07 enero 2009

GLASVEGAS, Glasvegas

¿Son Glasvegas lo más grande que la ha pasado al rock sajón en 2009?¿La mayor revelación del año? El éxito y la insistente presencia en suplementos de tendencias parecen decirnos que sí, y sí.
Pero no, no.
A ver, es evidente que la propuesta tiene pegada, con interpretaciones arrojadas e intensas, con una imagen espléndida (como unos hieráticos Jesus and Mary Chain pasados a rockabilly de tupé fashion), con un sonido expansivo, entre el shoegazer de Ride y las hechuras de Stadium Rock. Y la conjunción de guitarras vaporosas y ruidosas cruzadas con algo más que guiños a Phil Spector queda curiosa. Además, pueden presumir de canciones como Geraldine, redonda, Flowers & Football Top (con su final de ruido venenoso) o el trote acelerado de Go Square Go.


Pero deberían frenar, ver que entre las flores reina la maleza de unas intenciones demasiado evidentes (quiero llenar estadios, ser U2 en vez de U2 aunque con otro sonido) y que no les beneficia en absoluto toda esa ampulosidad sonora, esa voz quebradiza e intensa, en principio interesante pero finalmente, por recalcitrante y formularia, demasiado impostada. O esa producción relamida y algún disparate como Stabbed (un recitado por encima del, ejem, sí, del Claro de Luna, toma ya…). Lo digo porque, como ven, en el fondo no me parece un mal grupo, sino un arranque e intenciones equivocadas. Con sus mimbres (épica, dotes melódicas, intensidad, ruido intenso) podría salir algo muy bueno, pero si lo que quieren es masas devotas, mecheritos y coros de campo de fútbol…


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