22 julio 2009

ACME, o el tebeo que está marcando el futuro

post prepublicado en Faro de Vigo

Chris Ware es, casi sin ninguna duda, el mayor talento vivo del mundo del cómic. Su forma de entender la historieta parte de los clásicos para crear algo totalmente revolucionario.






“El Catálogo de Novedades ACME”. Un título curioso, enigmático, para encerrar un universo sorprendente. Un libro-objeto de dimensiones desaforadas (38’7x24’5, un verdadero quebradero de cabeza para según qué librería doméstica), una experiencia visual, plástica, y sobre todo, un tebeo colosal. La “revolución Ware” queda compendiada en este precioso tomo. Hay mucho más material inédito del autor de Nebraska, pero al menos podemos decir que en ACME encontramos una muestra perfecta de su universo. Hablamos de un microcosmos de pequeñas historias, de diversos personajes extraídos de la serie B (como ese explorador espacial que sobrevive en un planeta desierto, o un superhéroe fondón y calvo), personajes de raigambre “indie” (niños tristes, frikis del coleccionismo más inútil) o del acervo de la historieta, como los ratoncitos antropomórficos. También hay en ACME esperpénticas microhistorias del arte, densos anuncios publicitarios falsos, y diminutos ejercicios de estilo (como ese tebeo que puede leerse, acaso con ayuda de una lupa… ¡en el canto de su portada!). Todo ello para describir un único panorama existencial, el del desasosiego interior del autor, un grito ahogado de quien ve la miseria de la sociedad contemporánea. Todo en este cómic es vitriolo, desazón y amargura ante un destino yermo de recompensa. La vida, nos dice Ware, es esta miseria gris. Ni siquiera es intensa en lo malo; esto no es un gran drama teatral y operístico, sólo una condena. Lo peor, acaso, es que al contárnoslo, nos provoca una inrrefrenable sonrisa, con la que sentirnos más culpables aún.
Pero ¿por qué tanta afirmación categórica?, ¿qué tiene Chris Ware que lo hace tan especial, tan grande? En primer lugar, una habilidad gráfica portentosa que ata férreamente a la tradición. Sus trazos minimalistas remiten a la línea clara de un Hergé, o sobre todo a los grandes autores estadounidenses de principios del siglo pasado, a obras como “Krazy Kat”, “Little Nemo” o “Gasoline Alley”. Además, su narrativa evoca la de aquellos pioneros: evita los modos del cine (cuántos cómics semejan storyboards de películas), la textura pictórica, o el peso literario (que destina a sus falsos anuncios publicitarios, verdaderas cabriolas lingüísticas). En cambio sus cómics son verdaderos ejercicios de narrar con imágenes consecutivas, comprenden la esencia del medio, donde texto e imagen en secuencia se imbrican de un modo único. Y para rematar la jugada, emplea esa técnica narrativa para renovar e ir un par de pasos (de gigante) más allá de lo que ningún otro autor ha ido jamás. Desde la perspectiva axonométrica que habitualmente utiliza para manifestar ese mundo pulcro y gélido, pasando por la cuidadísima tipografía de sus textos, hasta el empleo del color, el bitono o el blanco y negro siempre buscando el efecto adecuado, cada tira, cada historieta contenida en ACME es una prueba de que no todo está inventado en el mundo del cómic.
En definitiva, estamos ante un trabajo denso, de lectura inabarcable (leer todo ACME de golpe se revela tarea titánica) que exige mucho al lector y se recomienda en dosis breves y espaciadas. Un acercamiento tranquilo a un libro que en tiempo presente desvela un futuro excitante para la narrativa gráfica: con la lectura de “The ACME Novelty Library” asistimos en directo a una verdadera revolución en la historieta.

8 comentarios:

toni bascoy dijo...

Suscribo hasta la última palabra (por cierto, me alegro de que te saltases tu norma autoimpuesta de reseñas breves: el ACME da para esto y para una tesis doctoral). Un tebeo inconmensurable, que no parece la obra de una única persona, sino el trabajo de toda la vida de una docena de artistas... la clase de obras que se merecen una hipotética sexta estrella.
Un saludo y buen verano

Octavio B. (señor punch) dijo...

ojo Toni, no me salto la norma: es un artículo del periódico Faro de Vigo, única excepción a la regla. Cada 15 días (+-) publicaré lo que saco en el periódico cada viernes alterno... como siempre.
Tampoco tiene mi norma mucho isterio... me desplazo a diario 50 km, salgo temprano y vuelvo a estas horas (+- también). Si quiero mantener un cierto ritmo de edición, y quiero, debo abreviar, lo que también me da juego para escribir en otro estilo, más al grano, jugando con los títulos para que expresen ideas, etc.

Octavio B. (señor punch) dijo...

sobre estrellas... yo ya tengo claro que es el tebeo de la década ;)

toni bascoy dijo...

Para mi también, sin duda. Un autor y una obra que parecen un vórtice que se lo traga y regurgita todo. Hasta autores de estilo consagrado caen bajo su influjo: los espabilados de Nosotros somos los muertos, pioneros en reverenciarlo, o hasta Clowes (es paranoía mía, o el Ice Haven no sería igual si no existiese la obra de Ware?).
Un placer leerte siempre, sea breve o largo. Un saludo

Octavio B. (señor punch) dijo...

"(es paranoía mía, o el Ice Haven no sería igual si no existiese la obra de Ware?). "

http://estodigo.blogspot.com/2007/02/ice-haven-de-daniel-clowes.html

toni bascoy dijo...

Jajaja... vale, no era cosa mía.

probertoj dijo...

Y ojo también: me parece muy impresionante la edición en España de la obra, que ha tenido que ser un trabajo de chinos de impresión, pero que es para quitarse el sombrero, salvo que me haya perdido algo insulsamente polémico

Octavio B. (señor punch) dijo...

alucinante edición, sin duda...