02 mayo 2009

MI PEQUEÑO, la dura aventura de ser padre

(prepublicado en El Faro de Vigo el pasado viernes)
La irrupción de “Mi pequeño” en el panorama editorial ha supuesto una refrescante sorpresa con ecos de los clásicos del cómic.


Un hombre es padre y viudo. Básicamente todo el corpus argumental de “Mi pequeño” se resume en esas seis palabras. Las cincuenta y seis exquisitas páginas de este cómic se centran en narrar las andanzas de un señor padrazo y su pequeñín, un bebé más feo que Pifio (o deforme, quizá). Lo presenta en sociedad, lo lleva a pasear por la ciudad, visitan el zoo. Muy sencillo todo. Pero la mirada de Olivier Schrauwen dista de ser prosaica o costumbrista. Su cómic es una zambullida en un surrealismo que transita entre la mofa y la crueldad, un viaje al absurdo sin moraleja. El padre amoroso, el niño con aspecto de tubérculo con pelo, la sociedad altoburguesa, una violenta tribu de pigmeos encarrada en un zoológico… todo está visto desde una lente deformada, a veces con mirada tierna, a veces cruel, siempre delirante. La lectura es dinámica, el libro se lee en un santiamén, pero sus mensajes inquietantes y muy libres (lo dicho, sin moraleja, sin didaxis) calan y nos hacen pensar en la naturaleza del amor filial. O en la desgracia de la soledad, o en las convenciones sociales que nos atan y encorsetan. Es por tanto una lectura fácil pero compleja, de sugerencias, que amalgama ideas pero nunca conclusiones, algo que el autor deja para el lector.
Aunque sin duda lo que antes llama la atención es la sorprendente forma de “Mi pequeño”. Últimamente el cómic crece como arte y como modo de expresión con personalidad diferenciada del cine, la pintura o la literatura. Se reconoce su idiosincrasia como medio narrativo único, se estudia su historia, sus maestros, incluso sus escuelas. Y los modernos autores de historieta, conscientes de todo ello, reivindican al cómic desde el propio cómic. Es decir, acudiendo a su propio legado artístico y a los logros pretéritos que la historieta ha legado a lo largo de su historia. Schrauwen se inscribe en esta tendencia, y dueño de una habilidad portentosa para el dibujo adapta su estilo al de los autores decimonónicos y los primeros exploradores del medio. Su trazo, la disposición de sus viñetas, la composición de las páginas, nos recuerda a los primigenios maestros de finales del siglo XIX y principios del XX. A Lionel Feininger, a Outcault, a los “Upside-Downs”, y sobre todo a Winsor Mc Cay y su “Little Nemo el el país de los sueños” (obra maestra, por cierto disponible en españa en lujosísimo formato, editado por Norma Editorial). Aunque al tiempo, y en sus tintes desasosegantes, evoca al David Lynch de “Cabeza borradora”, y en su faceta más pictórica (separa sus capítulos con estampas cargadas de onirismo), a Edward Hopper.
Una lectura absorbente de sabor agridulce que es al tiempo una declaración de admiración por el medio.Una sorpresa diferente y muy personal que merece mucho la pena.

5 comentarios:

Álvaro Pons dijo...

Magnífico artículo para un tebeo sorprendente! :)

Octavio B. (señor punch) dijo...

muchas gracias... no hubiera llegado a él sin la reseña carcelera ;)

Álvaro Pons dijo...

Pues de algo sirvió! :-)

toni bascoy dijo...

Bueno... pues un servidor se suma a los dos comentarios anteriores... muy buena la reseña... y yo tambien llegue a este comic gracias a don Alvaro. En principio no me atrajo mucho, me parecia un ejercicio de estilo vistoso, mimetico de los maestros que tu nombras... no imaginaba, ni por asomo, el mundo perturbador que encerraba entre sus preciosas paginas, un desasosiego dificil de describir con palabras, que va creciendo y haciendose fuerte en un rincon de la cabeza (borradora), volviendo una y otra vez, en los momentos mas insospechados. Vaya, que yo hasta le daria media estrellita mas. Me esta poniendo de los nervios que este ordenador no me deje poner tildes, pero bueno: un saludo, Mr. Punch, le sigo leyendo con asiduidad.

Octavio B. (señor punch) dijo...

gracias Toni