19 diciembre 2009

Ya vuelve Papá Noel

De las muchas versiones que la cultura de masas nos ha brindado sobre la figura de Santa Claus, pocas superan la de Raymond Briggs en un cómic para los más pequeños que, igualmente, es un disfrute para los padres.



El día 24 de Diciembre es importante. Lo es para todos los niños del mundo, pero sobre todo lo es para Papá Noel. Esa noche trabaja, ¡y menuda tarea le espera! En volandas de la magia y la maravilla, recorrerá el mundo para entregar los regalos de adviento en todos los hogares. Y todo, en una sola noche.


Esta es la premisa que sostiene “Papá Noel”, un tebeo breve y encantador que La Galera Editorial recupera para los lectores españoles (estaba absolutamente descatalogado, pese a lo atractivo del asunto en estas fechas). Su autor, Raymond Briggs, es ilustrador y escritor de cuentos y cómics infantiles. También (y sobre todo) es conocido por la traslación a la pantalla cinematográfica de su triste cuento post atómico “Cuando el viento sopla”, delicado y agrio canto de cisne para adultos.


Su recreación del San Nicolás convertido en icono popular del siglo XX (y desacralizado, nada recuerda a su origen cristiano este abuelo regordete y escarlata) resulta una aproximación encantadora y cargada de un humor fino que también mira al adulto. Su Noel pasa un día de duro trabajo agotador, está por ello molesto (cabreado, vamos, como todo el mundo cuando tiene un día de locos en el curro), es cascarrabias aunque cariñoso con sus animales y mascotas, le gusta el buen comer y mejor beber, y es metódico en su quehacer diario (no perdona su buen desayuno continental, se lee la prensa matutina…), y cómo no, resulta eficaz en su imprescindible trabajo: al final de la larga noche navideña, por supuesto, habrá realizado su labor eficazmente.


Esta estampa deliciosa y renovadora (en su día, pues este cómic ya es un clásico, originalmente editado en los setenta) se presenta con un trabajo magnífico, un cómic frugal que se lee en un santiamén, pero que esconde un enorme cuidado en su diseño. Briggs dibuja con un estilo suave, caricaturesco, pero al tiempo puntilloso (como ese retrato del palacio de Buckingham exacto, sobrevolado por el mágico trineo), el color es delicado, y sobre todo el despliegue de artificios narrativos resulta remarcable: desde los silencios prolongados (este tebeo es casi silente, lectura para los más pequeños) hasta el logro de saber imponer un determinado ritmo a cada escena (la parsimonia hogareña, el azaroso viaje por las nubes salpicado por toda clase de inclemencias metereológicas, los merecidos reposos en el camino de Papá Noel…), las viñetas panorámicas (ocupando dos páginas, como si fueran una pantalla de cine alargadísima), las viñetas a toda página o a doble página alternando con diseños más ortodoxos… todo bellamente dispuesto y sabiamente empleado.¿Y qué decir de recursos hoy tan “revolucionarios” como efectos de transparencias arquitectónicas? Autores como Shaw o el mismo Ware los emplean a menudo, pero hace treinta años ya fueron usados por Briggs como el mejor modo para reflejar la actividad, casi furtiva, de Noel colándose en las viviendas mientras sus propietarios duermen plácidamente.


Cabe señalar que hay más obras de Briggs disponibles, como “Gentleman Jim” (Ed. Astiberri), pero qué duda cabe de que, para estas fechas, es este cómic la golosina que más nos puede tentar.



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