13 marzo 2009

LOS HIJOS DE OCTUBRE, de Nicolai Maslov

Este es el segundo libro de la colección Graphic Journal. Una historieta sobre la Siberia post Unión Soviética que atestigüa la miseria económica y moral de una tierra árida y al tiempo mágica, tan magnética para los suyos como moldeadora de un carácter derrotado entre sus oriundos. Al cómic le acompañan un prólogo de José A. Zorrilla (escritor), y artículos de Rafael Poch-de-Feliu (La Vanguardia) y Emmanuele Carrere (guiosnista, director de cine y escritor). Y esta vez el apartado de los artículos supera con creces al tebeo. Porque lo que se trata (esa Siberia y sus circunstancias, así como la entrañable historia de Maslov, un vigilante nocturno que busca financiación para completar su primer trabajo en el mundo del cómic… en una Rusia sin tradición en el 9º arte) resulta más interesante que los medianos resultados del tebeo en sí.
Estamos ante una sucesión de relatos cortos que nos interesan por el marco, el panorama que bosquejan, y por la intención (ese tono adulto, pausado, desesperanzado), pero que, salta a la vista, es obra de un principiante (o de, peor, alguien sin el talento necesario). Buen dibujante de tono realista, acierta en las escenas más estaticas, paisajísticas, donde antes que narración hay contemplación. Pero cuando Maslov nos cuenta sucesos, conversaciones, hechos, se revela torpe, carente de pulso narrativo. Las escenas entonces se resuelven homogéneamente, carecen de su tempo propio, de intensidad particularizada, y sobreabundan en primeros planos que quieren ser dramáticos y quedan en vacíos.
Tampoco ayuda que en muchos casos a la segunda viñeta intuimos (y acertamos) el final del cuento.
Si el producto se sostiene, entonces, es más por nuestra parte, por el interés previo tanto de la propuesta (como siempre en esta colección, una suerte de periodismo que combina el cómic con los artículos escrios), por el tema. No, desde luego, por el resultado del cómic, que eso sí, deja imágenes sugerentes, paisajes de horizontalidad plúmbea y heladora. Como ya dije, Maslov se crece como mero ilustrador en las escenas más contemplativas. Pero poco más.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Menudo gilipollas sin sensibilidad para el cómic verdadero. Bah.

Octavio B. (señor punch) dijo...

Anónimo estás desfasado, los trolls han desaparecido hace muuuuucho tiempo, no se estilan.

De hecho los gnomos se los han llevado al reino de los gnomitos, y les están follando el ojete desde que David descubrió su mojo.