27 mayo 2009

la colina de un loco

Con la tele por cable (R en Galicia) tengo acceso a las autonómicas (algún día podemos hablar de Telemadrid). Por eso todos los martes (cuando de ello me acuerdo) conecto canal sur, para perderme en los climas que Jesús Quintero crea en su programa. El de siempre, mismo perro, collares distintos.

Un estudio que se crea a base de luces, sombras y objetos descontextualizados...



Un tablao para los artistas (localismo obliga, predomima lo jondo, lo aflamencado y lo adulto). Y por supuesto una mesa.

Cada vez soy más fan de este señor. Finalmente he entendido su gesto, sus monólogos a cámara, la expresividad de su gesto, la ógica de su declamatoria impostada, la fuerza amable de su mirada. Y por supuesto, cada vez me quito el sombrero con más convencimiento ante su talento para la entrevista. Crea calidez y confot sin resultar melindroso, pregunta sin miedo pero sin agersividad, saca del interlocutor el yo real, sin que este se sienta en el deber de resultar trascendente en cada frase. Salta de los temas más hondos a los más pícaros, conduciendo la entrevista, su tono, como un habil barquero mueve su chalana por los meandros de un río en calma. Por esa mesa pasan políticos y mendigos, artistas y banqueros, ex presidentes y delincuentes. Y a todos despide con una risa cordial y un "gracias" reposado. Ayer por ejemplo, habló con Boris Izaquirre, logrando deshechar al personaje televisivo y sacando a la luz al hombre culto, inteligente, vivido (y vívido), siempre irónico. El verdadero. Siempre en su mesa se sienta un personaje pero se despide a una persona (lo que no siempre supone, necesariamente, un halago al susodicho... las miserias, como las nolezas, también reflotan ante Quintero).


Cuando llegas a Jesús Quintero, a entenderlo, lo ves claro como el agua. Nadie en la caja tonta, ni nada, si hablamos de programas de entretenimiento, le hace sombra. Un gigante, el perro verde.
Un ejemplo en dos partes...