11 diciembre 2009

algunas consideraciones sobre los 4 fantásticos de Millar y Hitch

A estas alturas de la serie en su etapa del dúo Millar/Hitch, que encara su apoteosos final (parece que todo amanuense con ínfulas de “auteur” superheróico tenga que abandonar el barco a la manera grandilocuente de los Peplum del Hollywood clásico, qué coñazo), hay que hacerse muchas preguntas, ya no sólo tocantes a los autores sino en tanto que paradigma del tebeo superheróico de nuestro tiempo. Si hace años (pienso en la era Image) los tebeos de héroes empijamados eran un absurdo ilegible, los últimos años han traido una serie de autores que ciertamente quieren construir historias (Bendis, Johns, Brubaker, el ya clásico Morrison). Pero no siempre tienen el talento (o la libertad creativa) para hacer algo de calidad. Y entonces lo disfrazan con golpes de efecto (estilísticos o argumentales). Y da rabia, porque, centremos ahora en las aventuras del cuarteto cósmico, no me desdigo de lo escrito en su día respecto a los 4F Millarianos, pero con cada nuevo número voy cansándome más de sus artificios.

Me agota que Millar quiera seguir siendo el niño malo con birlibirloques repetitivos. El principal, traer a personajes o leit motivs clásicos para darles jabón: (ojo, destripo a continuación hechos de la serie) que si ahora mato a Galactus en dos viñetas, que si mañana el mejor villano de todos, el regio Doctor Muerte, es un escudero barato de un malo muy malo que me saco de la chistera, que si hoy destripo a Uatu, que si mañana caso a La Cosa con una chica salida de hace cuatro meses… (FIN DE DESTRIPADAS ARGUMENTALES, O PARA LAS NUEVAS GENERACIONES: FIN DE SPOILERS)

¿Por?¿De verdad el lector se sorprende de esto asuntos si propósito real? Qué lejos quedan los tiempos en que un autor de verdad (acaso más modesto, sin necesidad de diálogos chupis) como Walt Simonson era capaz de hacer unos 4 F realmente renovados simplemente con el ritmo narrativo ajustado a una trama original y vibrante, con saltos dimensionales, humoradas disparatadas y más ciencia ficción que nunca. Incluso, sin irnos tan “atrás” (menos de veinte años, pero la memoria del fandom es volátil, pecera), la aventura inicial de la etapa de Waid, enfrentando al grupo contra una... fórmula matemática viviente, ya contenía más sabiduría y entendimiento del cuarteto que todas estas chorradas de abracadabra para frikis.


Y sin embargo, puñetero Millar, sabe tirar de algunos hilos para que su tebeo no sea un desperdicio, y quieras, como lector, ver en qué acaba todo esto. Desapasionadamente, eso sí (al menos en mi caso: prefiero la contundencia con que Johns está creando un estilo para Green Lantern, menos epatante pero al menos sólido). Y bueno, se puede decir también que, frente a otros, Millar también inventa nuevos personajes y amenazas originales, vale, pero me temo que de escaso carisma, aunque le doy el beneficio de la duda: esperemos a ver cómo acaba todo.


Ah, Hitch es tan espectacular como, no pocas veces, confuso. Quizá se olvida de que no dibuja para un formato álbum, o algo así, pero madre mía, cuanto despliegue talentoso de imposible digestión (en plata: que no siempre se te lee bien, mozo)

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