29 mayo 2009

My Bloody Valentine vuelven a repartir tapones para los oídos


Algún Twitter con fundamento asegura que se pasaron de rosca.
En El Mundo losan el Infierno, pero gozado.
Los que no estamos allí, recordamos la que nos montaron en Madrid hace unos meses, enlazamos el You Tube, y les añadimos la crónica del primer día del Primavera Sound que ha publicado El Mundo, porque sentimos que así, como allí lo describen, fue la experiencia Valentine (la nuestra, la de Julio)


En la entrada al recinto del Primavera Sound una persona ofrece tapones para los oídos a todos los espectadores. "¿Pero por quién me toma? ¡No soy un mequetrefe!", parece pensar la gente al rechazar con desdén la profiláctica oferta. Horas después, frente al descomunal muro de ruido que el cuarteto británico My Bloody Valentine levantó en el escenario principal a las doce y media de la noche, más de uno pensó inmediatamente en aquellos benditos apósitos amarillos.
El grupo liderado por el elusivo Kevin Shields era la principal atracción de la jornada del jueves. Y desde el primer segundo de su catártica actuación, cuando desencadenó un brutal impacto sónico que cualquier otorrino consideraría sencillamente inhumano, se meció en mareas de ruido, ruido y más ruido en canciones hipnóticas en las que las voces y sus melodías apenas se vislumbraban. Sin embargo, no hay en el espíritu de esta música rastros de violencia o de ira. No parece una reacción frente a nada: fue creada hace 20 años como una implosión interna y, recuperada todo este tiempo después, conserva esa pureza. Todo se reduce a un hecho físico, a transformar la textura del aire, a alterar la consciencia de la multitud de cerebros presentes por medio de la manipulación del sonido.

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