27 febrero 2009

águila coja

Aunque como dije, yo el jueves me enchufo Saturday Night Live (humor chusco y de brocha gorda, y con peligro de ser repetitivo, pero que por ahora me hace reir, seré chusco, pero lo necesito, reirme un rato a gusto), también he tanteado nuevamente Águila roja, que cada vez veo más desenfocada y perdida. Sin olvidar sus posibilidades, que podrían apuntar a algo muy bueno (una ambientación de cuento histórico, tan acartonada como la de unos cuantos añejos tebeos que todos idolatramos y que a mí en su trampantojo me parece adecuada/aceptable; una premisa cercana a la cultura del entretenimiento latina antes que a moldes USA...), ayer he visto una serie plana en la dirección (menos patosa que la mayoría de ficciones patrias, pero sosona), interpretaciones grises (las hay peores, pero deberían ser mejores para llegar a cierto estandar de calidad) y un guión que fuerza innecesariamente el dislate (¿la Pimpinela Escarlata mezclado con los avatares sentimentales/filiales de los Serrano? No encaja ni a martilazos).

De todos modos, a obra ya hecha (supongo que la primera temporada ya fue rodada, imagino, vamos) cabe ser siempre positivos y pensar que Roma no se hace en dos días, que cuando se ha olvidado cómo andar (las teleseries españolaas son pésimas desde hace una década larga) no vamos a descubrir ahora a un bailarín de claqué. Que esto puede ser un primer paso para entender que tenemos nuestra idiosincrasia, que podemos generar entretenimientos de ficción que nos son afines sin copiar House o CSI. Sólo falta desprenderse del modelo patrio, de obviedades y simplezas, y apuntar maneras tras la cámara (como no he visto el capítulo entero no puedo decir si ayer hubo apuntes, como en su primer capítulo... pero el rato largo que aguanté, nada de nada).

Sin ir más lejos, ese disparate de Kung Fu en la españa del XVIII tiene (involuntariamente,l intuyo) un puntazo tan absurdo que, visto con desparpajo y humor, hasta divierte.

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