07 febrero 2009

LOST GIRLS, de alan Moore y Melinda Gebbie

Alan Moore, un nombre para el vértigo ante el teclado. ¿Cómo abordar una obra del barbudo ingés cuando se hace evidente, al leerla, que su sabiduría y talento son muy superiores al tuyo propio? Uno busca y bucea en la red, captura aproximaciones críticas a Lost Girls recopilando datos y nombres que no se hubieran ya pasado por mi cabeza, y como cada vez que leo un cómic de Moore sobreviene la misma sensación de pequeñez ante el escritor británico. ¡Cuánto he tardado en escribir sobre "Las Chicas Perdidas", superado por la obra, su lectura, su hondura y dificultad!
El guionista maneja tal caudal de conocimientos, cultura enciclopédica y gusto por los recursos sorprendentes, que deja en pálido goteo todo el bagaje personal que uno quiera demostrar. Cuando ya hemos asimilado (por otras obras como From Hell o Watchmen) que para parecer muy listo al hablar de Moore hay que saber qué demonios son las matemáticas fractales; cuando tras Promethea o La Cosa del Pantano has comprendido que la visión cosmogónica del escritor se cimenta en sabidurías paganas, ancestrales; cuando su explosiva capacidad para jugar con las formas de contar en Watchmen (tan epiterial, tan visible el esqueleto de la obra, su ritmo férreo, sus incontables trucos, del zoom a los muchos y variopintos encadenados, de las narraciones paralelas a los incontables mensajes subliminales de sus imágenes); cuando te las das de listo, vamos, aparece Lost Girls y te desborda. Ahora, amigos, tendremos que ponernos las pilas, saber más que nadie de arte decimonónico y primeras vanguardias (plástica y literatura), e indagar en las tradiciones del erotismo y la pornografía. Y volver a recabar conclusiones sobre su obra más juguetona (al menos desde Watchmen), donde la forma está al servicio del personaje o de la estructura en capítulos: la composición de página es diferente según quién protagoniza la atención del capítulo (Wendy, Alicia o Dorothy). Se interconectan las imágenes, secuenciales o no, y textos literarios. También el estilo plástico de Melinda Gebbie, ilustradora, es mutante pero obedeciendo a una estructura intencionada, nunca aleatoria o esteticista per sé.


Y ¿qué nos cuenta Los Girls? Poco, pero nos habla de muchas cosas, nos explica el intenso poder telúrico del sexo, iniciático, liberador, placentero, cruel, dador de vida, fuente de maldad, liberador o carcelario, obsceno o puro. Sexo explícito, pornográfico, trascendente. En resumen, Lost Girls narra en tres libros las travesuras de tres damas en un lujoso hotel hacia 1914, mientras indagan en cómo descubrieron el sexo en su preadolescencia. No se elude la época, pues en Lost Girls al final podemos entrever que la guerra es la losa que sepulta todas las libertades, y que en el fondo la libertad es hermosa, jamás obscena. También se acentúa la gracia del arte para vehicular las sombras y liberarlas en un espacio no real, y por tanto libre de prejuicios: la perversión sólo existe en el mundo real, y el arte lo transforma en espacio liberador para el artista y para el observador-lector.
Como es habitual en Alan Moore, la pirueta posmoderna no se elude. Este cuento de cuentos contados lo protagonizan quienes protagonizaron otros tres cuentos: Alicia en el país de las maravillas, Peter Pan y El Mago de Oz, y sus fantasías femeninas son las de un descubrir de la sexualidad más libre. No era un conejo blanco, no era un hombre de lata, no era un hada campanilleante, sino experiencias de extrema liberación (sensual, moral, física y ética).
Es evidente que Moore no toma por necio a su lector, y le supone una cultura (o le da pistas para iniciar la búsqueda de sus fuentes), y en fin, como en sus trabajos más personales, Lost Girls es un festín de referencias (la literatura de Wilde, el diseño modernista, la pintura de Mucha, Schiele, Matisse, los fauves y los post impresionistas en general, Aubrey Beardsley… hasta se asiste a una ópera de Stravinsky en el relato). En el aspecto gráfico, por tanto, hay que remarcar la importancia de Melinda Gebbie, transformista del estilo que logra imbuirnos en el juego referencial y al tiempo crea un espacio concreto, una realidad cerrada y única, cohesionada pese a los continuos juegos narrativos y saltos estilísticos.
En conclusión, Lost Girls es un trabajo difícil, de estructura narrativa dispersa (en tanto que poco sucede, y lo que ocurre es un bucle pornográfico y poco más), a veces acartonado, pero que articula un discurso hondo, profundo, que nos obliga a plantearnos la función social, personal, mística y carnal del sexo. A veces sucede que los artificios, fascinantes, pesan por encima del objetivo (ta pierdes en sus trucos, en la forma, y el fondo se debilita), pero en general estamos ante uno de los trabajos más ambiciosos y conseguidos de Moore, justo por debajo de From Hell (pluscuamperfecto) y V de Vendetta (apasionado, visceral), cercano a Watchmen (cronométrico). Y Watchmen, ya se sabe, es el mejor cómic de la historia para muchos

4 comentarios:

fnaranjo dijo...

Tú has tardado en hablar de Lost Girls... pero algunos ni nos hemos puesto. Porque sí, porque podemos volver a hablar de estructuras narrativas y demás zarandajas (que aquí son muy evidentes, como lo eran en Watchmen), pero al final nos quedamos en la mera superficie.

Yo me limito, ya, a dejarme deleitar, a que me vuelva a sorprender página tras página tras página... y a disfrutar de una Melinda Gebbie que me asombra en cada entrega con una maleabilidad pasmosa.

Lost Girls es un tebeo prodigioso.

Octavio B. (señor punch) dijo...

lo que más me "retuvo" (como si hubiera obligación de escribir sobre Lost Girls, que tampoco) fue dilucidar un aspecto, básicamente: ¿tanta argucia narrativa está vacía u obedece a algo? Pero poco a poco esto dejó de tener sentido, y lo que me "importaba" era ¿es vacío Lost Girls o cuenta algo? entonces pensé que lo erótico sin la forma no es nada. Y por mucho que Moore diga, este cómic para mí es erotismo, no pornografía (la pornografía según un estudio de Gubern desatiende el estilo, o lo somete al único opropósito de captar limpiamente lo coital para deleite del voyeur... estoy de acuerdo, añado, con esta aseveración)Pensar que no es erotismo por ser muy explícito es tan pacato como pensar que un agarrado es pecado. El erotismo es la forma al servicio de lo sensual. Por eso al final le veo un sentido a todo el arsenal de fuegos artificiales, porque todo aquí obedece a lo sensual, desde lo plástico hasta lo literario.
Así que, habiendo aceptado los birlibirloques, me quedaba otra duda ¿pero se cuenta algo más que chaca-chaca durante tres libros? Y recordé a Cronenberg al respecto de Crash: "el porno narra entre escenas de sexo. En Crash quise narrar con esas escenas de sexo, las escenas que entrelazan los coitos son anodinas, no cuentan nada" Y pensé que algo de eso lo encuentro también en Lost, y que en Lost el sexo es el tema, la narración y el contenido. Y es muuy profundo también en ese sentido.

Y entonces me dije: venga, Octavio, vamos a poner de puta madre el tebeo de Moore y Gebbie (que lo borda, sí) :)

Ollo de Vidro dijo...

Hola Octavio, te invito a leer mi análisis de la obra no por un impulso narcisista, sino sinceramente porque encuentro coincidencias (¿y divergencias?) entre los puntos de vista de ambos.

http://unollodevidro.blogspot.com/2008/08/lost-girls.html

Por algún motivo que ahora no recuerdo, creo que no el idioma no es un problema en tu caso. Si no es así puedes dejarlo correr, que tampoco es para tanto.

Un saludo de un lector bastante silencioso de tu blog.

Octavio B. (señor punch) dijo...

non o é, Ollo de Vidrio, e xa vou lerte agora mesmo ;)