09 marzo 2009

el facebook y el banco de mi abuela

Antes nuestras abuelas se sentaban en un banco y desde allí conocían a todo Dios, le arreglaban la vida y de paso se la arreglaban al mundo.
Ahora no, ahora nos virtualizamos, somos un granito en el desierto de las redes sociales. Nos apuntamos a páginas donde contactamos entre todos y tenemos miles de amigos del alma (o del chip, eso inmaterial que al morir el PC va al cielo). Hace poco me hice facebookano, o -iense, o lo que sea, tras un ataque dirigido y programado: en mi correo personal (no el de este blog) me entraron simultáneamente tres invitaciones de tres amigos del mundo real. Bueeeeeno, que además dos vivís muy, muy lejos, me hago del Faceboooooook. También por mi mujer, que le hace menos gracia que a mí, pero venga, así sabemos de vosotros al minuto...

Pero hoy... y esto va a ser, me temo, el fin del mundo, ¡me ha descubierto el sagaz Little Nemo's Kat! Y claro, me ha invitado a su amistad, y eso no se rechaza. Como evidentemente a través de él los amigos de sus amigos saben que mis amigos son tus amigos y todos queremos ser amigos de los amigos de vuestros amigos (no se entiende, no relean) temo, sólo eso, es un temor, que voy a acabar siendo amigo hasta de la monja alférez.
Yo, que no lo desapruebo y además a cordiales invitaciones nunca me niego, aviso que como face-persona soy totalmente inane, tengo tanta vida virtual como un roble, vamos. Pero bien, ya soy amigo de Faceboock de una de las plumas más eminentes que de cómic escribe en la red (pasen a leer su blog y lo comprobarán). Y eso me agrada.
Aunque sí, estas cosas de lo virtual me recuerdan la clásica canción de R.E.M.


3 comentarios:

icsm14 dijo...

A este paso... ¿qué te falta? ¿Tuenty y Twitter?

fnaranjo dijo...

Pos te busco y eso... que llevo poco tiempo ahí, pero.

Mar dijo...

JA!!

Ahora es cuestión de buscarte... si te dejas encontrar :-D

Besitos