06 julio 2009

BERLÍN, CIUDAD DE HUMO, de Jason Lutes

Jason Lutes sigue su odisea, la de un autor indie metido a novelar en imágenes la República de Weimar previa al alzamiento nazi, en tres álbumes y más de 600 páginas. Ya hablamos de la primera parte de Berlín (ahá, enlazado para que lo recuerden o lean), y ahora toca hacer lo propio con su ecuador a la espera (paciente) de su conclusión.

Y el segundo volumen, dentro, ojo, de un notable resultado, me ha dejado más frío que su antecesor. Si aquel supuso una impresión excelente, se debe en buena parte al factor novedad, o sorpresa. Un casi recién llegado al mundo del cómic abordaba una complejísima historia coral, un exacto retrato de una época harto interesnate. El autor, además, era del otro lado del Atlántico, cosa curiosa, y la extensión del proyecto, ya anotada, abrumadora. Y el tomo en cuestión absorbía por su densidad, por una técnica narrativa amanerada pero eficaz (diseños de pagina muy cartesianos, narratividad muy visible, voces en off...). Por sus pretenciones de impecable fresco histórico.

Sin embargo, asumido todo ello y constatado que el nivel se mantiene (y evoluciona su dibujo un poco, de la línea clara a un ligero expresionismo... ejem... alemán), encuentro ahora que falta el factor impacto de su primera parte, con lo que la frialad de la obra se nota más. ¿Demasiado?. Los personajes ya no conmueven, y eso es iportante. Son muchos actores y muchas situaciones, y si en el lector no termina empatizando, si todo se ve desde la distancia omnisciente, no nos sentimos implicados. Aunque puede que ese sea el interés de Lutes, darnos la panorámica de una sociedad en declive económico, y también moral, a la que no nos podemos agarrar desde ningún ángulo. Los vividores, los obreros, los ilustrados, los analfabetos, todos son parte de un engranaje, la gran capital germana, que no funciona. Y la solución, lo sabemos por la historia, vino a poner las cosas peor.

Así que bueno, el tebeo es frío y distante, pero ello se convierte en discurso, mensaje (que no didaxis u obviedad). Aunque nos gustaría volver a emocionarnos con una relación, simpatizar con un personaje, como ocurría en el primer tomo.

En todo caso, el desenlace de Berlín puede ser algo para recordar.

3 comentarios:

probertoj dijo...

Cierto, la frialdad de Berlín se ha hecho más grande en este segundo tomo, pero está claro que es algo buscado por Lutes. En Berlín no hay sitio para quedarse con la odisea alguno de los personaje: poco a poco todos se van envileciendo de tal manera que sólo la distancia permite seguir mirando sus vidas.


Creo que Lutes nos pone a los lectores como entomólogos y que él también se siente así. En todo caso, un imprescindible. Más ahora, incluso, cuando está demostrando que Berlín va por un camino diferente al de Juego de Manos.

Octavio B. (señor punch) dijo...

Sí, la frialdad puede tener ese propósito, así lo he entendido... y así me convenció, por cierto, tu reseña en Zona Fandom, simpatiquísimo blog de frikadas varias que aprovecho para recomendar...¡visiten ZF! (coño, es el primer espoiler externo-autogenerado de la historia de la blogosfera :P)

Con todo, y sin quitarte razón, esa distancia tiene invariablemente el efecto distanciador, lo que será una perogrullada pero que tiene consecuencias: la lectura no emociona, es más descriptiva/analítica que emotiva. No es malo, o en todo caso es una opción.
Y eso sí, poco queda del indie sensible de la excelente Juego de manos, lo que es bueno, sí.

probertoj dijo...

"espoiler externo-autogenerado" JAJAJAJ

Por cierto, la edición muy bien. Y ahora a ver cuánto tarda en hacer el siguiente tomo, el último, que es otro obstáculo tremendo, porque además Lutes no es que dibuje a los personajes con muchas diferencias, ¿eh?