
Ha saltado en la red una discusión a tres bandas interesante, entre autores de cómic :
Segio Bleda abre la veda en su blog, y arremete contra (o critica, o define) un modelo de autor "esquirol", que podemos decir trabaja desde el amateurismo y vende su producto al mejor postor, lo que revierte en salarios mínimos, y competencia desleal desde el intrusismo.
Le contesta
Pepo Pérez, y contrareplica
Beroy.
Recomiendo leer esos artículos y los comentarios que generan cada uno de ellos. Supone adentrarse en los vericuetos de una profesión, la del autor de cómics, desde tres perspectivas diferentes (o más de tres: en los comments platican otros autores).

Aquí, que no somos del gremio, quiero sacar del particular para generalizar, como modo de dar luz al asunto, quizá. O una luz nueva, yo que sé... en todo caso, recalco que con mucha humildad. No sé, miro desde fuera a la profesión del autor de cómics. Quizá por ello sea una apreciación interesante (y por qué no, indocumentada o disparatada, no lo niego, pero es la mía)
Porque lo primero sería discernir qué significa
el intrusismo. En el mundo de la restauración de arte, por ejemplo, uno puede ser contratado por una empresa para restaurar la fachada de la catedral de Burgos. O montar un taller por cuenta propia. Para lo segundo, deberá constituirse en empresa o en autónomo, y arreglar una burocracia feroz y sanguijuela. Para lo primero (ser contratado por tercero), cada vez es más perentorio demostrar las capacidades
técnicas mediante un título, e incluso apoyarlas en un currículo laboral. Así es en el "mundo real". Si alguien monta un chiringo clandestino en el garaje, está practicando el intrusismo, y la ilegalidad. Si una empresa contrata a un tapicero para trabajar como técnico en restauración... no. Simplemente obra en mala conciencia, pues debería contratar para ese puesto a un restaurador, y él sabrá porqué contrata a ese tapicero para restaurar (ejemplo) un grupo escultórico de Berruguete o un retablo en un pueblo, trabajo que va a pagar el faervoroso vecindario, no el mucho más estricto Patrimonio.
Pero un autor de cómics, ¿es técnico de algo?. No; el buen pastor puede demostrar su talento, y

venderlo, sin titulitis de por medio. Entonces, ¿dónde está el intrusismo? No, no creo que eso exista, sino, en todo caso, malicia de las editoriales, que acaso pagan menos, amparadas en motivos turbios. Porque de lo que hablamos, amigos, es de UN CONTRATO. Punto. Yo acudo a una empresa y esa empresa me ofrece algo por mi trabajo (clases de flauta, trabajo de restauración o un cómic a publicar, da lo mismo): la empresa me ofrece unas condiciones contractuales (precio, permanencia en nómina, tipo de contrato, retención, etc). Por tanto no creo que se deba hablar de intrusismo, sino de falta de ética por parte del contratante, si este posibilita sueldos pírricos amparados en la ilusión del novel.
Todo ello con la base de que, creo, en el arte (música, pintura, fotografía, cómic...) puede ser muy beneficioso cursar estudios, pero ellos no te dan tu naturaleza de artista. Mucho menos te acotan para la contratación, siguiendo con lo arriba señalado: para la restauración de la fachada norte de la catedral de Sevilla en 2003, era obligado que todo trabajador fuese diplomado o licenciado en Conservación y Restauración, pero esta necesidad de índole técnica no debe extrapolarse a la expresión artística. Miren, esta tira la acabo de dibujar en un folio, me ha llevado 6'28 miutos de cronómetro:

Ha sido realizada con un pilot en un folio.

Dadme tres minutos más, y con ceras plastidecor de mi hijo os la hago "a todo color", además. Es una mierda, y casi no se lee, y sí, es un macaco confuso y sin gracia... pero yo estoy orgulloso de él y creo en mi potencial. Voy a Norma Editorial y lo presento, ellos me proponen su publicación, estudiamos el contrato, estoy de acuerdo, hay trato. El contrato me paga una mierda. Yo, por cierto, me gano la vida en otro oficio. O mejor, estoy en paro, víctima de la crisis. ¿Soy un esquirol. NO: en todo caso Norma se habrá aprovechado de mí. Soy novato, pero mi producto lo ven comercialmente viable. Si esta tira fuses de Beroy, o de Bleda, o de Pepo (ejem, lo primero, entonces tendríais un problema creativo muy gordo), el pago ¿sería el mismo? No lo sé, de verdad. ¿Pesa el caché, o las cosas están más estipuladas de lo que aquí reflejo? Editores, acepto vuestros comentarios al respecto, humildemente..
En todo casos ¿empezamos a discernir el problema; está en lo aleatorio de este régimen laboral, y la precariedad endémica de la industria del tebeo, débil siempre, muchas veces fanzinera, e

xplotadora? No lo sé, ni me incumbe, pues con tiras como esta de arriba
dudo que jamás me convierta en profesional del medio.
PD: Sergio, Pep, Jose María, gracias por un debate muy, muy interesante, y por el reto: ¿cómo coño ilustrar un post sobre el intrusismo laboral en el mundo de la historieta? Creo que lo he conseguido