22 junio 2009

SONIC YOUTH The eternal

Qué difícil es hablar de Sonic Youth. Uno podría dejarlo en ": leer aquí" y casi, casi fiesta, porque desde, pongamos, 1995, la regularidad de los neoyorkinos no da tregua, ni cambios abismales para que arqueemos el cejamen. Son ellos, los SY de siempre, tan reconocibles como un riff de AC/DC.

Así que aquí digo que The Eternal no defrauda ni vira su libro de estilo a ninguna parte, que transita magistralmente su propio universo, y lo dejo.

Ahora bien, podremos preguntarnos por qué: por qué Mogwai son criticables por hacer de sí mismos desde hace un lustro (o desde hace tres discos, mejor), y sin embargo los reyes del indie, los padres del Noise, no se agotan tras treinta años en la música.

Creo que el secreto, su pócima mágica, está en su método (amén de su enorme virtuosismo como músicos). Creo, en fin, que cada banda encuentra su mapa, su libro de estilo, sus reglas del juego. Después de ese momento mágico (para Moore y cia. hablaríamos de EVOL, 1986), hay que elegir si recorrer el laberinto construido o salirse del pergamino y trazar nuevos mapas. Cuando te quedas en tu sitio e insistes, lo que se pone a prueba es el método. Y en el caso Sonic Youth, disco a disco desde hace ya veinte años, lo que queda claro es que ninguna otra banda de rock ha creado un manual tan perfecto y al tiempo de márgenes tan anchos, permitiendo variables que impiden hablar de autoplagio. Cada nuevo trabajo esconde sorpresas que remiten a su legado (la lija de las cuerdas vocales de Kim Gordon, las punzadas disonantes de las guitarras...). De The Eternal, por ejemplo, podemos decir que refuerza el componente agresivo de Goo o Dirty sin perder inmediatez, que vuelven a lanzarse por derivas sonoras, o que como novedad se deja llevar por perversos juegos de coros maliciosos (¿la Juventud Sónica soltando sha-la-las ?). Pero lo fundamental es volver a comprobar que las leyes de su física particular vuelven a demostrarse sólidas y flexibles al tiempo, sin revelar fisuras o debilidades.

Y respecto a la actitud, insobornable, el otro punto cardinal que sostiene a la banda, vuelve a sentirse que respiran ROCK, que tienen sangre joven y en ebullición, que se tensan antes de acomodarse. Por aquí podrán darnos algún susto en el futuro (como el presente Bob Mould, quien pese a su talento melódico lo sentimos demasiado contento consigo mismo en sus últimos discos). A día de hoy, con The Eternal sonando desde Spotify, no veo ese día ni en el horizonte: SY rules!!

Sólo de ellos me atrevo a decirlo: Sonic Youth son incapaces de sacar un mal disco.






3 comentarios:

probertoj dijo...

Yo ya sabes que estoy contigo. Eso sí, no tienen ni puñetera idea de elegir a buena gente para que les haga los vídeos

Octavio B. (señor punch) dijo...

de acuerdísimo, o los hacen malos con ganas, o psicodélicos con imágenes superpuestas.

toni bascoy dijo...

Bueno, más que malos tienen una estética como dejada, tipo Richard Kern y todos esos directores, el equivalente no wave en cine. Vamos, digo yo.
Por lo demás, sí, estupendo el último disco. Me ha hecho desenpolvar el Goo y el Daydream. Un saludo.