22 febrero 2009

PEPLUM, de Blutch

(Primera versión, previa a retoques, del artículo publicado en viernes en "El Faro de Vigo"

El hecho de que Peplum sea una revisión muy libre del Satiricón de Petronio sirve en principio para dos cosas buenas: como gancho para el lector del clásico, o como aliciente para que el conocedor del cómic descubra el libro (tenido por primera novela de occidente). O uno puede desconocer este hecho y acercarse al cómic sin más datos, porque su lectura es auónoma (y altamente recomendable).
El francés Blutch, según parece, ha reescrito los pasajes perdidos de la obra de Petronio, pero que nadie se piense que de ello resulta un trabajo ininteligible. Vale, el saber no ocupa lugar y el Satiricón, que no he leído, seguro que aporta perspectivas, pero en el fondo uno tiene la sensación de que Peplum tiene vida autónoma. Blutch ha creado una historia vibrante (por cierto, hace más de diez años, esto es una de esas típicas “recuperaciones necesarias”), un canto hirviente al amor y al deseo como motor sublime de la existencia. El protagonista de la novela gráfica es un romano que vive enamorado de una quimera, una dama encontrada dentro de un bloque de hielo, congelada, y su razón de ser es porfiar porque el calor la reviva, la rescate de su carcel transparente para que lo ame igualmente. Amor imposible, inerte objeto del deseo perdido, buscado, recuperado. Y en la aventura que ello supone, más amores y deseos, más anhelos y frustraciones.
Blutch crea una obra pasional y la ilustra con un trazo virtuoso pero expresionista, vigoroso, encendido y febril como sus personajes. Retrata el fatalismo con trazos quebrados y violentos, articula el relato en páginas de cuidada armonía y con una narrativa cargada de ritmo y velocidad. Quiere atrapar al lector con lo contado, y marca un ritmo de lectura veloz, acercándonos a los estados exaltados de sus personajes. El poso clasicista es otro acierto: desde los diálogos arcaizantes y teatrales hasta las cartelas que presentan escenas o personajes escuetamente, todo nos ambienta en un clasicismo pagano, en una cultura romana imperial acaso imaginada pero quizá por ello más vívida, verosimil para nuestra mirada mitificadora. Pero que nadie piense en Peplum como un cómic acartonado, pues su vigencia es notable. Podemos decir, incluso, que estamos ante uno de los pioneros de eso que hoy se llama nouvelle Bd, con su inmediatez y espontaneidad gráfica, así como por esa manera de llevar lo ajeno (Petronio) al universo de lo personal: aquí es Blutch quien nos habla, suya es esta visión del deseo y del amor, y Peplum va más allá de emular un estilo o una obra determinados (el género histórico, la prosa de Petronio…). De hecho este cómic es, antes que nada, una indagación interna, una búsqueda del propio autor, de sus preguntas trascendentes a las que como artista busca respuestas. Peplum incluso parece encontrarlas y resolver sus anhelos.

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