03 febrero 2009

ROMA, 1ª temporada

Un poco de historia. En la Roma republicana las clases aristocráticas sustentaban su linaje en suposiciones genéticas (la familia patricia era grande y superior por linaje) y de ascendencia divina. Así, por ejemplo, Cayo Julio César, era directo descendiente de la diosa Venus.

Cuando en el primer (o segundo, no recuerdo ahora) capítulo de Roma (1ª temporada) alguien, burlón, le sugiere a Julio que rece a la diosa Venus, ya nos puede quedar algo clarito: Roma es una serie de escrupuloso acabado histórico, donde el cuidado en este aspecto es exquisito y excede el conocimiento general. Casi, de hecho, es su razón de ser. Con Roma, en fin, aprendes.
¿Qué le pedimos a una ficción sobre el ascenso y caída de Julio César? Pues respeto por los hechos y más aún, una inmersión en su tiempo, su sociedad, sus costumbres, sus instituciones, su economía, su ejército, su vida familiar y sexual. La vida civil y la religiosa. Y la política del momento, en todo su esplendor y detalle. Y todo eso lo encontré en Roma, serie de la cadena HBO que además no escatima en presupuesto (de hecho no pasó de su segunda temporada, pues el incendio de los tremendos decorados, toda una Roma de postín, acabó con la saga y toda posibilidad de continuarla, o eso tengo entendido).
Además Roma es una ficción donde la fotografía acentúa un componente desasosegante, donde los actores (sobre todo Ciarán Hinds en el papel del conquistador de la Galia) son más que correctos. Sumemos una tensión creciente que mejora la serie capítulo a capítulo, y la idea de imbricar las capas altas (la curia senatorial) y las grandes familias patricias con el pueblo llano a través de dos soldados cuyas vidas, casi de un modo humorístico, se enlazan más de lo lógico con la de César. Puede ser, durante bastantes capítulos, el punto más débil (por increíble) de la serie, aunque poco a poco este aspecto también logra cierta naturalidad dentro de la trama (no, desde luego, cuando uno de los llanos soldados se zumba, con el consentimiento de ella, a…¡Cleopatra!; como digo, el ardid tiene tintes de comedia, fina e irónica).
Y bien, me queda su segunda temporada, el ascenso de mi tocayo, el nacimiento del Imperio, el fin definitivo de las aspiraciones republicanas en una Roma clásica que, en el siglo XXI, sigue siendo apasionante

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encanta
La vi cuando la emitieron en nosequé cadena
Tb la segunda en formato de 3 miniseries
La regalaban con el Historia del National y la sigo viendo de cando en vez

Octavio B. (señor punch) dijo...

ahora voy a dejarla descansar, pero la 2ª termina cayendo seguro.

Javier Cercas Rueda dijo...

A falta de leer las cinco novelas de Colleen McCullough y las serias biografías de Carcopino y Goldssworthy, y descartadas otras cosas más flojillas sí leídas (Gallo, Shakespeare o Eslava Galán), me quedo con estos:

Vida de los doce césares, de Gayo SUETONIO TRANQUILO (S. I ddC)
Querido Bruto, de José Ramón AYLLON (1999)
Los idus de marzo, de Thorton WILDER (1948)

En primero me encanta por el estilo, por ser una fuente cercana y por que, de paso, aprendemos todo lo esencial sobre la familia Julia-Claudia y demás césares. El segundo es una novelita breve y sencilla, perfecta introducción al mundo romano. Es insuficiente, pero la he recomendado mucho pues actúa de reclamo infalible de otras lecturas. La tercera es una novela epistolar deliciosa, llevada técnicamente con virtuosismo, imprescindible.

Octavio B. (señor punch) dijo...

gracias por tu interesantísimo comentario, Javier. Tomo nota :)