27 septiembre 2009

Expandiendo los sentidos a través de las viñetas: EL GUSTO DEL CLORO

Prepublicado en Faro de Vigo

Hay veces en que una mínima historia es el puente que nos lleva a un universo de sensaciones que trascienden lo contado. Este es el caso de “El gusto del cloro”.

Bastien Vivès es un joven autor galo inédito en España hasta ahora, de modo que la edición de esta historieta de mínimo argumento ha supuesto toda una sorpresa.
¿Qué nos cuenta “El gusto del cloro”?. Un hombre debe, por prescripción médica, ir a nadar con regularidad para mejorar sus problemas de espalda. Obedece el consejo, acude a la piscina. Nada. Y conoce a una mujer que también nada. Se enamora. Ella, quizá también. O quizá no. Dejemos, mejor, espacio para la intriga en lo parco del asunto que se trata en estas páginas, y abordemos, más allá de lo meramente argumental, qué nos propone Vivés. Porque ahí radica la grandeza de este tebeo hermoso e hipnótico. En su compás, en el “tempo” que nos marca a los lectores. Con una narración casi muda (estamos ante un tebeo de pocos diálogos, práctica ausencia de textos de apoyo y, por el contrario, generosos y expresivos silencios), “El gusto del cloro” se convierte en un ejercicio de poesía en imágenes, con una cadencia de ritmos y, podría decirse, de rimas, provocada por la fluida disposición de sus imágenes. Así, los cuerpos nadando conforman líneas cinéticas que trazan mapas en la página, que son como cadencias, movimientos de un invisible director de orquesta, paralelismos y consonancias cargados de significados.
La expresividad del trazo, la capacidad de captar cada gesto, cada intención reprimida, cada misterio no explicado, se revela, por encima del andamiaje de su argumento leve, la verdadera esencia, el contenido. En el fondo este cómic de colorido amniótico e irreal (tan propio para el ambiente de las piscinas públicas, algo así como naves espaciales en tu propio municipio) nos habla de los vericuetos de esa sensación, irrefrenable, misteriosa y dulce, que es el enamoramiento. También de la desazón cuando no hay respuestas, o cuando estas no siempre son las que nos imaginamos. Y uno, al cerrar su última página, comprende que lo profundo, como en una piscina, puede ser de una ligereza casi inasible, una sensación que nos recorre, que nos da sentido aunque no siempre seamos capaces de razonarla (ni mucho menos de verbalizarla). O que en última instancia lo que hace interesante esta vida se alimenta de pequeñas sorpresas cotidianas, un “algo” casi arcano que aparece en forma de fascinación en los lugares más baladíes e insospechados: en la figura automática de una joven que nada, o en las páginas del tebeo más modesto y liviano.
Insistamos: más allá de teorizaciones o argumentos academicistas, “El gusto del cloro” (Diábolo Ediciones) debe ser tenido en cuenta por su enorme capacidad de hacernos volar (o flotar) con los mínimos artificios, desde el lenguaje propio de la historieta, en un libro que se devora primero y que se relee varias veces más.

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