10 marzo 2009

WATCHMEN, de Zac Snyder

Difícil tarea la de llevar al cine algo como Watchmen. Un tebeo de doce números, de cadencia mensual, recargado de soluciones narrativas complejas que van de lo cinematográficamente posible (encadenados visuales, travellings, ciertas elipsis espaciales y temporales…) a lo imposible (superposición en una misma viñeta de secuencias narrativas paralelas mediante el contraste texo-imagen, cómics que se leen dentro del cómic yuxtaponiendo ambos en el mismo plano, composiciones simétricas, orden reticular, fragmentos insertados de libros, informes psiquiátricos, periódicos…).

Snyder ha querido ser en primer lugar un copista concienzudo de las formas, y eso, no hay duda, lo logra: escenas calcadas, casting perfecto, diálogos idénticos, detallismo absoluto en la puesta en escena. Eso es bueno, porque la plástica de Gibbons (el ilustrador del cómic) ya era impecable, retocarla no tiene justificación y la potencia física de la cinta es la demostración de ello.

Y Snyder también ha querido ser “auteur” y aportar su personal midada.

En esta aparente dicotomía encontramos todo lo bueno y lo menos bueno de una cinta, lo digo ya, que me ha gustado, superando el bochornoso nivel medio de la mayoría de adaptaciones de superhéroes al celuloide, aunque sin igualar las más aconsejables de todas ellas. Por un lado la fuerza argumental del tebeo se transmite perfectamente. No hay duda de que uno de los mayores parabienes al cómic es la potencia de su reparto coral, lo magnético de cada uno de sus principales protagonistas, lo que en la cinta se mantiene. El desquiciado Rorchach, el semi divino Dr Manhattan, el megalómano Ozymandias, el tristón Buho Nocturno, la compleja Silk Spectre, el fascista y lúcido Comediante, son personajes que deslumbraron en 1986 y casi 25 años más tarde han mantenido su magnetismo en la película. Además la remodelación de la trama (el plan maestro final), frente al clamor friky generalizado, me parece un acierto (sin demérito al de la obra original; son conceptos distintos y ambos tienen sentido en su respectivo medio).

Pero el mimetismo también ha jugado malas pasadas a la cinta: porque cosas que funcionan en papel quedan desdibujadas en celuloide: así ocurre con varios montajes paralelos, que se diluyen el el vertiginio de la imagen en movimiento, como la escena televisiva de Manhattan contrapuesta a la pelea callejera de Buho y Silk. Todos los matices que esa doble escena revela en el cómic se pierden en un ritmo trepidante que no permite segundas lecturas, que no reposa su intencionalidad, y queda como mero fuego de artificio. Hay más ejemplos, claro. Por otra parte la estructura del cómic, en capítulos, y el débil tronco argumental de un tebeo nacido de la improvisación excitada, no benefician al desmesurado copismo/respeto de Snyder. Hubiera sido mejor darse cuenta que la dispersión es mucho más dañina en una película (o en una novela gráfica de lectura continua) que en una serie mensual donde, a partir del tercer número, Moore y Gibbons se han dedicado a olvidar el nudo argumental (la búsqueda de un asesino) para experimentar con la forma (un número de férrea simetría plástica para centrarse en la persona compleja que es Rorchech, un juego de elipsis y narrativa no lineal para discernir la naturaleza sobrehumana de Manhattan, etc). La cinta se demuestra tan descompasada como el cómic leido de un tirón, pero si este va avanzando a golpes de genialidades, estas se diluyen en el discurso fílmico.

Otro pero, muy personal: la voz en off. Sí, es algo inevitable, pero siempre he entendido los monólogos de Rorchach como un diario escrito, y Moore juega con ese escrito entendido como elemento físico, provoca un diálogo con las imágenes, tiene una entidad plástica que se pierde, convertido en cliché de cine negro.

Mas ya lo dije, aunque incompleta, me ha parecido una buena película. ¿Por qué? Pues porque, como he señalado, y sumando a los pros ya argumentados al inicio, Snyder es al tiempo copista (para lo bueno y para lo malo, quedó explicado) y autor personal que arroja su mirada. Y esta mirada es cachonda, vacilona, distanciada y guasona. Nunca hubiera esperado que Watchmen, la película, fuera una vacilada. Pero lo es, vaya si lo es. Desde ese “momento Vietnam” con Dr Manhattan destrozando al enemigo al son de… ¡La Cabalgata de las Walkirias de Wagner!, debería quedarnos claro que aquí hay mucho cachondeito. La banda sonora, que parece escandalizar al comiquero de pro, la veo acertoadísima, crea distanciamiento, ironiza y además es, para el género, insólita (uno se espera una BSO a cargo de Billy Corgan o así, algo molón y moderniqui, no una sucesión de hits con canas). Mención especial para el casquete con el galán Leonard Cohen de fondo. Genial.

Pero las coñas siguen; Adrian Veidt no puede ser más gay (en el cómic lo dejaremos en Apolíneo), la “gran pelea” de rescate carcelario se resuelve como si fuera un videojuego (tirando a cutrillo pese a los ralentís), y la cinta se regodea en el gore de mal gusto propio de la serie Z (no olvidemos que 300 ya era sanguinolenta, y que Snyder debutó con una de Zombis). Además su Buho Nocturno recuerda antes que al personaje del cómic al Bat-robocop cinematográfico, lo que es igualmente una vacilada de Snyder (oigan, si puede recrear a Manhattan, puede contratar a un actor panzudo y darle un uniforme cutre, que sería la versión Moore... pero opta por mofarse en la cara del murciélago cinematográfico, ¿qué pasa?). Y otra, no podemos olvidar a ese Nixon que le roba la nariz a Fofó, genial.

Añado actores fenomenales y una planificación de las escenas de acción fabulosa (salvo sa sobre-explotación del ralentí, que no siempre funciona pero que tampoco creo que esté mal en muchas ocasiones, como le achaca la blogoesfera), así como mucho estilo fílmico en los momentos más reposados.

No sé hasta qué punto alguien que no sabe ni papa de tebeos disfrutará Watchmen. Creo que sí, que lo hará con menos histeria paranoide que el Watchy-friky, y que además le va a apetecer, mucho, leer después el cómic: Y entonces verá que es aún mejor que la peli.

5 comentarios:

haddock dijo...

Muy buena reseña.
Sobretodo me parece muy interesante lo de la mirada sardónica de la cinta. No me lo había planteado yo así, e igual se pueden explicar unas cuantas cosas. Pero en caso de aceptarla como tal, el error sería no potenciarla hasta hacerla evidente, haciendo que solo te convenza a medias.
En cuanto a la introducción que puede dar para gente desconocida de la obra original, conozco ya unos cuantos casos. Y todos fallidos, sobretodo en cuanto al estilo de Gibbons se refiere. Una pena....

Octavio B. (señor punch) dijo...

Guibbons es un plato difícil de tragar si nunca has leído cómics (dgo de verdad, apreciando su capacidad de símbolo gráfico, de expresividad narrativa a través de lo gráfico). Insísteles, miente: "sí, el dibujo es muy malo, pero la historia es una pasada", o as´çi ;)

Lo de la comedia, eso es imposible, no se puede convertir Watchmen en Tropic Thunder, si quieres respetar su sustrato (alegoría negrísima y deseperanzada sobre la naturaleza humana). Y Snyder no lo hace. Se siente la ironía del autor al fondo, pero es eso, un run run que no entorpece el meollo... mmm, cada vez me está gustando más, la peli :))

Álvaro Pons dijo...

Muy interesante, pero yo sigo pensando que la componente irónica es una lectura del espectador ante los defectos, no una intención del director. Por desgracia, no creo que Snyder incluyera esos puntos de distanciamiento guasón si nos atenemos al tono que tiene en la película. Creo más que son excesos de respeto que quedan tan ridículos que caen en la parodia. Me temo que ahí hay más de buena fe tuya a la hora de ver inteligencia donde sólo hay incompetencia...

Octavio B. (señor punch) dijo...

es un punto en el que no vamos a encontrarnos ;) ¿Buena fe? yo, insisto, creo que Snyder ve el elemento kitch de la peli, y su debilidad si sólo atendemos a lo meramente argumental (el ejemplo más típico: dos bobos de solemnidad se cuelan en el despacho del tipo más listo del planeta y en un minuto acceden a sus archivos informáticos secretos y descubren todo...ejem, ejem). Es entonces sano reirse de Watchmen en lo que es risible (eh, álvaro, esto lo diré sólo aquí, donde no seré crucificado por ochocientos comentarios :D), y creo que Snyder lo hace, no lo veo incompetente en este punto, y al mismo tiempo quiere traducrir al cine lo grande del tebeo: sus personajes, todos increibles, sus ambientaciones, que en eso se nota la pasta gastada: perfecta, y falla en mi opinión evidentemente, al querer llevar la técnica del cómic a la pantalla miméticamente.

Pero claro, no podremos nunca discernir quién tiene razón sobre el humor en watchmen, y si le plantea alguien la pregunta al director, pues me dará la zazón a mí, que sale más guapo con mi punto de vista, eso está claro, aunque fuese mentira.

Javier dijo...

Es nariz de Nixon no puede estar echa así si no es a posta.

Lástima la escena de Manhattan en Marte, no llega a transmitir que el tío "vive" todas las escenas a la vez como en el comic, sino que parece que está narrando cosas que le han pasado.