25 marzo 2009

LAS SERPIENTES CIEGAS, de Cava y Seguí

Felipe Hernández-Cava, el autor del compromiso y la memoria. En su obra, de la trilogía Lope de Aguirre a las Memorias de Amorós y tantas otras, los temas que prevalecen son el conflicto entre el hombre singular y la Historia en mayúsculas. La época convulsa imponiéndose como un manto sobre los personajes. En Las serpientes ciegas, quizá más que nunca, los personajes son títeres de un momento especialmente convulso, y ese “aquí y ahora” se internacionaliza. Estamos en el segundo tercio del siglo XX; en los Estados Unidos del izquierdismo subterráneo, y también en la Guerra Civil española. Son tiempos de crisis que persigue a quien quiere evitarlos. O que zarandean a quien quiere participar en ellos. Tiempos, épocas, memoria, política. Los patrones comunes de Cava, otra vez. Da gusto tener entre nuestros autores a quien, desde el compromiso ético y artístico, sigue escribiendo con el corazón sobre nuestro propio pasado, sobre la historia (reciente o no) de España. Que, en fin, revisa temas que nos competen, en vez de perderse en vericuetos genéricos sin más (opción nada desdeñable, pero mayoritaria).
Las Serpientes Ciegas es una historia de búsquedas y venganzas, de cuentas por rendir y lealtades rotas que salta de la Guerra Civil española al Nueva York de la Gran Depresión. El retrato de la época es riguroso, adornado con un tono noir que, a mi juicio, no siempre beneficia a la obra. A veces pesan ciertos clichés genéricos enrareciendo la lectura, por explicarme, diría que cuando la voz en off acumula subrayados y fórmulas de género negro, tiendo a recordar que lo que leo es una fantasía, no una pulsión “real” de almas y tormentos. No obstante, también es cierto que la época y el lugar son los propios para adoptar el tono de los clásicos “polares”, y Hernández Cava demuestra su calidad literaria en todo momento, de los diálogos (que igualmente se balancean entre lo brillante y lo redundante) a los textos de apoyo.
Donde nos es imposible encontrar el más mínimo pero es en el apartado gráfico, simplemente impresionante: atmosférico, narrativamente impecable (qué estilo, qué sutilezas narrativas), detallista pero nunca recargado, brillante en el coloreado, magnífico al elegir cada plano interno de la viñeta, Bartolomé Seguí se desmarca como, posiblemente, el mejor dibujante de la temporada con este portentoso tour de force.
En definitiva, aun con sus pequeños peros, Las Serpientes Ciegas es un trabajo de muchos quilates, por ambición, por tema, por calidad y resultados. Una lectura obligada de dos autores clásicos que no viven de rentas, sino de cómics tan sólidos y ambiciosos como este.

3 comentarios:

PapáCairo dijo...

Es cierto que Seguí hace un trabajo magnífico, mi problema es que no me creo a los personajes, que parecen encajados a capón en arquetipos unidimensionales y que se expresan con mini discursos hasta para ir a comprar el pan, como si careciesen de vida propia más allá del papel que les ha tocado representar para después volver a la caja en al que estaban guardados. Quizás esa era la intención de Cava, la de construir su historia como una suerte de fábula hiperbólica con protagonistas de una pieza que no dejan de ser marionetas y cuya condición no se oculta, algo que vendría refrendado por el carácter mefistofélico de toda la historia. En mi humilde opinión, creo que si esa era la intención, el resultado no está a la altura.

Prefiero el desencanto de la causa republicana tal y como lo cuenta Giardino.

Octavio B. (señor punch) dijo...

"un tono noir que, a mi juicio, no siempre beneficia a la obra. A veces pesan ciertos clichés genéricos enrareciendo la lectura"
esto se refiere exactamente a lo que tú comentas con otras palabras.
Creo que los muchos puntos que doy a este tebeo son por Seguí, tremendo, por el tema en sí, interesante, por ambientación, rigurosa (y a veces esto no se anota en el sumando, pero como degustador de lo histórico yo le doy mucha importancia... cuando procede dársela), pero ese "hiperbolismo" es lo que me rompe el esquema. Pudo ser un trabajo redondo, y no lo es.

Octavio B. (señor punch) dijo...

quiero decir:
"Ella se movía como una GATA buscando pelea, desafiándome, era como una criatura SELVÁTICA bajo un tacto de satén"
Este diálogo (inventado) me lo creo en Sin City, no en LAs Serpientes, porque en el fondo creo que Cava no está haciendo metalenguaje, sino discurso político e ideológico; plantea una recreación, ya no verista, hasta atmosférica... y luego va y lo maquilla todo con esa literatura noir de cliché duro. Es un evidente fallo de enfoque, a mi entender.