16 marzo 2009

WINDY & CARL, songs for the broken hearted

La música de Windy & Carl es como la espuma de un café expresso. Informe pero homogénea, abstracta pero palpable, opaca pero ligera. Como una dispersión flotante que lo llena todo sin violencia, una cortina de sonidos amnióticos, una pulsión de ruido blanco que desborda el concepto de canción para decantar sinfonías ambient de electricidad estática. Y agridulce también, como la espumita. No es, desde luego, música para todos los públicos. Ni siquiera para todas las ocasiones.

Hacía años que no me acercaba a su mundo de zumbidos psicodélicos, pero los elogios (incluso desmedidos) hacia Songs for the broken hearted, su último trabajo, han renovado mi curiosidad por el duo. La primera novedad (tampoco es para tanto, estos no son de los que viran 180º, siguen su senda puliéndola y poco más) sería la reducción de minutaje que acerca su fórmula a cánones más convencinales. Los temas rondan los seis minutos, con alguna pieza de doce o trece. Puede parecer una eternidad a quiene sólo escuchan pop, pero para una banda que no se despeinaba al alargar una sinfonía de ruido planeador durante 20 minutos largos, seis es como un instante, y un prodigio de contención.

La otra variación es la mayor presencia vocal: Windy aporta su voz, psicofonía de un espectro triste, desafinado y sin aliento, a temas que realmente contagian abatimiento (abre Btwn You + me, y ya quedas tontito para los restos, y ni no ocurre así, las paredes de ruido y drones de La Doleur te dejan machacado por no colaborar en el juego). Si hace años sus cuerdas vocales eran un añadido más, un matiz, aquí aportan una textura agria y derrotada. Las cinco canciones que canta son las verdaderas "canciones para corazones rotos", cinceladas con dolor autista en medio de sus marasmos de ruido y trance.

En fin, Songs for the broken hearted son once temas encadenados, un continuo de sonoridades sin forma, planeadoras, una amalgama de ruido y tristeza no apta para todos. A mí me gusta, que conste, pero entiendo la evidente naturaleza minoritaria del asunto.






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