11 noviembre 2009

GEORGE SPROTT, caleidoscopio perfecto

Necesitaría mucho tiempo y energía para articular un estudio merecidamente detenido de este cómic. Seth ha dado su do de pecho, ha conseguido su mejor obra renunciando a sus formas y adoptando las de Chris Ware (ya comenzó este viaje en su anterior e inédito "Wimbledon Green"). Pero no tanto, porque desde la primera página, pese a que los alardes gramaticales nos recuerdan al gigante autor de ACME, también es evidente el estilo propio del canadiense. La geometría de la página conserva esa cadencia, ese diapasón que lleva al lector con un ritmo suave y controlado. Los tonos, los estudiados cromatismos, el apego a los grandes maestros del New Yorker en su estilo de dibujo, el gusto por retratar lo común para extraerle toda su trascendencia... son puntos cardinales en el laberinto Seth, que descifran todas sus obras.

En George Sprott retrata la vida de un individuo de juventud aventurera que finalmente consigue cierta fama presentando un curioso programa sobre aventuras en el Polo, para la televisión local. Figura singular y también vulgar, tan suculenta como mediocre, contradictoria y compleja como cualquiera de nosotros, Sprott es retratado desde múltiples ángulos (voz nada omnisciente, entrevistas a cercanos...), y la historia se construye como una composición de fragmentos. Lo natural sería entonces enfrentarnos a una lectura que se descompone, pero el talento de Seth nos engancha y logra un hilvanado sobresaliente: juega con distintos formatos, altera páginas abarrotadas (que no agarrotadas) de pequeñas viñetas y textos, con dobles páginas de paisajes infinitos (polares, o metropolitanos, todos silentes y deshumanizados), o injerta escenas de narrativa más ortodoxa.


Con todo ello, la forma (compleja, fragmental, reticular) complementa el fondo, ese retrato del inabarcable absoluto que es un ser humano, y el conjunto logra una historia llena de matices, intensa, agriducle, que nos encara directamente ante las grandes preguntas, pero sin plantearlas con subrrallados de brocha gorda, sino desde la elíptica sutileza que, siendo ya habitual en Seth, aquí se refina como nunca.

Se podría estudiar la batería de recursos narrativos que despliega Seth, pero como decía, no hay tiempo, así que simplemente les recomiendo que se hagan con este inmenso tebeo.
Obra maestra, puñetas. Obra maestra (eso sí, que no respeta el formato del original americano -abajo-, más grande, de tapa dura y un papel más "gordito", ni tampoco el diseño original de su portada... y en este tebeo uno piensa que todo cuenta y expresa, hasta el gramaje de los folios, vamos...)

2 comentarios:

Skarloc dijo...

Tenemos un eterno problema con las ediciones en este país, cuando no es la reproducción, es el tamaño o la traducción.

Ojala supiera inglés, francés y japonés para comprar sólo ediciones originales.

toni bascoy dijo...

Y eso que los de Mondadori con Ware se lucieron. Seth no debe resultarles tan importante, lástima. Por lo demás, un grandísimo cómic y muy buena reseña (aunque sea apresurada).
Un abrazo y a seguir diciendo.