30 agosto 2008

más listo que el tebeo 16: una página de Valerian

Abro el álbum "El País sin estrella" (de 1967, confiesan sus créditos), de la colección Valerian, agente espacio-temporal. Abro al tun tún y sale esta página:


Valerian es un clásico de la historieta gala que, visualmente, hace gala de una refinada elegancia aún hoy evidente. Su dibujo entre la caricatura y el verismo es eficaz, y enmarca inmediatamente al tebeo en su contexto (juvenil pero refinado, o algo así). Entrando al trapo, este ejemplo demuestra que estamos en un momento bisagra en el panorama del cómic europeo. La característica rigidez del tebeo francés se supera por una puesta de página más dinámica y expresiva. En este sentido destaca ya, a primer golpe de vista, el que ninguna viñeta es igual a otra, huyendo del efecto cuadrícula en busca de una expresividad narrativa y de una composición general muy orgánica, conjuntada.
Al tiempo, la página encierra en ella toda una escena. Es como un párrafo, y la forma ya nos lo remarca: abre una gran viñeta panorámica que cubre todo el ancho, es la apertura del telón para la escena, nos describe el entorno (visto además desde el mismo punto de vista del protagonista, al situarnos justo tras él). Y cierra con dos viñetas interesantes, una pequeña, y la última alargada, panorámica. Notemos como en ambas la rotulación juega un papel, tanto en la onomatopeya de la primera (el sonido de una pelea) como en el grito deValerian en la última.

Es la única vez que aparece una rotulación expresiva en la página. Busca acelerar la acción, intensificada en este cierre de escena (y nos promete más emoción al pasar la página).

Otro efecto de cierre de escena es a la vez apertura a la siguiente: esa viñeta final, panorámica como decíamos, es la única donde por primera vez Valerian y su compañera no protagonizan el encuadre, sino que éste lo dominan dos nuevos personajes.


Muchos más elementos son destacables, como el color, modélico en el dominio de azules y violáceos rotos sobre todo por la calidez de la piel y telas de su compañera Laureline (también otros elementos cromáticos componen exquisitamente la página, como la nave de la viñeta 2, o los demás ropajes de los personajes secundarios, pero me parece evidente el sentido sensual, casi erótico que se aplica a la chica). O avertir también la equilibrada distribución de los globos de texto.

Pero tenemos igualmente que señalar lo que no deja de ser un fallo a nuestro juicio, una alteración del sentido natural de la lectura, impuesto por una flechita que, la verdad, creo que es un recurso odioso. Porque la forma normal de leer ésto sería así...



...pero claro, la bendita flecha exige otra cosa, un orden de lectura contracorriente que distrae inevitablemente, lastra el ritmo.

Pese a lo armónico del conjunto de la página, Mezieres ha sacrificado la fluidez, lo que desde luego creo que es un fallo.

27 agosto 2008

¿te gusta Micah P Hinson?

a) SÍ
Entonces, clik






b) NO
Pues a otra cosa, quizá hasta te aburra, el yutubo.

c) NO LO CONOZCO
Bueno, pronto aquí reseñaremos su nuevo trabajo, del que arriba tienen ya un par de versiones a pelo (aún en proceso de catado: es largo en boca, y profundo)

el súmmum de los coleccionables

Ah, sí, amigo lector... Septiembre ya está aquí, como quien dice. Y con él, los siempre bienvenidos coleccionables de quiosco.
Hoy en estodigo vamos a proponerles que se olviden de los soldadillos de plomo, las maquetas de bellos galeones y los relojes de bolsillo. Basta de consumismo ateo, ¿por qué no hacer de la peregrinación "fascicular" un motivo de gozo espiritual y encuentro con la Fe?¿No sería hermoso coleccionar, queridos amigos, auténticos símbolos de la devoción cristiana, esos objetos preciosos y llenos de historia que son los rosarios y los devocionarios?


¿No sería una gran idea? Todos los jueves tra-la-la de peregrinación a nuestro quiosco para hacernos con el hermoso rosario. Hoy el rosario misionero, la semana que viene el de la Virgen María... ¡qué alborozo fervoroso!, ¡y qué económico, precios populares!

Y lo mejor, amigos y ocasionales lectores... es que no es de broma, que el coleccionable Rosarios sale a la venta de verdad. ¿Que tú no me crées? Hombre sin fe. Pincha y lee.

Si Cristo levantara la cabeza... (bien pensado, ¿no va siendo hora de que haga la Segunda Venida y cierre el Quiosco, o al menos los quioscos todos?)

25 agosto 2008

escucha, la nieve está cayendo

Me preguntaban en los comments del Water Curses sobre cómo escucho la música, y si le dedico algún momento concreto. Buena pregunta que va más allá de mi ombligo. ¿Cómo escuchamos hoy la música? ¿Se escucha la música de un modo distinto a los quince, a los veinte, a los treinta, a los cuarenta...?¿Qué supone escuchar música?
Pues volviendo a mi ombligo, evidentemente hoy no escucho la música como lo hacía hace veinte años. Ni diez. Con las canas es inevitable que aparezcan prioridades por encima de lo lúdico (matrimonio, trabajo, hipoteca, hijos...).
Generalmente alguien que sobrepasa los treinta suele restringirse a la cultura musical adquirida diez años antes. "Cualquier tiempo pasado es mejor". O al menos, mi tiempo pasado es mejor. Si en los setenta tenía quince, sigo devorando mis plásticos sinfónicos ajeno a las modas. Si en los ochenta fui un chaval retro, Bowie es lo mejor. Si metalero, Iron Maiden on my heart.
Otro modelo es al que no le importa la música. Vale, a todo el mundo le gusta la música, pero pocos tienen la actitud musical. Este modelo se deja llevar, tararea encantad@ de la vida las tonadillas que machacan los anuncios de la tele, y crea un baremo estético absurdo y carente de fundamento (me lo meten por el orto/lo conozco sin esfuerzo: me gusta, lo quiero).
Yo creo que hay una edad que es un pico, momento ideal para implicarte en lo musical: los veinte, más o menos. Tienes la energía y eres suficientemente joven para sentir la novedad como una excitación especial, una sacudida vital en forma de canción. "Quiero probar algo nuevo", cantaban Los Planetas hace años. Eso es universal, y por eso el maduro padre de familia suele ya estar alejado de lo musical como experiencia asombrosa, refugiándose en aquellos asombros que a él, diez años atrás, le sobrecogieron.
¿Cómo escucho música yo, hoy? Bien, procede el pudoroso autoretrato, ¿eh?. Pues vedme como uno de esos treintañeros (más cerca de los cuarenta que de los treinta, mucho más) con una vida más o menos establecida y unas obligaciones prioritarias. Entonces, escucho música cuando puedo. Con cascos si paseo al niño o lo llevo al parque, en el coche cuando me desplazo, a veces ante el PC, etc. Pocas veces en plan "no hago otra cosa", pues eso ya es un lujo. Pero volviendo a actitudes, planteo una nueva pregunta: ¿de qué no prescindirías nunca? Aquí en Estodigo hablamos de cine, cómic, rock, tele, sociedad y cosas diversas. Pero la única actividad que entiendo desde una ética casi moral es la de seguir escuchando música, seguir al tanto (vía revistas y blogs) de lo que se cuece. La cuestión no es tener más que nadie ni saber más que nadie, ser el más listo de la clase, si no, simplemente, no perder ese pálpito, esa energía y ese asombro ante cuatro chavales de 18 que sacan doce canciones que huelen a fragor, ímpetu, o incluso brillan con un nuevo matiz y huelen a futuro clásico.
No es sólo el placer intelectual o emocional de lo artístico (que encuentro/disfruto en la historieta más que en ninguna otra disciplina, como se sabe ya), es una actitud vital. No pretendo ser joven a los 38, pero sí huír del modelo aburguesado, consumista, adocenado. Me aburre idolatrar a los Stones por evidente, pero me asombra descubrir en Third nuevos caminos casi inéditos y emocionalmente turbadores. Si lo hago con los cascos mientras columpio al churumbel, o en éxtasis de torre de sonido y luces bajas, eso ya es circunstancial.
En todo caso, como cantaba Yoko Ono, nunca perdamos la capacidad de escuchar la belleza de la nieve cayendo.

21 agosto 2008

tele verité

Hemos estado siguiendo, esporádicamente, un reallity show. Sí señores, uno de esos, Gran Hermano, OT, Supermodelo etc. Lo curioso es que este no es de aquí, sino que lo compró a EEUU el canal Cocina, y versaba sobre una competición culinaria entre cheffs de alto standing. Vamos, que un grupo de cocineros se encierran en una cocina y ofrecen sus platos a un jurado que decide cuál de ellos se va.

Lo que más me interesó es advertir cómo la tele aquí en España va al rebufo (por mucho que les miremos por encima del hombro) de lo que se hace en la otra orilla atlántica. Cuando comenzó Gran Hermano lo anunciaban como "la vida en directo". Ahora, se dice que "nada será como antes" o que "todo puede pasar". Más o menos, ¿no?, uno tampoco va siguiendo los realitis, habla de memoria y quiere sonarle. El caso es que resulta evidente que si en un principio el planteamiento era ese, el del volleur pasivo, hoy los realitis se plantean como adulteraciones dramáticas que caen como losas sobre un grupo incauto que se presta al concurso (básicamente con ansias de fama inmerecida, puro pelotazo-culture ). Se fuerzan las tuercas, se potencia el debate rosa (que si ese y esa son pareja, que si ñacañaca bajo la ducha...), los "profesoes" de turno denigran a las niñas que quieren triunfar, y un abrazo lacrimoso es un momentazo televisivo.
En este sentido Top Chef va más allá, llegando donde las productoras españolas aún no se han acercado, y con una transparencia inaudita en nuestros realitis se manifiesta como una dramatización de un concurso que, detrás, se está celebrando. Es casi una teleserie (no necesariamente buena). Bien, de fondo hay unas puebas y un concurso por eliminación, un ganador y un premio. Pero lo que se transmite es, en primer grado, el "suspense" que plantea esa situación. ¿Quién ganará, quién se irá hoy del programa? A Fulanito se le quema la salsa de humus al foie... ¿qué hará ahora?. No se aprecia interés por los conflictos/amoríos entre concursantes, los profesores/jurados no establecen vínculos (positivos o negativos) con los chefs, imperando el respeto personal y, posteriormente, la dureza crítica sobre los platos ofertados (ponen a caldo la crema fría de nabos silvestres al aroma de tofu, pero nunca al cocinero). La dramatización recae entonces en otras artes: el montaje trepidante, la cámara al hombro, los insertos de plano medio con declaraciones de los concursantes, la banda sonora enfática... uno siente que está viendo una suerte de documental por entregas. No digo que sea un buen documental, insisto, sino que se piensa en términos opuestos a los que ofrece GH España (y sucedáneos), y desde luego lo hace con transparencia. Quien quiera ver conflictos personales que se olvide (los hay, porque la base es real, un concurso como OT, pero no se enfatizan), quien quiera aprender vistosos trucos y recetas de cocina, va de cráneo (yo la mitad de ingredientes los desconocía, y nunca se avierte la elaboración de un modo preciso). Top Cheff es una de misterio, y no lo esconde.

un mal día

Poco se pued decir hoy.

20 agosto 2008

ANIMAL COLLECTIVE: Water Curses

Cuando salió el último largo de Animal Collective lo describí como un buen disco, muy bueno, con su precedente (Feels) como cima de la banda.
Eso fue en octubre del año pasado, y donde dije digo, digo Diego. Porque cada nueva escucha de Strawberry Jam no sólo es una nueva sorpresa, un sonido escondido que sorprende, sino que es melódicamente adictivo. Y donde dije que Feels era el cénit, hoy proclamo que no sé dónde coño tienen estos tíos su techo.
El caso es que, tras su "mermelada de fresa", que aún no se agota por mucho que se vuelva a sus surcos, los de Nueva York entregan Water Curses,un maxi de cuatro temas, veinte minutos de otra galaxia, variando la fórmula sin adulterarla, vaciando de capas su sonido, reducido ahora a esqueletos: un piano submarino domina la estructura adormilada de Seal Eyeling, percusiones minimal comandan un rebaño marciano en Cobwebs y Street Flash se reduce al distante suspiro de una guitarra bajo la ambrosía vocal (por cierto, cantan mejor que nunca). Sólo el tema titular evoca plenamente a su pasado inmediato en una alucinante maraña de sonidos embriagadores. Pero ojo, buscar lo básico no elimina la sorpresa. En los cuatro cortes tenemos nuevamente las melodías pluscuamperfectas, el sendero virgen de una música NUEVA, sorprendente y asombrosa, sinuosa y emocionante.
Embriaguez, decía. Borrachera de sonido puro, etéreo, imaginativo y sublime. Con esta frase se podría describir el sonido Animal. Otra vez.
¿Son Animal Collective lo más grande hoy por hoy?










18 agosto 2008

retornados


De las costas a las que escapé de vacaciones (ver mapa), vuelvo supervitaminado y mineralizado (pero con muy pocas ganas de postear, déjemne sobreponerme al no-jet-lag).

16 agosto 2008

RG vol. 2, de Peeters y Dragon

La última obra del suizo Frederick Peeters vuelve a ser un giro en su carrera (y cuántos ha dado ya…). Es una ficción cercana al docudrama, que pone en viñetas los argumentos de dragón. Dragón, por cierto, es el sobrenombre de un policía real (que se oculta así, por precaución). Y las historias de RG destilan el mismo verismo que encontramos en Ley 627, de Tabernier, pero en ninguna ficción estadounidense. Es serie negra, vertiente policíaca, pero con sabor a absoluta verosimilitud. Su segundo libro, de lo mejor de Peeters, se mueve en las redes clandestinas y mafiosas que juegan con la emigración ilegal desde China, y lo hace plantando nuestra mirada en el cogote de ese policía divorciado, descreído, atado a su trabajo por ética y pasión personal, pero consciente de que es un nudo del que no va a escapar, y que se come su vida íntima.
Esa es la gran baza de RG ("Asuntos internos" sería una traducción razonable), la gran capacidad de los autores para aunar el drama sentimental de su figura de ficción con un tono documental alrededor del delito y su investigación. Por supuesto, todo bien apuntalado gracias al talento de Peeters para el dibujo atmosférico, para el fuerte caracter literario de sus cómics (en esta obra muy necesario y bien planteado como voz en off), un pasmoso dominio del color, y esa habilidad ya conocida (pero cada vez a más y mejor) para planificar las escenas.
Existe, ya lo indicamos, un volumen previo. Y también rumores de que no habrá continuación por desavenencias internas. En todo caso, este segundo tomo queda como una joya del género “polar”, testimonio de la realidad policíaca desvestida de oropeles mitificadores, y también de una realidad en la que rascar, buscar debajo del estatus quo de ciudadanos limpios de conciencia tranquila… puede y debe levantar ampoyas en nuestra sociedad del hipócrita bienestar.

13 agosto 2008

WALL-E, de Andrew Stanton

No queremos en estodigo sumarnos al carro de los desvelos que supone leer cada una de las (elogiosas, siempre) críticas a Wall-E, último portento de Pixar dirigido por el autor de otras maravillas (Monstruos S.A., las dos Toy Story, etc). Sortearemos los puntos reveladores, por tanto, e indicaremos a modo de pistas borrosas aquello que nos ha llamado la atención. Creo que la virginidad es, a la hora de enfrentarse a Wall-E, un regalo que no les quiero escatimar.

No obstante dejemos claro que estamos presenciando una de las películas más redondas (de hecho, la más) de la casa, que supera los logros de Monstruos S.A. sin caer en sus pocas debilidades. Que sabe ser abstracta, fascinante, turbadora, bella, dura y al tiempo amable, y todo ello desde el pasmoso acierto, haciendo siempre diana.

Wall-E es presente del cine, porque posiblemente nos encontremos ante una de las cintas del año.
Es futuro, porque su técnica vuelve a lograr el salto mortal llevado un poco más allá pero sin perder anclaje con el propósito teórico de toda película: narrar y, en este caso, emocionar. No bastarse con ser un puente hacia el videojuego posterior, sino cine puro. Es futuro porque el cine de ciencia ficción venidero tiene ya, aquí, un ineludible punto de fuga.
Y es pasado, pues su mirada alcanza, con sabiduría, el arte silente del mejor cine mudo de pioneros como Buster Keaton. O por sus muchos e inteligentes guiños al género especulativo (de 2001 a Tron, de Star Wars a la mirada crítica de Blade Runner llevada hasta el infinito) y a la propia tradición animada (¿o acaso el robot y la cucaracha no son reflejo, en cierto modo, del muñeco de madera y su grillo?).

Wall-E es un festival de buen cine, te asombras, te ríes hasta las lágrimas, empatizas con lo que a priori parece imposible (hablando en plata, el protagonista es una lata andante), y te asombras ante escenas tan redondas y osadas como esa hermosa danza erótica, evidentemente sexual, copulativa, que los robots, macho y hembra, bailan en el espacio.

Uy, que no lo decía: Wall-E es una puta obra maestra, taco incluido (porque es dura, porque nos avisa del camino que estamos tomando, porque tras su cuché es sucia y turbia). Wall-E es tan buena que amortiza un año (éste, o cualquiera) de mal cine. Y demuestra que lo intensamente comercial no se riñe con la capacidad para hacer arte cinematográfico.

11 agosto 2008

vacaciones

Nos vamos unos días, sí. Ello no supone el cierre absoluto del blog, pues tengo un par de entradillas programadas, aunque evidentemente no voy a contestar a los comments. No es descortesía, es que los portátiles y las playas no combinan bien.

¿Qué dónde vamos? pues aquí, ni más ni menos:


08 agosto 2008

olímpicamente

Pues hoy comienzan unas olimpiadas completitas; de lo deportivo a lo político, van a ser unos días calentitos (y miren que a mí lo atlético como que me la trae generalmente floja)

¿Quién se llevará las medallas?


07 agosto 2008

SPIRITUALIZED, Songs in A&E

Bueno, parece que Jason Pierce (o J Spaceman, como gusten) necesita de un trauma para entregar obras mayores. Si Ladies and gentlemen, we are floating in space se vincula a la ruptura sentimental, estas “canciones en la U.V.I.” lo hacen al roce de una muerte casi insalvable. Pierce ya había compuesto buena parte del disco, pero este, con todo, parece tocado por la terrible neumonía que lo postró en un hospital hasta casi acabar con su vida (asistido por una máquina, leo por ahí, que le hacía respirar una sola vez cada minuto).
Vale, todo esto es literatura. La verdad es que lo nuevo de Spiritualized, por la causa que sea (yo apunto un talento que ha vuelto a explotar), es mayúsculo, uno de los discos del año, otra razón para amar al ex Spacemen 3 tras una temporada de discos medianos (no malos, pero nunca tan grandes como Ladies…hasta hoy). ¿El secreto? Lo primero, un abanico de canciones sobresalientes: Death take your fiddle, con ese fondo de respiración asistida, pone la carne de gallina, Sitting on fire es ya un clásico de la banda, otro himno gospel-rock, You Lie You Cheat abrasa con pulso stoniano entre acoples de guitarra.
Luego, el método. Frente a obras desmedidas, ahogadas en ampulosas orquestaciones y corales como Let it come down, aquí Pierce ha optado por la desnudez… tramposa. El punto está en no renunciar al exquisito acabado en la producción, así como en no dejar de contar con el exuberante catálogo instrumental (acordeón, trombón, chelo, violines, trompeta, marimbas, órgano, sintetizador, flauta, farfisa
, piano, clarinete, guitarras varias, percusiones diversas, etc. –sí, sí, etc.-… y por supuesto corales a gogo). Pero no opera por acumulación, sino disponiendo los diversos elementos con discreta exquisitez, entrando cada efecto en el momento preciso y precioso, oportuno y embellecedor. Sin renunciar nunca a cierta ligereza, vamos. Escuchas Baby I’m just a fool y no parece que los violines trenzen la elaborada filigrana que ciertamente ejecutan, y así cada tema suena natural y liviano. Incluso los escasos arrebatos de rock urgente y fiero resultan más vibrantes que ponzoñosos en un disco de tono menos eléctrico y más sosegado que su anterior trabajo.
Sí, Songs in A&E vuelve a hacer diana y se lleva el premio gordo, la admiración de todos los que en su día flotamos en el espacio con la música de Spiritualized… igual que hoy, de nuevo.











05 agosto 2008

PERSÉPOLIS, de Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud

El panorama actual de la animación vive subyugado al imperio Pixar. Y Disney, vamos. No digo, por supuesto, que ello sea malo (ni bueno) pero es una realidad que atenaza ya no solamente a la industria de la animación, también a los preconceptos de los espectadores más acomodaticios: quien no quiere más que lo que le es dado asume que los dibujos animados son espectáculos para toda la familia, y entiende ello como narraciones de marcado caracter infantil que el adulto, inevitable partenaire del niño, puede disfrutar en sus tonos de comedia. Por ejemplo, Buscando a Nemo no deja de ser una fábula moral para niños revestida de un sentido de la comedia prodigioso que hace reir (hasta las lágrimas) a papá, tanto como al chaval. A mayores, el adulto atento puede encontrar guiños a otras películas (americanas y blockbuster, por supuesto) y quizá un trafondo moral, social etc.


Persépolis es en este contexto una anomalía, un desafío, y por ello ya es interesante. A partir del cómic de la propia Satrapi, la cinta es una autobiografía de una niña iraní en los setenta y su crecimiento hasta nuestros días. Un tránsito desde una sociedad occidentalizada y láica al fundamentalismo de velo y sometimiento ideológico, que no se puede saldar simplemente cn la huida (el periplo europeo revela las costuras de occidente, tanto como la infancia sometida por el fanatismo). Todo contado con mucho humor, por cierto, pero frente al caso Nemo(por ahondar en el ejemplo), en Persépolis éste viene a aligerar el drama. Es necesario en la configuración global del sentido último de la cinta, da el tono que la autora requiere, y es un tono adecuado, además. Humor como recurso, no como obligado aderezo para contentar a todos los públicos, "porque es de dibujos".
Bueno, ya ven que en sus líneas argumentales Persépolis resulta cuanto menos fresca, si no rupturista (no será la primera cinta animada seria y adulta, ciertamente), y además en su factura no es menos particular. Para empezar, otro desafío al espectador más acomodado, la cinta es en blanco y negro (mayormente), la animación tosca, el dibujo icónico (básico como en el tebeo, de trazos sencillos y puros) y las texturas vibrantes rozan lo abstracto en no pocos pasajes. Y es el montaje quien construye el relato. En este sentido Satrapi y Paronnaud se esfuerzan en dotar de imaginación y efectos sorprendentes a su cinta, recursos vistosos que se exponen desde, casi, su primer fotograma. Todo comienza en una escena de aeropuerto, a todo color, con Marjane adulta. De pronto cruza la escena una niña... en blanco y negro. Es la propia Satrapi, y así comienza la historia, que no es sino un enorme flash-back.
Puede ser, es cierto, que la acumulación de trucos de montaje lastre a veces el ritmo del relato (más de las convenientes) o incluso lleguen a parecer gratuitos, pero no es menos cierto que estamos ante una película (y aquí no nos importa su naturaleza, animada o "con actores de verdad") que narra y transmite mediante ideas de puro cine. Al fin y al cabo, el montaje es la célula narrativa básica del septimo arte. Imágenes congeladas, superposiciones de planos, ritmo acompasado por una excelente banda sonora (aunque demasiado enfática por momentos, quede dicho), cualquier recurso sirve a Paronnaud y Satrapi para narrarnos la trágica vida de la propia Marjane, "de niña a mujer" en un modo y crudeza notables, testificando el tránsito de los vencidos por un mundo que los abandona a su suerte. Tránsito también de los sueños infantiles a la autoafirmación adulta, pasando por todas las veleidades adolescentes. Porque además de fascinante retrato social y político de Irán, Persépolis es (y sobre todo) el de una niña que crece hasta hacerse adulta, con sus muy particulares circunstancias sociales y geográficas.
Pd: y no olviden que antes fue el cómic... yo ya lo estoy re leyendo (ya les contaré entonces).

04 agosto 2008

ROSE, de Jeff Smit y Charles Vess

Rose es una precuela de Bone, la saga fantástica de Jeff Smith. Se centra en el lejano pasado de uno de sus protagonistas, la abuela Ben, para ilustrar algunas cosas que ya se intuian en la serie principal. Dicho esto cabe señalar que aquí, en Rose, se destripan asuntos de la serie madre, por lo que su lectura debe hacerse tras leer los seis primeros libros de Bone. Pero por otro lado el cómic que nos ocupa vale como lectura independiente, de modo que si no te importa demasiado que te destripen futuras revelaciones (o si simplemente no quieres leer Bone, craso error, pero respetable), puedes acercarte a Rose con la confianza de que vas a disfrutar de un relato válido y disfrutable por sí mismo.El guión de Smith mantiene las constantes de su buen hacer, es un relato bien urdido, de diálogos ajustados, donde se pierde el humor de la serie madre para dar mayor peso al sentido épico y trágico.
Estamos en un mundo de leyendas, de magia y fuerzas ominosas, dragones protectores y criaturas del mal. Fantasía épica para todos los públicos. A encontrar el clima entre lírico y grandioso ayuda el dibujo de Charles Vess, autor generalmente emparentado a este tipo de historias de fantasía mítica y épica que aquí suaviza su estilo lánguido y decimonónico para adaptarlo levemente al universo de Smith, más caricaturesco. Con estos mimbres tenemos una historia de dragones, princesas buenas y princesas malas, señores oscuros y monstruos feroces en un mundo medieval, un cuento que se lee facilmente, que es un paseo liviano pero que no pretende otra cosa. Aunque claro, en la obra de Jeff Smith siempre subyace cierto mensaje, que aquí resume certeramente la cita del famoso guionista/escritor Neil Gaiman:"una reflexión sobre la magia, los errores de la juventud y las pequeñas tragedias personales que se agigantan hasta decidir el destino de naciones y engullir el mundo".

02 agosto 2008

agua en el planeta rojo

La confirmación por parte de la NASA de que el vecino Marte alberga agua nos permite ojear el retrovisor y pararnos en la figura de Percival Lowell.
Lowell fue un astrónomo de cambios de sigo XIX al XX, época donde la ciencia y la fantasía se aliaban en más de una ocasión. Sus observaciones y sus teorías (apoyadas en un precedente, el también astrónomo Giovanni Schiaparelli) nos hablan de un Marte de ciencia ficción que en su día se entendió como posibilidad.
Lowell estudió/descubrió una red de canales que surcaban el planeta de cabo a rabo, lo que él entendió como algo antinatural, y por tanto producto de una ingeniería civilizada, inteligente y avanzada. En Marte tenía que haber existido esa civilización capaz de canalizar el agua de sus polos hacia todo el orbe.

La ilustración confronta el Marte real y el de Lowell. Evidentemente sus teorías eran un dislate, y los canales no dejan de ser meros (aunque curiosos) accidentes geográficos. Pero si uno aprecia la belleza de los sueños, a las teorías de Lowell sólo cabe sentenciarles una cosa: tiene toda la razón del mundo (del mundo rojo, claro).

01 agosto 2008

WEEDS (T1)

Weeds es ya una serie de culto, de esas que, con cuatro temporadas, ha alcanzado un estatus más o menos subterráneo, movimientos telúricos bajo las grandes series y los nombres luminosos. En España la emite Cuatro (o lo hacía, vamos), sin el aparato publicitario que dedica a otras producciones (House a la cabeza) y a altas horas de la noche. ¿Por qué aquí no ha tenido éxito? Ni idea, si bien algo ayudaría el haber traducido su título, un palabro pitinglish ininteligible, por el común que en cristiano sería "Hierbajos", o "Malas Hierbas". Ya suena mejor, ¿no? O al menos da pistas sobre el tono y contenido de la ficción. Sumemos una publi a la altura de la serie y bueno, algo se ganaría. Aunque esta teleserie puede que no sea para todos los públicos, vale.


Weeds es una comedia, o mejor una tragicomedia sobre la vida de una madre recién enviudada que decide, para mantener su familia (y su estatus económico) vender marihuana en el barrio. Una situación anómala que sirve para hurgar en la hipócrita sociedad blanca americana, descubriendo a tipos mezquinos, marujonas de lujo, estudiantillos reprimidos, familias disfuncionales (la propia de Nancy Botwin, madre, viuda y camello, excelentemente interpretada por Mary-Louise Parker). La ficción gravita en torno a personajes que tras su normalidad burguesa son frikis, deshaucios adictos a las drogas blandas, parejas rotas, niños con problemas de adaptación, universitarios más bien bobos, y una galería despiadada pero entrañable, merced a esa mirada humorística a la vez que crítica.


Planteado este sustrato, además hay que remarcar varios logros indudables en Weeds: el primero, claro, lo que te ríes. Te ríes a gusto con los tarados que pululan por la ficción, como ese cuñado de Nancy capaz de practicar el onanismo on line haciéndose pasar por su sobrino y conversando en la red con la novia de aquél, o como ese impecable estudiante hindú que está enamorado (hasta la más ridícula estulticia) de la protagonista. O una mina en pequeñito; Shane, el querubín de los Botwin, angelito capaz, en un muy deportivo torneo de kárate, de defenderse mordiendo el pie a su adversario. Son perlas de un collar de situaciones absurdas y delirantes... por cercanas, posibles.


Otro punto fuerte es la sabia moderación. Weeds no cae en la farsa, y el componente trágico siempre aparece como un mazazo y cuando no lo esperas (o poniendo el broche al capítulo, lo que da un regusto agrio a tanta risa previa). Después de todo hablamos de una mujer joven que acaba de perder su marido y por mantener a los suyos se mete en el mundo de la droga. No, bien mirado tiene poco de gracioso.


Además ta trama se va forjando sutilmente, hasta que finalmente comprendemos que estamos ante un fresco sobre el ascenso criminal de la protagonista (a nivel hogareño, claro, no en plan don Corleone), lo que finalmente te engancha como si habláramos de una serie de misterio. Pero de un modo tan sutil que uno casi se cree engañado. Porras, esto no lo puedo dejar, necesito, YA, la segunda temporada.

Si a todo ello unimos una exquisita banda sonora (el ex Pixie Joey Santiago está detrás en algún modo, como se lee en los créditos finales) y unas interpretaciones fabulosas así como una factura técnica impecable, supongo que la sentencia final es evidente: esto es muy, muy bueno. Una sorpresa.



¿Aún tienes reservas? Un empujoncito irresistible, la genial cabecera de la serie: