10 enero 2009

SEBASTIAN O, de morrison y Yeowell

Grant Morrison es uno de los guionistas de cómics anglosajones más interesantes, poseedor de un mundo personal, alucinado y paranóico, que fluye torrencial en sus obras más personales y transpira también, bajo la superficie, en los más comerciales (New X Men, por ejemplo). Conspiranoia, razas alienígenas o de universos alternativos, juegos malabares con el lenguaje, la locura, la naturaleza del mal… son temas que vuelven una y otra vez en su obra.
Pero la calidad no la da una serie de patrones que se repitan, ni siquiera si con ellos podemos hablar de un universo propio, sino el justo engarce de esas pautas dentro de un mecanismo mucho mayor: una narración cohesionada, trabajada, modélica. Pocas obras conozco de Morrison redondas, aunque a menudo sean fascinantes y brillantes en sus mejores momentos. Pero Sebastian O ni brilla ni se hunde: es, ay, mediocre.
En primer lugar hay que despachar el dibujo de Steve Yeowel, anodino, acartonado, que nunca consigue aprehender la atmósfera, en principio fascinante, de un relato retrofuturista ambientado en un Londres imaginario pero victoriano y protagonizado por una especie de Oscar Wilde más diletante que el escritor dandy (básicamente la historia arranca con la fuga de una prisión y desarrolla la consiguiente venganza del fugado, Sebastian/Wilde). Y por su parte, Morrison apenas se contenta con presentar el esbozo de algo con mucho potencial. La historia es un párrafo alargado, los personajes tópicos o muy esquemáticos, el final anticlimático y precipitado. ¿Qué nos queda? Pues siempre las buenas ideas, los diálogos chispeantes, el humor socarrón pero fino. Poco más. Vale, puede ser la historia de Sebastian una eficaz antesala a Los Invisibles, la mayor y más excitante locura de Morrison (que por cierto comenzó dibujando Yeowel, mas el entorno prosáico lo hizo mucho más eficaz o al menos soportable), o simplemente entender este cómic como una modesta presentación de las líneas maestras del guionista, que en futuras lecturas podrán ser reconocidas gracias a esta lectura. En fin, muy poco para un autor que en otras ocasiones nos ha dejado alucnados.

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