30 junio 2009

MAGIK MARKERS, Balf Quarry

El nuevo disco de Magik Markers pisa con seguridad. Si su anterior Boss demostraban dominio sobre las lecciones de sonic Youth y la no-wave, ahora quieren ser ellos los maestros de generaciones futuras. No hacía falta, Boss ya va perfilándose (para menda, al menos) como uno de los discazos de guitarras de la década, una implosión de furia controlada que da sopas con hondas a la mayoría de nuevos cachorros del ruido blanco americano. Balf Quarry abre con dos temazos que conducen su pasado hacia el blues pantanoso y hacia formatos de canción casi, casi estándares. Y de pronto te estalla en las narices Jerks, menos de dos minutos de bestialismo cosecha Royal Trux (o Pussy Galore, casi mejor). Pupita anarko-sonora, herencia de las alcantarillas que transitaron Jon Spencer y amigos antes de domesticarse.
El viaje prosigue por carreteras secundarias inesperadas: asonancias a lo freak folk (mejor no investiguen la etiqueta si no la conocen de antemano... chungo chungo), pianos crepusculares, no-wave y Sonic Youth asomando aquí y allá (inevitable), y algún amago de medo tiempo.
Así, frente al paquete-comansi/paquete-completo de su predecesor (bueno, o así lo recuerdo hoy por hoy... no lo escucho hace tiempo), Balf Quarry supone una travesía sin brújula, más sorpresiva aunque (o por, quizá) menos compacta o redonda.
En todo caso, demostrando que siguen en la brecha del rock más áspero, inconformista, incontrolado y excitante. Duro de pelar (tu siempre fuisteee...)


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