20 junio 2009

ALL-STAR SUPERMAN; Superman eterno

Prepublicado en el Faro de Vigo

Nacido en 1938, “el Hombre de Acero” es un icono del siglo XX en continua renovación hasta nuestros días.


Un hombre surca el cielo vestido de azul y rojo, con una gran “S” en el pecho. Es el súper hombre, Superman, y su vuelo fue el del primer superhéroe jamás concebido. Los cómic-books son su medio natural; cuadernillos grapados que contienen sus asombrosas aventuras a todo color. Pero también ha protagonizado famosísimas películas, series televisivas en los 50, dibujos animados, tiras de prensa, seriales radiofónicos en los 40, y por supuesto continuas renovaciones en los cómics por los autores más punteros (de Alan Moore a John Byrne, de Dennis O’Neil a Mark Millar) o por los argumentos más evanescentes (de la muerte de Superman, al superman Azul y el Rojo). En este espíritu de eterno rejuvenecer, “All-star Superman” era la más esperada vuelta de tuerca del hombre de acero en los últimos años.
Grant Morrison es un guionista capaz de articular herméticos discursos cercanos al más psicótico Philip K. Dick (su serie “Los Invisibles” resulta casi incomprensible, tanto como fascinante), o de revisar con inteligencia e imaginación iconos como los “X-men” ofreciendo un producto impecable y comercial. Y el ilustrador Frank Quitely se ha aliado no pocas veces con él para demostrar, obra a obra, que hay pocos dibujantes que se complementen tan bien con el guionista escocés. Por tanto las expectativas de leer su versión del mayor superhéroe de la historia eran, como poco, elevadas. Y sin duda quedan colmadas, porque “All-star Superman” supone la mirada más fresca y el homenaje más sabio al hombre de acero, a su esencia pura, a los añejos clásicos de los cuarenta y cincuenta repletos de maravillas y disparates, villanos coloridos y bondad sin matices. Este cómic rinde tributo a una forma de entender el género, alejada de los toques oscuros y de “verité” de otras obras contemporáneas como la película “Batman, el Caballero oscuro”, para indagar en la esencia más depurada de lo que es un superhéroe. Superman es, entonces, la transfiguración de la pureza moral, símbolo de lo virtuoso, modelo ético para todos nosotros disfrazado de tebeo intrascendente y naif.
El dibujo de Quitely apoya esta idea con una fuerza admirable: su Hombre de Acero es un semidios hercúleo, bondadoso hasta la candidez, que pisa la tierra como sólo lo puede hacer una transfiguración mitológica del bien absoluto. Y, algo a lo que ya nos tiene acostumbrado, su narrativa es primorosa, abundando en páginas espectaculares con viñetas panorámicas, grandiosas como el cinemascope. Y eligiendo para cada viñeta el mejor modo de reflejar la acción, o dotando de expresividad corporal propia a cada personaje (hay que ver lo que cambia el héroe cuando actúa como Clark Kent), Quitely se muestra como uno de los mejores autores contemporáneos. Todo pespunteado con un color espectacular a cargo de Jaime Grant.
En definitiva estamos ante, no lo duden, uno de los mejores tebeos de superhéroes de la década. Si el lector sabe disfrutar con su espíritu blanco, y apreciar el discurso de fondo que propone Morrison sobre la naturaleza de lo heróico, sin duda va a disfrutar reencontrándose con Superman y su clásica galería de villanos vistos desde una óptica tan tributaria como innovadora y contemporánea. Más aún, lo va a pasar como un niño, cosa maravillosa.



A mayores, podríamos hablar de la perfección técnica, del asombroso empleo de la elipsis, de los excelentes diálogos, de la batería de ideas fabulosas, o de esa primera página, exacto enmarcado para la historia del origen del héroe, que ya queda para los anales de los grandes momentos del cómic de esta década. Podríamos, en fin, hacer lo que no procedía; detenernos en este tebeazo más allá de un artículo generalista (hay que comprender que esto es un diario, el Faro de Vigo, y pide un tono determinado), pero no nos duele demasiado: otros ya lo han hecho con mucho tino (aquí, o más recientemente acá)

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