro que no, pero sí puedo apostar desde mi intuición y modestos conocimientos porque La leyenda del espacio va a quedar, con el poso del tiempo, como referente del rock nacional.
Del disco ya lo comenté aquí, así que poco más añadiré (pinchen y lean, si quieren). Si acaso hacer metáforas: si Los Planetas fueran un cohete espacial, diremos que en su (hasta ahora) último disco sus piezas básicas del arteffacto están mejor engrasadas que nunca (las guitarras etéreas o robustas, las melodías perfectas, la voz de J, a mejor dentro de su incómodo registro, la psicodelia heredada de Spacemen 3...), pero además han elegido un carburante nuevo (el flamenco) que otorga nueva potencia a la máquina, un aparato que si antes llegaba al núcleo del Sol, ahora se lanza a las estrellas.
Y todo ello sin entrar en los escalofríos que me produce todavía cada vez que lo escucho, claro...

23 abril 2008

Mis tebeos de cabecera, décimo cuarto: PRÍNCIPE VALIENTE, de Hal Foster



Indiscutible clásico, bellísima saga épica en el marco de un medievo fabuloso, poco puedo añadir sobre ete tebeo a lo que ya he dicho, en esta serie (acaso insistir en la belleza plástica del dibujo realista, hipnótico, inigualado).

Eso sí, si quieren saber por dónde empezar, o catar este tebeo sin bocadillos, lean los...
RITOS DE INICIACIÓN: no hay que darle vueltas. A la espera de una edición definotiva, tarea ardua, Caldas nos regala la restauración de las páginas en blanco y negro en una edición exquisita que sólo se vende por correo (diríjanse a mcaldas59@sapo.pt). Nunca antes, en una reedición, las tintas de Foster se habían leído con tanta claridad, al tamaño idóneo. Cierto que falta el color, aunque hasta en este punto hay quien deffiende que Príncipe Valiente estaba pensado para ser reproducido indistintamente en blanco y negro o añadiéndo color. Bueno, personalmente voto por una edición perfecta, que incluye el color, mas dado que lo que hay es lo que hay, uno no puede comparar ésto, por muchos colorines que tenga...



...con lo mismo... pero en la edición de Caldas

La admiración por su trabajo, pues, se renueva. (la comparativa, por cierto, la encontré en el rincón de Taula)

Mis discos de cabecera: décimoquinto: REPEATER de Fugazi



Actitud. Y con esa palabra queda dicho todo, pero en fin, seamos generosos y estirémonos. Ian MacKaye es una de las figuras claves del rock, un modelo de radicalidad ética que debería ser espejo para cualquier creador. Fundador del sello Dischord, no tiene más jefe en el mundo ni mayor presión que la de sentir la música como mucho más que un negocio. Con Minor Threat comandó a la banda hardcore por excelencia. Con Fugazi reinventó el género en los noventa y disco a disco hasta se salió de sus márgenes, conquistando al público indie. Eso sí, sin videoclips (hay una película, pero eso es otro tema), sin participar en macro festivales, moderando su caché (ver a Fugazi en directo no suele ser demasiado caro, y suena la leyenda de que al promotor no le cobran hasta que éste les garantiza que ha cubierto gastos con la venta de entradas), yendo por libre, haciendo lo que quieren. Y haciendo buena música.
Repeater es su primer disco, furia cerebral para renovar la ira emocional propia del movimiento core. Una bomba de síncopas y crescendos, de estallidos furiosos y silencios como acantilados, de voces alternas (Guy Picciotto y MacKaye se reparten los temas como cartas de baraja, dos timbrres opuestos para iluminar los recovecos de la furia), y hay que hablar de Joe Lally, el bajo, el músculo en Fugazi, increíble.
Los de Washington me abrieron al universo del hardcore, con su furia brutal y su tensión extrema. Y sobre todo me demostraron (y al mundo) que se puede jugar a este negocio sin bajarse los pantalones ni venderse a nadie. Fugazi son los jefes de su sello, tienen suficiente tirón comercial (minoritario, pero sobrante para permitirles vivir de la música) y sólo cabe ponerles un reparo: hace tanto que no sacan disco, que cabe la duda sobre su futuro (no me consta ninguna declaración de separación, pero proliferan los proyectos paralelos de sus cuatro miembros)

22 abril 2008

Micah P Hinson live

Este sábado asistí a la puesta en directo del joven renovador de la americana. Atónito y deslumbrado, hipnotizado por una presencia escénica sin alaracas, pero incuestionable. Austero, elegantemente trajeado (como sus dos compañeros de viaje... la foto NO es de Santiafgo, la bajé de Google por ilustrar el post), fumando en boquilla, comunicativo, vacilón, capaz de detener una interpretación para afinar y re comenzar la pieza. Entró solo, defendió solo los primeros temas. No importa, su garganta prodigiosa sostuvo un folk que se mira en los ancestros del género y les inyecta la mirada nueva del siglo presente, sin necesitar adornos o desvaríos: en su honda voz se sostiene el género sin titubeos, con certeza. También el country, ya acompañado y en formato trío. Y el rock, abrasivo, visceral, tronante. Nadie sabe de dónde saca esos aullidos, y cómo en la siguiente, tras desgañitarse hasta el horror, te congela desde el silencio arrastrando un murmullo hasta el pozo sereno de sus graves rasgados y solemnes. Increible, de verdad: Micah demuestra sobre las tablas que es un grande, ya, hoy. No lo dudaba, habida cuenta de su produción en estudio, pero uno ha visto muchas decenas de conciertos, desde prestaciones acústicas a pelo hasta macro dinosauriadas de estadio, de exquisiteces a tremendos cataclismos sonoros, de hardcore a techno.
Pocos me han dejado tan alucinado como el de Micah P Hinson. Muy pocos.

21 abril 2008

Mis tebeos de cabecera, décimo quinto: BATMAN, EL REGRESO DEL CABALLERO OSCURO, de Frank Miller, Klaus Jackson y Lynn Varley


Cuando Frank Miller entregó el primer número (de cuatro) de su revisión del Hombre Murciélago todos esperábamos un gran trabajo. Tenía crédito, el de tebeos excelentes como su Daredevil o la inquietud demostrada para buscar nuevos caminos artísticos con Ronin, su debut en DC tras abandonar a su rival editorial, Marvel. Pero dudo que nadie no se asombrase ante lo conseguido. Porque la historia del retorno, tras años retirado, de un Batman crepuscular y viejo (no lo digo yo, lo dice el propio Bruce Wayne) resultó un cómic sencillamente acongojante, una experiencia de narrativa visual que te engancha por las criadillas desde su primera página y no te suelta hasta el final del cuarto libro. Un experimento sobre cómo trasladar una acción trepidante y cronométrica a un arte estático, y conseguir la vibración del mejor cine de acción. Y además cómo hacerlo con recursos del cómic, no desde una óptica cinematográfica. ¿Y cómo lo hace? no voy a poder descifrarlo en pocas frases, ni podría, pero básicamente Miller maneja el tiempo, el crono, con una sabia y experimental superposición de viñetas pequeñas contrastadas con panorámicas de vértigo. Usa un fuera de campo que rompe esquemas. Es literario pero cortante como un cuchillo, empleando frases exactas, breves, describiendo personajes hasta su alma en una sola viñeta. Diseña escenas breves, casi diría cortantes en el enlace entre unas y otras.
Gráficamente su dibujo es esquemático y ferozmente expresivo, como el sensacional color de Varley.
El tebeo es una exploración estilística, una búsqueda exitosa de fórmulas narrativas y de un mood plástico que otorga una dureza al relato muy determinada, decadente y tensa. Pero también se trata de una indagación discursiva alrededor de Batman, buscando la naturaleza del mito heróico antes que recrearse en un cuento para adolescentes. Que nadie se confunda con este tebeo de capas y villanos, porque no es para niños: es una caleidoscópica aproximación a la naturaleza del sacrificio, del heroismo, de la lealtad al yo más profundo. Un acercamiento al héroe/mito desde diferentes perspectivas (psicológica, legal, mitológica, comunal...). Resulta posiblemente el primer tebeo para adultos dentro del género (honor que comparte con Watchmen, de Alan Moore, obra totalmente recomendable, por cierto), pues lo utiliza para abordar valores universales y trascendentales desde una narración hiperviolenta y simbólica, donde lo fácil es quedarse en esa superficie dura, macarra, y no profundizar en su discurso de fondo, verdaderamente lírico, un canto a la humanidad en su verdadera nobleza.

RITOS DE INICIACIÓN: Hay una edición tamaño gigante repleta de extras, y es la que hoy se puede conseguir. Personalmente no me gusta que un trabajo diseñado para unas dimensiones se altere en aras de ofrecer "la edición definitiva", porque sencillamente estás falseando el planteamiento original del producto. Pero en fin, consolémonos en que este caso es una de las pocas excepciones en que el tebeo se disfruta aún en formato gigante, y se aprecia mejor lo espectacular del dibujo de Miller.

Mis discos de cabecera: décimo sexto,FUN HOUSE, de The Stooges


1970, alguien tenía que matar la psicodelia, las flores y el movimiento contracultural del amor, preparar al mundo para la nueva década. Este disco es un ladrillo importante en la torre desde la que se asesinó la década anterior, sin duda. Y un agujero negro mosntruoso, el disco más SALVAJE de la historia de la música, un despropósito en su día, un exceso aún en 2008. Desde el alarido desquiciado que abre a la monstruosidad que lo cierra, todo es histeria y exceso, ruido free, guitarras brutales afilando bucles asesinos, atando y ahogando ritmos epilépticos, dando alas a un Iggi Pop que debía pasarse con las drogas más de lo que está médicamente contrastado.
Cuando un niñato (o madurito-yo-fui-rockero, es lo mismo) me habla de Iron Maiden o cualquier otro payaso enlacado con voz de flautín castrati, suelo acordarme de éste disco y me río. ¿Rock duro? Fun House es rock dañino. Pupa de la buena, no apta para orejas desentrenadas.

19 abril 2008

Mis tebeos de cabecera: décimo septimo: CALVVIN Y HOBBES, de Bill Watterson


No hay tebeo que me haga reir, reir a carcajadas incluso, como lo hace Calvin y Hobbes. Sólo por eso ya entra en esta lista.(hay muchas más razones: su estilo gráfico, su dominio de la planificación, lus diálogos perfectos, su... pero he decidido que este post se explica mejor con dos imágenes que con mis torpes palabras. Si quieren leer más sobre esta obra, hagan el favor de pinchar aquí, donde tienen misuna acertada aproximación del maese carcelero Álvaro Pons, que resume el mismo espíritu que produce en mí la lectura de las andanzas del niño y su tigre de trapo)

RITOS DE INICIACIÓN: Hay varias ediciones en castellano de Calvin y Hobbes, pero lo más sensato es acudir a cualquiera de los diez tomos de Ediciones B. En concreto el titulado "El último libro de Calvin y Hobbes" es una selección comentada por el propio autor, un buen punto de partida para conocer no sólo la obra sino también los intríngulis creativos y artíticos de Watterson frente a su creacción. Por otro lado, algunos de estos libros reproducen en blanco y negro las páginas dominicales (que evidentemente son a todo color, frente a las tiras diarias). En todo caso y puestos a seleccionar un entrante, háganse con un tomo que no altere el original: las tiras diarias, en blonco y negro, las páginas del suplemento del dominggo, a radiante color.

18 abril 2008

mis discos de cabecera: décimo septimo, VIOLATOR, de Depeche Mode


Todos tenemos una banda que fue la de nuestros quince años, un disco que se repitió en nuestra cabeza tanto o más que en nuestro tocadiscos (hoy ipod, cosas de la edad). Lo extraño es apuntar, en esa edad tan tierna, con tanta suerte (no diré criterio) como en mi caso. Porque Depeche Mode son el grupo de mis quince, en los tiempos de su reconversión a tecno industrial pop del 84-85. Pero resulta que los de Basildon no eran un grupo para adolescentes, y su universo siempre estaba más cerca de Marc Almond que de Duran Duran (por cierto, otra filia infantil... todos tenemos un pasado oscuro). Y Depeche, en cada nuevo disco, crecía y mejoraba. Así que servidor iba creciendo en edad y gobierno, y cada dos, tres años, DM entregaban un nuevo disco mejor que el anterior, ajeno a concesiones, cerrando el círculo sobre su música oscura, elegante, recia, grandilocuente. Aprotando un universo lírico malsano y ambiguo, donde el culto a las drogas, el sado-masoquismo, los sentimientos de culpabilidad, creaban universos tortuosos y enfermos. Nada que ver con un caramelito para los cuerenta principales (¿o loar las bondades del dolor como vía para llegar al placer en un hit de radiofórmula les parece un tema apto para féminas adoradoras de cualquier chicle de Súper Pop?).
En esta espiral de creatividad ascendente brilla con poderosa fuerza Violator, de 1990, el compendio de todas sus virtudes, paradigma de su sonido llevado a la perfección por la producción de Flood junto al propio grupo, que incluso se atreve (Personal Jesus) a incorporar los modos de las producciones de sus maxis al Lp. Un disco delicadamente envuelto por la estética sencilla y exacta de Anton Corbjin (portadas, fotos promocionales y vídeos son suyos). Y los temas han alcanzado una perfección incontestables. No es sólo que aquí está su mejor canción, Enjoy the Silence (otro éxito sostenido por un universo lírico enfermizo, huidizo y vulnerable), es que The world in my eyes es la apertura perfecta, redonda y oscura, Clean asfixia en su opacidad, Halo brilla en su estribillo, Blue Dress acaricia con la voz de terciopelo de Martin Gore (suplicandole a él/ella que se ponga ese vestido... fetichismo para las masas, ja...).
Su siguiente paso será otro logro, pero sobre la base de buscar nuevos sonidos y estilos, acercando su tecno pop inteligente a nuevos palos (rock distorsionado, gospel...). Violator, en cambio, es puro tecno pop rock made in Depeche Mode, sin adulterar, y su mejor trabajo.

17 abril 2008

mis discos de cabecera, décimo octavo: THE BEATLES


El Disco Blanco, un mito, la única continuación posible al período psicodélico tenía que ser algo así, opuesto a la ensoñación lisérgica, al colorido y la imaginación. Pero al mismo tiempo, más grande. ¡Eh, se trata de los Beatles, y venían del Sargento Pimienta y otros viajes mágicos y místicos!¿cómo salir de un callejón sin salida, cómo superarse, o al menos no enquistarse, y además seguir sonando como "el grupo más grande del mundo"? The Beatles, el monumental doble vinilo sin portada, fue la acertada respuesta a todo. Puede que lo insuperable no pueda superarse, sí, pero al menos cabe lograr que no se eche de menos. Los de Liverpool se renuevan, vuelven al rock como base de un disco generoso en minutaje y en diversidad, vuelven a la crudeza, a cierta sencillez que es un engaño: la cantidad de instrumentos, adornos y géneros musicales del Lp es apabullante, pero su efecto no es el de otras épocas, sino que todo viene a pespuntear un concepto mucho más inmediato que el de temas abigarrados y fantasiosos como Lucy in the Sky with Diamons (por ejemplo).
The Beatles, el doble vinilo, además de cuestiones coyunturales, posee algunas de las mejores canciones de la banda, como la correosa Revolution 1, Dear Prudence (un último guiño psicodélico) o Sexie Sadie, y una variedad estilística que va del pop de melodía infantil (Obladi Oblada) al proto hard rock (Helter Skelter), o todos los palos ajenos al pop o al rock que, evidentemente, encandilaban a Paul McCartney por entonces, de lo que resultan joyas como el cierre, entre la ensoñación y la fantasmagoría (Good Night). Un caleidoscopio de canciones (treinta en total) que suena contemporáneo (eliminen algún coro, quizá un puntual adorno aquí y allá, y este disco puede ser de ayer) y qe en su desmedida longitud no se hace eterno, todo lo contrario.

16 abril 2008

confesiones primaverales

Andamos espesos y vagos, estos días. Intelectualmente desganados, abandonados a la telebasura, incluso, lo que me ha proporcionado momentos de humor grueso como ese Pajares inmenso y totalmente ido, pregntandole a la huesuda esa del cuore (no sé cómo se llama, pero grita mucho) si folla y cuando. O la demostración de amplia cultura musical de una profesora de OT (una, sí, tendrá un nombre propio, pero lo dejaremos en ese despectivo una) al asignar a sus pupilos "un tema muy famoso que compuso el año pasado el señor Gnarls Barkley" (y una se queda tan ancha). También he visto un primer episodio de la nueva serie juvenil SMS, por estar en la onda, o en el rollo, o como digan ahora los chavales, o colegas, o como se diga, también (¿algún día se llamarán a sí mismos, por fin, drugos?). La serie, no lo duden, no vale la media hora que dura, aunque los actores son más solventes que los de algunas series nacionales de mayor prestigio (¿nombres, ejemplos? bah, que ya les digo, que estoy desganado, que qué más -Ai- da...)
También confieso que tanta lista y mis treinta favoritos se me van haciendo largos, que no veo el momento de llegar al final, pero que insistimos cabezones en la empresa (mañana más, supongo)
Y de lecturas, pocas: Bone, excelente, que termina un ciclo en su sexta entrega, un tebeo anodino de Thor que no vale nada, o a l menos que no cuenta nada de nada, un par de novelas, a cuentagotas... y una entrevista a Portishead que es antesala de uno de los discos más esperados de 2008.
¿Música? Sí, ando todo el día canturreando el Chiqui-chiqui, la culpa es de la sexta, que lo cuela donde sea y como sea.
Ah, y Berlusconi vuelve al circo, que yo creo que están locos estos spaguettis...

15 abril 2008

mis tebeos de cabecera, décimo octavo: LOCAS, de Jaime Hernandez




Amor y cohetes, menudo título para una revista de historieta. Pero eso era lo que el curioso iba a encontrarse dentro, si le mordía la curiosidad: los amoríos de unas adolescentes punkis en un entorno futurista (pero con dinosaurios). Love and Rockets aglutinaba las historias de tres hermanos, los Hernandez, estadounidenses de ascendencia (y cultura) chicana que mandaron sus garabatos al más duro crítico de cómic del país de las barras y estrellas. Y,¡bang! el Sueño Americano hecho realidad. Alabanzas y aplausos, y más aún, apoyo empresarial para editar como Dios manda aquellos tebeos increíbles.
Otro día habremos de volver a la saga fraterna, pero hoy toca fijarse en Jaime Hernandez. El virtuoso. El que con un lápiz es capaz sde virguerías sin olvidar nunca el medio, porque no hablamos de ilustración o de pintura. Locas es cómic, narrativamente perfecto, progresivamente más experimental (sobre todo con el manejo de la elipsis), plásticamente siempre creciendo, depurando el trazo hasta alcanzar una economía increíble. Y qué decir de su facilidad para las expresiones corporales, los gestos, las muecas... un portento.
¿Y la historia, qué nos cuenta Locas? Pes poca cosa, y mucha chicha. Las vidas normales (cada vez más alejadas de unos orígenes pop y futuristas y más apegados una realidad fronteriza y urbanita), los avatares amorosos, cotidianos, la pérdida, la amistad, la familia, y la lucha libre (cultura chicana, lo avisábamos antes). Entre otras cosas, claro, porque las vicisitudes de Maggie y Hopey son como una ventana a la vida normal, azorada, de dos amigas, porque lo consiguen, se nos pegan, nos las creemos como a pocas ficciones.
Locas es uno de los tebeos más celebrados de la historieta contemporánea, un momento álgido en la historia del medio, no sólo por sus virtudes como producto, sino por ser una forma de entender el arte, el "hazlo tú mismo", el no rendirse a parámetros comerciales sino hacer que tu mundo y tu visión se conviertan en masivos, a base de trabajo y talento. A fe que lo ha logrado, Jaime, y también su hermano mayor, del que no hablamos aquí.

RITOS DE INICIACIÓN: Locass está editado en tres libros por La Cúpula (y previamente en dispersos y variados formatos, olvídenlo y acudan a los libros). Aunque hay cierto continuará en estas historias, recomiendo empezar por el segundo (que por cierto contiene la excelente saga "La muerte de Speedy", un cénit en la obra). El primer volumen es primerizo (si comparamos con su progresión, vamos) y el tercero puede ser de lectura más exigente.

R.E.M., Accelerate

Personalmente no esperaba mordiéndome las uñas lo nuevo de R.E.M., precisamente. No tras una década donde abundaron trabajos aceptables (Reveal), despuntes notables (Up) y mediocridades (Monster), y que además se cerraba con Arround the Sun, un largo que podemos definir sin rubor como auténtico bodrio (del que salvamos un par de temas; el resto era bazofia, pero bazofia de verdad). Y en el fonndo llegar a esta situación es una pena, porque los de Athens no son un grupo cualquiera. Cuando en tu haber tienes cosas del calibre de Automatic for the people, Document o Murmur, cuando han sido uno de los grandes, renovando sin perder pie en la tradición, regalándonos demasiadas grandes canciones (Superman, The one I love, Talking about the passion, Losing my religion, Stand... cien más...), cuando han sido, en fin, un referente, cuesta convencerse de que R.E.M. ya son un dinosaurio cansado y de imaginación agotada.
Pues cuidadín, porque parece que Stipe, Mills y Buck (sobre todo éste) han golpeado en la mesa, han decidido que quieren estar arriba, y han parido un disco que escucha tras escucha se vuelve adictivo. Accelerate son once pedradas en poco más de 30 minutos. Accelerate pisa pedal, suelta lastre y ornato, y se queda en el hueso de un rock urgente, en un bajo vigoroso, una batería recia y unas guitarras como hacía años: Buck vuelve al primer plano, y se recupera el recuerdo (el hecho) de que él es uno de los grandes guitarristas del rock. Vuelven aquellos riffs que electrizaban la habiTación, vuelve el volumen y hasta la distorsión.
Pero lo más importante está en las canciones, en las composiciones, que no suenan cansadas como las del fallido Monster. No, que nadie se engañe: esto no es otro tibio intento como aquel, Accelerate se recupera de verdad, con temas redondos como Supernatural, superserious, la jguetona Mr. Richard, la bárbara I'm gonna Dj o el medio tiempo Until the day is gone o el candidato a nuevo single, Horse to water.
Sí, con R.E.M. volvemos a vibrar, y lo mejor que se puede decir de Accelerate es que tras escucharlo no sólo quieres repetir (que también), sino recuperar de la discoteca Life's rich pageant, Document o Green. Ahí es ná.



Enlace a la página oficial de R.E.M.

14 abril 2008

mis tebeos de cabecera, décimo noveno: PARACUELLOS 1 de Carlos Giménez

Cuando en 1977 Carlos Giménez inicia la publicación seriada de Paracuellos, en la revista Muchas Gracias, estaba forjando en letras de oro su leyenda dentro de la cultura de la España contemporánea, o al menos en la de la historieta. No se me ocurren aquí y ahora otros casos tan claramente evidentes de memoria histórica y personal, de denuncia en un momento tan temprano, cuando casi el aliento franquista se podía sentir, aún, en los cogotes de la democracia naciente. Pero en todo caso con la puesta en viñetas de sus memorias de infancia en hogares de auxilio social durante la posguerra, el autor madrileño dio su edad adulta a los tebeos de toda la vida, y al tiempo señaló las miserias de un franquismo que los últimos setenta querían, en beneficio de todos, minimizar. Perto Giménez no estaba para silenciar nada: en su cabeza la injusticia del régimen opresor debía de ser una losa que gritaba por salir en forma de viñetas, y las de Paracuellos son un alarido doliente, una arenga contra la injusticia fascista, el férreo poder religioso, la crueldad de una España en blanco y negro de hambre y miseria.
Las viñetas de Paracuellos se agolpan sin dejar espacios, amontonadas en un discurrir de injusticias, de memorias alucinantes contempladas hoy (habrá quien no se lo crea al leerlo), un ahogado llanto de la memoria, esa pobre herida que quisieron asesinar en nombre de unos nuevos tiempos que nunca se atrevieron a pasar página enfrentando sus fantasmas.
Afortunadamente algunos valientes, artistas como Giménez, sí quisieron, necesitaron sacar de dentro esa voz, y hacerla fuerte en pequeñas obras maestras como el primer tomo de Paracuellos (le siguieron cinco más, ninguno desdeñable).

RITOS DE INICIACIÓN: Paracuellos 1 lo editó (y supongo que aún se consigue sin problemas) Glenat en un álbum impecable.
Otra posibilidad es dejarse tentar por la reciente recopilación de Mondadori: Todo Paracuellos, que en un tomo apaisado reune los seis libros en uno (si bien con las páginas remontadas con beneplácito del autor, de modo que de cada una original se montan dos).
Como este tomo tiene un precio imbatible, la elección es de ustedes.


13 abril 2008

pon un mamut en tu vida

¿qué puedo contarles al respecto? Poco, pero sí que la idea me huele excelente, que le deseo lo mejor, por valiente, por bien pensada y mejor planteada.
Nace Mamut, la línea de cómic para niños de tres a cien años, y seguro que Puck o Astro Ratón y Bombillita seran un regalo maravilloso para niños de más de seis primaveras. Y próximamente, Federico y Manu, para niños a partir de tres añitos.
Que lo sepan, que pienso regalar tebeos de esta colección a cuanto niño (bueno) se me ponga a mano.

12 abril 2008

mis discos de cabecera: décimo noveno, SPIDERLAND, de Slint


Spiderland es un testamento. De una banda, pues fue el último gesto del grupo, cerrando una carrera demasiado breve (otro largo y un single completan su legado), pero también del rock tal como lo conocíamos. Si queremos señalar momentos decisivos en la historia del rock and roll, buscar los discos que dinamtaron sus reglas e hicieron tábula rasa para darle oxígeno, podremos citar el Velvet Underground and Nico, o el debut de Suicide, los Sex Pistols... hay más, claro. Y en esa línea sería pecar de ignorancia no reconocer el papel de Spiderland (subterráneo, minoritario pero decisivo en la independencia de los últimos quince años) .
Situacionismo: 1991. Nirvana arrasan, el grunge mezcla sin demasiada originalidad actitud punk (no siempre), hard setentero (siempre) y el sonido decisivo del rock de barricada que lo antecede (el de Dinosaur Jr o Pixies). Primal Scream dan al sonido madchester su obra maestra, alquimia perfecta de rock y dance. Y Slint, a su bola, entregan un disco comatoso, se diría un zombie. Sus temas no recuerdan a nada, son ásperos como lamer una lija, de una lentitud enervante, sin estribillos, sin riffs claros, sin melodías definidas. Un monstruo de ritmo a piñón, de electricidad hiriente, de recitados susurrantes y alaridos angustiados, con un sonido duro y áspero pero que no podemos hermanar a nada. Porque ¿a qué recuerda Nosferatu Man, por ejemplo? no es hardcore (al contrario, es muy, muy lento) pero... diablos, es endiabladamente duro, su estructura es orgánica, narrativa, sinuosa, el riff taladra y trepana sin misericordia mientras la voz parece hablarnos en duermevela (hasta que despierta entre alaridos). No, esto, en 1991, es algo nuevo.
Spiderland es leyenda, y como toda leyenda ofrece misterios como su total ausencia de créditos: el listado de los seis temas, una foto de la banda con el agua al cuello, y nada más. Incluso el cd no presenta una cara estampada, se diría un plástico virgen (cuantas veces lo puse equivocando el lado, y venga a sacarlo del lector y darle la vuelta...). La grabación terminó con alguno de los miembros en tratamiento psiquiátrico, y tras Spiderland Slint se separaron.
Años despues el underground de su país (USA, por cierto) empezó a reivindicarlos, a asumir su legado, a veces la forma, otras sólo su espíritu libertario. El slowcore nace aquí, y desde luego el post-rock no se entiende sin este paso previo. Spiderland nació tan solo, tan autista, que sus surcos aún suenan a algo inaudito y nuevo. A obra de digestión difícil, tambbién. A hermética obra maestra, desde su inicio de guitarras campaneantes hasta su cierre, angustiado estertor con el que suplica "I miss you".
(de un grupo que ni siquera se acredita en el cd no pueden esperarse vídeos oficiales, pero al menos este live -giraron de nuevo hace unos años- presenta un sonido moderadamemte aceptable y un plano general fijo que no marea: directo sin concesiones, luces blancas y grupo estático)


11 abril 2008

Mis tebeos de cabecera: el vigésimo, ISAAC EL PIRATA, de C. Blain


Como de Isaac ya hablamos aquí, déjenme ahora simplemente recalcar que este tebeo es tan emocionante como divertido, duro y profundo: el deseo, el amor, la amistad, el espíritu libre de la aventura en unos tiempos en los que aún existían mundos por descubrir... son los temas vertebrales de esta saga, aún inconclusa.
Y libro a libro vamos empatizando con esos personajes que se esfuerzan en ser, ante todo, eso, máscaras, tipos y caracteres, pero que al tiempo vemos tan llenos de matices que nos caen bien (o mal). Y libro a libro asistimos a un trabajo de creación en el que uno siente que todo fluye con la natural disposición del agua, que es la historia y sus protagonistas los que marcan el camino al autor. El dibujo cada vez más ágil, las tramas poco a poco menos encuadradas, como fotos tomadas sin pensar, el aire de libre acto de creación pura, calan en la vibrante lectura.
Y sin embargo, detrás hay un enorme trabajo, tanto de estructura de guiones (innato o elaborado, pero cada tomo es un prodigio narrativo), como de documentación (calles, barcos, vestimentas... esto no es un Bourgeon, pero tampoco se olvida de estar tratando una época), y no hablemos de planificación... Blain puede ser, hoy, el mejor historietista, un virtuoso al narrar en viñetas, muy por encima de la enorme mayoría.

Si han pinchado el enlace ya saben que Blain es uno de los renovadores de la historieta francesa. Su estilo gráfico busca el espìritu de lo espontáneo, sus historias nacen en lo genérico (la piratería) para, realmente, soportar un discurso autoral y personal, que se sabe adulto pero no renuncia de la magia que una buena aventura proporciona. Entretener, y dar argumentos sin discursos. Hablar en primera persona (Blain adora el mar, navegar) sin hacer autobiografía. Aparentar que esto no es más que un montón de alegres (o tristes) garabatos, pero encerrar en sus trazos mucho contenido. Uno de los tebeos de la década.

RITOS DE INICIACIÓN: poco que decir... cinco tomos editados, todos por Norma editorial. Sin duda los tienen en su librería (ah, y la historia es consecutiva, no me empiecen por el tercero porque les guste más la portada)

10 abril 2008

Mis tebeos de cabecera: el vigésimo primero, GHOST WORLD, de Daniel Clowes

Mundo fantasmal, vida traslúcida, existencia brumosa. La adolescencia, el tránsito, el vacío. Dos chicas , amigas de la muerte, en un paisaje urbano diríase provinciano, viviendo en una cotidiana apatía, en un entorno gris cuando no freak, sin saberse en el umbral de la definitiva y triste madurez.
Daniel Clowes es uno de los autores más importantes de los últimos tiempos, y para mí lo es por la audacia intelectual de su obra. En sus libros siempre es más lo que se calla que lo que se subraya, y uno siente que con los mínimos acentos te transmite más de lo que eres capaz de aprehender. Ghost World es su cumbre (o mi cumbre), un tebeo que diría punto de inflexión hacia una concepción plenamente adulta de la historieta y un punto de fuga al que giran toda la independencia del cómic. También del cine, y no me atrevo a decir la literatura. ¿Cuántos films recuerdan a las viñetas, tranquilas, costumbristas pero al tiempo tensas y enrarecidas de Ghost World?¿Cuantos autores se miran en el grafismo agarrotado y feista de Clowes?
No nos importa, o no tanto como los círculos concéntricos de Rebecca y Enid alrededor de su vida vacía, testimonio de la de todos, de la de una sociedad del bienestar que, nos dice Clowes, ha propiciado esta falta de pasión por el bienestar, este deambular sin metas ni rumbos claros, esta descreida apatía.
Ghost World es un tebeo pequeño, de lectura rápida pero que se instala profundamente en el lector. Su disfrute intelectual, antes que estético (finalmente sus virtudes plásticas y narrativas se evidencian también), descoloca al profano: no es material infantil, carece de cualquier tópico adherido al medio (ni violento, ni extremadamente sexual, ni sexista), no se adscribe a un género (ni aventuras, ni costumbrismo, ni...), no da respuestas, no da discursos. Alimenta intelectos inquetos, y en cierto modo, los abofetea, planteándoles cuestiones nada cómodas.
Ghost World no es simplemente el material de partida para una buena película (la homónima recreación de Terry Zwigoff), es una obra maestra, y soy de los que sostiene que de esas hay muy, muy pocas.

RITOS DE INICIACIÓN: Editado por la Cúpula, recientemente ha sacado al mercado su edición en lujoso cartoné, por dar empaque a un cómic que se lo merece. Esta es su portada.

mis discos de cabecera, vigésimo:GREEN, de R.E.M



No, no es el mejor disco de los de Athens, aunque sí le cabe el calificativo de excelente. Y no, no alcanza el nivel de Automatic for the people, o Life's rich pageant, o Murmur. Pero se sitúa justo tras esas cumbres, y además posee una cualidad única, a mi entender, o incluso varias, que lo hacen entrar en esta lista.

Lo primero, aquí estamos ante el largo con el que la banda ficha por una multinacional (Wea), tras más de un lustro en el selo indiependiente Capitol. De hecho con Stand, single perfecto, ya se hacen bastante conocidos en las radiofórmulas de Estados Unidos. A un paso, pues, del estrellato masivo de su continuación, Out of Time, este disco nos ofrece una perspectiva completa de los dos principales ángulos de R.E.M. En Green aún disfrutamos del rock vigoroso, del pulso rock que destilaban obras pretéritas. Orange Crush instala en el tuétano del oyente un riff poderoso, Pop Song 89 guiña a lod Doors (esas letras) con rock and roll vibrante. Pero los nuevos aires de You are the everything o World Leader Pretend anteceden las exquisiteces de su futuro cercano, el de Losing my religion, con arreglos imaginativos en medios tiempos delicados pero nada convencionales.


En definitiva, si alguien no conoce de la banda de Stipe y compañía más que sus singles de radiofórmula (no estoy siendo peyorativo, ojo, en ese paquete están algunas de sus mejores temas), Green es un inmejorable comienzo para descubrir más y mejor a un grupo fascinante, enigmático, robusto pero también vaporoso, y entender porqué durante mucho tiempo se los ha tenido por la mejor banda de rock en activo.

09 abril 2008

JUNO, de Jason Reitman

Me da la impresión en casi todo lo que leo sobre Juno que el crítico de turno o bien se disculpa por haberle gustado la cinta de Reitman, o bien se siente impelido a demostrar su original punto de vista. Otra vía es la aburrida erudicción, sacando a la palestra nombres y más nombres vinculados a la independencia USA (esa que Sundance ha canonizado hace ya muchos años). Si lo sencilllo es virtud, yo me decanto por ese camino. Porque Juno es sencilla y luminosa, un cuento inteligente narrado desde códigos trillados (el indie ya mentado, las comedias teen de Molly Ringwald y aquellos espantos ochenteros casi generacionales, o también cierta afinidad a la estética del cómic alternativo a la D&Q, editorial de pequeñas joyas como "La vida está bien, si no te rindes", o "Nunca me has gustado"). No creo necesario más, ni buscar tres pies al gato citando a Solotz como contrapuesto vitriólico, ni entender lecturas sociológicas extremas en Juno.
Sí, sin embargo, se debería destacar el magnífico guión de Diablo Cody, que parte de muchos tópicos (de hecho la película arranca demasiado encorsetada en clichés como el de esa Juno adolescente, descreída, paria y genial, capaz de contestar a un "¿me pasas el pan?" con la frase más brillante del universo, mientras masca su... ¡pipa!). Tampoco debemos pasar por alto la dirección, que me parece distinguida, elegante y digna de resaltar. Momentos como el arranque, ese "polvito" rápido retratado desde primerísimos planos, consigue el ambiente íntimo y a la vez nervioso que quiere la escena. Otro momento redondo es el cierre (y así les dejo todo lo que hay en medio para que busquen sus aciertos), un lento trávelling que se aleja de la pareja, que cantan su canción friky (por cierto, de los estupendos Moldy Peaches... la banda sonora es toda ella un caramelo de indie-folk). Ese plano revela todos los sentimientos de ambos, sin palabras, sin necesitar acentos. Sólo por la sabia elección del modo fílmico conque expresar ideas.
Pero al final, por encima de sus virtudes técnicas o de consideraciones laterales, lo que convence de Juno está en la médula de todo razonamiento: pese a sus posibles fallos, o sus debilidades, o sus lugares trillados, Juno, la historia, emociona.

07 abril 2008

seguimos Perdidos

Ya sé que no se estila, que lo habitual es que con el tiempo aquello que recibía parabienes acabe, por cansancio o por pose del espectador, siendo pasto de críticas entre furibundas e irónicas/perdonavidas. Lo que me emocionó ayer hoy es un fraude. Y muchas veces es así, muchas veces sobre lo que en origen fue una buena serie actúan el efecto chicle, el estiramiento, la improvisación manifiesta de la plantilla de guionistas, el amaneramiento de los actores (que en principio suelen ser esforzados debutantes y finalmente alcanzan el estrellato y se recrean en la pose), y la aparición de nuevos productos que ocupan el lugar del anterior, una nueva sensación (ponganaquí su nombre: Héroes, Dexter...).
Pero si tengo que ser sincero, a costa de dejar para siempre de intentar ser el chico más cool de la blogoesfera, debo reconocer que los ocho primeros capítulos de la cuarta temporada de Perdidos han vuelto a engancharme, con sus trampas y con la ya evidente evidencia de sus defectos y costuras. Me engancha y me retrotrae a cierto estado de emoción casi infante, recuperando la magia del continuará, añadiendo nuevos trucos a su chistera (ahora empieza a trazarse el mapa del futuro, nos desvelan la conclusión, obviamente repleta de misterios), y me divierte tanto que me hace olvidar la pericia técnica que, en su día, me había embelesado.
En definitiva, Perdidos sigue pareciéndome un pasionante culebrón ci-fi, y vive Dios que lo estoy pasando pipa con su culebreante trama.

06 abril 2008

MARÍA Y YO, de Gallardo

Entre el relato, el libro de ilustración y la historieta, Miguel Gallardo nos ha regalado la más hermosa historia de amor: la de un padre por su hija autista, María (que se acredita, con toda justicia, como coautora). Y el lector se siente ante un trabajo de esos, demasiado pocos, que le hacen aprender, crecer, y contemplar la vida, incluso con sus pequeñas/grandes piedras, como un camino que siempre merece la pena. Lo merece para Miguel Gallardo, lo merece para Maía Gallardo. Incluso para esas personas que miran a María de reojo, mezquinas o ignorantes, y que deberían ser la primeras en leer este libro.

Gallardo despliega en María y yo todo su talento, el de uno de los más notables autores patrios, a una altura que pocos conocen. Sus páginas son armónicas, desprenden una sabiduría remarcable en el empleo de gotas de color, esos significativos subrayados de rojo que expresan ideas con más claridad y pureza que cualquier birlibirloque literario o refinamiento gráfico. Ideas sencillas pero elaboradas, plasmadas de un modo sencillo pero elaborado: en María y yo forma y fondo se compenetran, de modo que en definitiva, y como debe ser, todo es fondo, todo es mensaje.
Pero si hablamos exclusivamente del cómo, de la forma, remarquemos la facilidad de Gallardo para transitar de la historieta clásica al relato ilustrado, y de cómo fluye la lectura, incluso cuando sabemos que hay algo de collage abrupto en estas páginas. Miguel y María (lo verán si leen el tebeo) tienen sus propios códigos de comunicación, especiales, suyos. Uno es el dibujo. Miguel dibuja continuamente para su hija. Dibuja las personas que los rodean, las que María recuerda, personas y más personas, reales, que llenan el folio. No es parte de ninguna obra, no son parte de María y yo, no son, en principio, dibujos con destino perdurable. Pero al introducirlas en la narración, cobran un nuevo sentido, son parte del todo, ilustran y cuentan tanto como los párrafos, delicados, desenfadados, coloquiales. O como las viñetas, arte en el que sobran los elogios para el padre espiritual (y material) de una forma de entender la historieta en España.
Pero cerremos olvidándonos de los tecnicismos y recorriendo de nuevo los caminos de la emoción. Si con María y yo no sienten un leve escalofrío (hay quien lloró, se lo juro, de emoción casi alegre), si no ven la tierna poesía, el gozo y el sufrimiento que pesa sobre cada página, háganselo mirar, empezando por el cardiólogo.
Ah, no podía editarse mejor: un precioso objeto.

05 abril 2008

Mis discos de cabecera: vigésimo primero: GIANT STEPS, de The Boo Radleys


Su anterior disco ya avisaba de que The Boo Radleys no serían un mero calco de My Bloody Valentine, grupo al que se aproximaban en su brindis al ruido y a lo etéreo. Pero nada presagiaba un Giant Steps, disco fundamental de la música inglesa de los noventa, que evidencia la endeblez que lo rodeaba (el shoegazer sin talento o la New Wave de la New..¿cómo era?) y lo hacía sin llegar a pertenecer a ninguna escuela, estilo o movida concreta. A su aire, recordando a muchos, ensombreciendo a muchos más, pero sonando como nadie.
Bueno, el Lazarus EP era su antesala, y la canción (Lazarus) uno de los himnos del noise de todos los tiempos, bañando el dub y unos vientos latinos en olas de distorsión. Pero cabía el temor de que fuese un espejismo y los de MArtin Carr se ahogasen en su pretensión (lo de doble vinilo siempre asusta, ¿verdad?)

Pero no, Giant Steps fue grande. Ya no cabe con este disco hablar de My Bloody Valentine, aunque en sus temas el ruido es elemento necesario (Barney (...and me) ), un muro en expansión infinita que auna la dispar gama cromática que despliega Giant Steps: la psicodelia de Love (Thinking of ways), el reggae (Upon 9 and fairchild), el aliento pop del Sargento Pimienta , el baile en trance, las baladas deshaciéndose en ácido... vuelvo a escuchar el disco para esta lista y otra vez vuelve a crecer. Su música es inmune al tiempo y gana en matices e intensidad al revisitarla.

Normal, fue, es, un paso de gigante.

04 abril 2008

Mis tebeos de cabecera: el vigésimo segundo: AGUJERO NEGRO, de Charles Burns

("Estaba mirando un agujero... un agujero negro, y el agujero se abrió mientras miraba...")

Charles Burns es un autor a encuadrar al lado de los sórdidos mundos del cineasta David Cronenberg, uno de los pilares fundamentales de aquello que se dio en llamar, en los ochenta, la Nueva Carne: el terror como punto de partida filosófico para hablar de la fragilidad del ego, del ser humano. El alma y el hueso son un todo frágil, y el cambio, motor de la naturaleza, genera la destrucción de ambos. El horror será que comienze por el cartílago y la piel.
Además, Burns añade un rico universo gráfico de claras referencias que van más allá de la endogamia del medio. No nos basta con citar artistas del cómic (que los hay, como debe ser, empezando por la quinta de la editorial DC, pionera del terror en los años 50) sino que debemos apuntar al pop art y a la iconografía de los cincuenta, la publcidad , la moda...
Con estos mimbres adivinamos ya que el americano es un referente de calidad. Global; cualquier tebeo suyo es interesante en menor o mayor grado. Entonces, ¿porqué Agujero Negro? Pues porque no hay duda, se trata de su cumbre, su obra de maduraz absoluta. En primer lugar, porque al fin desaparece la ironía casi pop (pop malsano, claro), pero sobre todo porque uno siente la especial implicación emocional de Burns hacia sus personajes, y hacia la adolescencia como estado mental y momento de tránsito doloroso, pero no por ello desprovisto de atractivos. Burns autopsia los teen sin compasión, pero nos transmite cierta añoranza digamos autobiográfica.
La historia de una plaga que se transmite por vía sexual y se manifiesta en la pubertad (en horrorosa forma de atroces malformaciones) es el pulso simbólico a una sociedad, a un tiempo y a un estado mental, es la radiografía del crecimiento personal en uno de los momentos de mayor debilidad, la adolescencia. Es un retrato, también, del confuso sentimiento de amor/deseo. Y es muchas cosas más sin duda, según el ojo que lo lee.
Es también una lección de dibujo mayúsculo, de dominar los recursos narrativos, de ofrecer al lector ya no simplemente un relato adulto, sino intelectualmente desafiante, nada acomodaticio, duro, sin asideros de blandura emocional, sin esquemas narrativos cortados con patrones sobados.
Agujero Negro es una obra maestra que asusta y estremece, la mejor de uno de los mejores autores de los últimos veinte años.
RITOS DE INICIACIÓN: Agujero Negro está editado por La Cúpula, varias veces y en distintos formatos. No lo duden, el tomo con tapa dura y sobrecubierta merece la pena. Abajo les dejo la (turbadora) portada:a leerlo, y a sentir el nudo en la garganta.

03 abril 2008

EL GUINCHO, Alegranza

Escuchas Alegranza una vez, sólo una, y ya ves que esto no es un disco. Es una fronda. Una hojarasca de sonidos tupida pero limpia, propia de la era digital, donde la tecnología el corta-y-pega lleva a discursos como el de Animal Collective o Panda Bear. O al caleidoscopio de M.I.A. Técnica levemente aromatizada por la filosofía sono-mondiale del mejor Manu Chao. ¿Mas referentes? Sin duda, Talking Heads en su aproximación a África y lo latino.
Y así ya tienen nombes y referentes (muy dispares pero todos adecuados) para hacerme caso: olviden las influencias o la búsqueda de similares porque no los hay, porque El Guincho ha parido un disco único, una música libre, maravillosa, inventiva.
Abre Palmitos Park, entre aplausos (los mismos que darás al acabar el tema) como carta de presentación para otras ocho perlas, cada una sorprendente y luminosa (el sol africano en Buenos matrimonios ahí fuera, música folclórica en Polka mazurca, o la intro de Fata Morgana, muy Panda Bear). Todo cantado con esa voz escacharrada y casi ininteligible (un sonido más, otro elemento orgánico en el puzle de su música) pero transmisora de ganas de vida, fiesta y alegría.
Alegranza es eso, y baile, y trance psicodélico, y calor tropical, y vida animal y vida digital. Las palmas y el chip, el baile y el módem. Una obra única y asombrosa, orgánica, festiva, barroca pero límpida y ligera como la brisa canaria.
Disco revelación del 2007 sin duda, a emparejar con cualquiera de sus referentes. Artista mundial, que ya está girando allende nuestras fronteras (merecidamente), sólo puedo concluir que Alegranza es el mejor disco que he escuchado en meses, y que, coño que bien, lo ha parido (sin dolor, con gozo) un artista de aquí. Bravo