08 junio 2009

OMBLIGO SIN FONDO: Diseccionando la célula familiar en la América del desencanto

prepublicado en el faro de Vigo el viernes

Irrumpe en el mercado español una de las novedades más interesantes que viene a reafirmar la madurez de la novela gráfica.


Cada vez resulta más difícil seleccionar dentro del generoso caudal de novedades mensuales, a la hora de recomendar una de ellas al lector. La calidad de los autores más comprometidos con el medio entendido como arte es notable, y los títulos merecedores de atención son siempre demasiados para estas líneas. Sin embargo, de la variedad de novedades que ya ha traído el primer tercio del año (y a la espera del caudal que siempre supone el Saló de Barcelona), “Ombligo sin fondo”, de Dash Shaw, no debe perderse en el marasmo de publicaciones. De hecho, basta ojear en la librería el tomo para evidenciar que, simplemente por presentación y formato, estamos ante una de las publicaciones más visibles de la temporada. Nos enfrentamos entonces, ya en un primer vistazo, con un libro de cuidada edición, exquisito al tacto, con dos portadas diferentes. Y lo más obvio, de muchas páginas. 720, concretamente. Sobrepuestos de la sorpresa, deviene la pregunta; ¿para qué tal volumen, semejante grosor? Bueno, “Ombligo sin fondo” es un relato sobre la fragmentación familiar. Unos padres (Maggie y Paul Looney) invitan a la casa costera familiar a sus hijos, nueros y nietos, tras revelarles que, tras cuarenta años de casados, los patriarcas se disponen a divorciarse. A partir de semejante noticia-tsunami, Shaw va desenmarañando la personalidad, las maneras de aceptar/desafiar/negar tamaño trauma en el seno de los Looney. Por tanto, nos encontramos ante una disección del alma, de varias almas, de sus anhelos, sus frustraciones (latentes o manifiestas, pero siempre amplificadas por los inesperados acontecimientos), su perspectiva de su propia realidad.
La juventud del autor de este cómic claramente “indie” no es barrera para su osadía técnica. No sólo por llevar a cabo la idea de un trabajo de extensión poco común en la historieta, sino por su continua búsqueda de recursos narrativos, búsqueda que aporta soluciones imaginativas y eficaces, como técnicas de diagrama explicativo (algunas páginas nos recuerdan a los folletos de un avión, verdaderos diagramas de significados), así como ritmos diferentes para las escenas, que van de la velocidad de lectura manga a paisajes casi estáticos, conversacionales o de expresivos gestos y silencios, a la manera de un Chester Brown. Con un abanico de tonos y recursos amplio (y que no procede aquí desgranar), Shaw a veces cae en su propia trampa, no escapa de cierta dispersión, no puede dotar de unidad orgánica al relato. Pero con todo, y si consideramos que hablamos de un autor joven, hay que reconocer que la altura de miras se ve correspondida con una obra de discurso maduro, sereno, ajeno a lo discursivo, que se aplica en el dibujo (feísta, aparentemente tosco pero haciendo diana en la expresividad gestual de los “actores”) y aporta soluciones narrativas ciertamente sorprendentes.
Sin duda “Ombligo sin fondo” va a permanecer en la memoria del lector como un catálogo de las posibilidades del cómic como arte y de la capacidad del medio para captar con hondura los temas más complejos. Y tras ello, sin duda, el lector puede seguir sorprendiéndose gratamente con el cómic on-line que el autor está desarrollando hoy por hoy y comprobar como el aspecto desgarbado de su trazo en “Ombligo sin fondo” fue totalmente intencional, frente al acabado más virtuoso de su webcómic (http://www.dashshaw.com/)

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