11 febrero 2009

23 F: EL DÍA MÁS DIFÍCIL DEL REY

Hablábamos aquí de una cinta simplona pero con encanto. En ella había una escena tal que así: al morir un tripulante de la nave espacial en un lejano mundo, sus compañeros proceden a enterrarlo. El capitán le dice a una desconsolada piloto "vamos a enterrar a Menganito y rezar La Oración, porque así lo manda la sagrada ley y los ritos de nuestro planeta natal". Bueno, no estoy siendo literal, pero algo así decía. Y yo me reí porque claro, ese diálogo era una mera explicación para el espectador, inverosimil en la ficción por innecesario. Imagínense ustedes explicando a un compañero de la oficina al salir del curro "Pepe, debemos aguardar a que el semáforo se ponga en verde para cruzar, pues ese es el código urbano que rige en nuestra ancestral cultura". Absurdo, porque Pepe ya lo sabe de sobra, porque él también es parte de esa "ancestral cultura".


Ayer en la recreación de los tensos correpasillos del Rey durante el golpe de Tejero que nos brindó La 1, los diálogos abundaron en subrayados semejantes: "No, Sofía -dice Su Majestad a la reina, que intuyo no vive en Babia y sabe de estas cosas-, si la División Acorazada Brunete sale a la calle, está haciéndolo nuestro mayor activo militar... si Madrid es tomada, España cae". Diálogos como este no son otra cosa que guías para el espectador, como en una tontorrona cinta de naves espaciales sobreabundan monólogos explicativos para guiarnos por su fantasía. Lo lamentable es que aquí no hay fantasía. Hablamos de historia reciente, y por tanto no debería ser necesario lo enfático y el acento insistente en cada gesto y cada palabra. 23 F: El día más difícil del Rey es una burda hagiografía monárquica (habrá quien defienda la postura y quein la ataque, pero convendrán todos en el hermetismo del mensaje de la serie, blindado y ajeno a resquicios o interpretaciones) que no aporta nada al discurso en torno al detestable suceso, sino que planta unos tópicos para deleite morboso del espectador, que salvo bendita juventud recordará cristalinamente el fallido golpe e estado.

Basado en hechos reales, sí. Completamente infantil, también; por didáctico, por no incitar a la reflexión o la interpretación, por no hurgar más allá del tópioco (Juanca es campechano, los golpistas, fachas de los que no aman a España sino a ¡Españññññña!), infantiloide por llevarnos de la manita como a niños de primaria (bochornosa esa forma de insistir en cómo el príncipe Felipe lo observa todo, aleccionado sabiamente por su padre, con gran interés y cual naciente esponja de sabiduría democrática), porque en fin, todo aquí es sopaboba.

Y esto no lo arreglan con un plantel de actores curtidos y profesionales. Esto es un bodrio, aunque tenga gracia recordar los hechos... por lo que lo que realmente ha valido la pena es la posterior recuperación del programa Informe Semanal del sábado tras el fallido golpe, historia del medio y espejo de unos días para el recuerdo.

1 comentario:

Javier dijo...

El título ya deja clara las intenciones de la obra.