13 octubre 2009

LA VIDA ESTÁ BEN, SI NO TE RINDES, el (falso) paradigma del cómic costumbrista

Este viernes hemos revisado para el faro de Vigo uno de los cómics más importantes del tebeo indie norteamericano. Posiblemente el más relevante tras la estela de los hermanos Hernandez (los de "Locas" y "Palomar", tebeos reseñados dentro de la serie "Mis cómics de cabecera", busquen en las etiquetas al respecto si sienten curiosidad)

“La vida es buena, si no te rindes” es uno de los mejores cómics alternativos de los noventa, antesala del “boom” adulto de la Novela Gráfica.



Seth es uno de los autores más importantes del tebeo contemporáneo. Desde la excelente editorial canadiense D&Q, representa con Chester Brown y Joe Matt al prototipo del autor independiente, personal, antes artista que artesano o engranaje de una industria. Lejos, en este sentido, de tebeo de superhéroes o del álbum de género a la europea, su obra “La vida es buena, si no te rindes” (editorial Sins Entido) supone una mirada autobiográfica y en primera persona. La excusa argumental es sencilla: el propio autor, coleccionista de antiguos “The New Yorker” (famosa y decana revista de humor gráfico estadounidense), descubre en sus páginas a un viejo dibujante, un tal Kalo, de escasa producción pero admirable talento. Entonces Seth se plantea rastrear a ese desconocido ilustrador, acción en la que emplea el resto del relato.
Lo que en otras manos podría adquirir tintes de amable investigación, de búsqueda, en el autor canadiense resulta un viaje a su propio interior, a sus dudas, a su personalidad, al encanto de un individuo que viste, siente, se visualiza a sí mismo fuera del tiempo, más apegado a ese pasado que el misterioso Kalo representa que al hoy. Con ello, lo realmente interesante no será el resultado de ninguna pesquisa, sino el viaje a ese alma, a sus inquietudes artísticas (porque ser autor de cómics implica precisamente eso; ser artista, y saberlo), a sus problemas de convivencia, sean con la familia, con los amigos (algunos de ellos, autores de tebeos como los arriba citados, que se pasean por las viñetas de Seth como un personaje más), o con las mujeres y la relación de pareja. En fin, que de lo que se trata es de ver y entender la vida de Seth, y cómo este la vive según sus propios códigos, tan personales y singulares.
Además, esta historia presuntamente biográfica, observen la gran pirueta… es falsa. Kalo no existe, es una invención, y por tanto lo narrado jamás pasó. ¿Cómic biográfico? No, Seth crea espejismos para hacernos reflexionar sobre los medios y los géneros, eso que no deja de ser una convención algo fútil.
En cuanto a lo formal, el autor bebe sin disimulo de maestros evidentes, como Charles Schultz (Snoopy) o la línea clara europea de Dupuy y Berberian, un dibujo aparentemente débil que esconde un dominio brutal, una capacidad de sugerencia casi poética (esos silencios) y una envidiable capacidad de asimilar referentes sin perder personalidad (y no es sencillo, créanlo, recordar a Hergé o a los ilustradores de prensa de los cincuenta, y al tiempo establecer un estilo propio, intrasferible). Y Seth es un magnífico dibujante de cómics, en fin, porque también sabe entender el medio, dotando a su obra de un ritmo determinado, pausado, y de un pulso melancólico fascinante.
Y luego está el título: porque sí, la vida es buena, si no te rindes. ¿No es francamente bonito leerlo, pensarlo, y hasta convencerse de ello?

2 comentarios:

Nemo Nadir dijo...

Una reseña certera, qué envidia. Enhorabuena.

Octavio B. (señor punch) dijo...

gracias, nemo