Si hay un personaje del cómic norteamericano que podría seguir per se, más allá de los autores que en cada momento lo piloten, ese es Constantine, el mago cínico, fumador, dolor de cabeza (o de huevos) para las criaturas demoníacas y magos varios.Hellblazer es un tebeo de terror más o menos suave, según la imaginación del guionista de turno. Tebeo al que, dada mi constante inconstancia, he seguido a trompicones. He picoteado la serie numerosas veces, y cada cierto tiempo vuelvo a ella, bien por una portada que me atrae, bien por un nuevo guionista, o sin más, porque sí.
El tomo Hellblazer de Denise Mina compila toda la etapa guionizada por esta, se supone, consagrada literata del género negro. Con el efectivo dibujo de Leonardo Manco (atmosférico y siniestro, ya habitual en la serie), ha pergreñado una historia de terrores ancestrales, miedos atávicos y horror psicológico. La empatía, esa capacidad de sentir lo ajeno, se convierte en un arma de destrucción masiva, antesala a un posible fin del mundo. Menos mal que tenemos a Constantine, quien no pierde la compostura, enraizado en la tradición noir de cualquier clásico detective de segunda, así que todos sabemos que la sangre no llegará al río.

Un trabajo bien planteado y metódicamente construido, con acertados diálogos, que se lee con gusto aunque sabemos que no va a quedar como referente genérico (no, no estamos ante la época de Delano, ni, por supuesto, ante La Cosa del Pantano de Alan Moore) pero que da, con sus dosis de desazón y sus pinceladas de humor refinado, más de lo que en principio podemos pedir a cualquier serie con 250 números a sus espaldas (hoy, en su edición americana, a cargo de Peter Milligan, autor capaz de lo peor, lo correcto y lo mejor... veremos qué nos depara). Parece que lejos de agotarlo, abundar en las constantes de Hellblazer si salirse del camino aún supone el reencuentro con una cabecera que cumple su intención: entretiene, e incluso deja con ganas de más.
Bien hecho sería, según su criterio, si los 41 niños que dentro del "edificio imperialista fascista represor" descansaban, hubiesen volado en cachitos con el pepinazo. Y las embarazadas también, claro.

















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La obra relata también desde los ojos de la propia autora la guerra contra Irak, su exilio en los últimos ochenta, y finalmente documenta el regreso de Marjane a Irán. De estilo naive pero contenido adulto, la obra documenta una sociedad y un turbulento panorama político-religioso que alumbra los acontecimientos de 2009 mejor que muchos ensayos periodísticos, pues reflejan la mirada real de un protagonista en primera persona.
... y nos devuelve sus vivencias en formato cómic. Podría ser periodista de columnas, o reflejar sus experiencias y el entorno geopolítico de las mismas en libros best-seller, pero no, lo hace en viñetas. Y ello no se contradice con la seriedad y la profundidad: “Gorazde, zona protegida” (Ed. Planeta), por ejemplo, documenta su estancia en la ex Yugoslavia y añade planos, mapas, retratos de los diligentes políticos… un verdadero manual para adentrarse en el último gran conflicto europeo.
En este cómic, Étienne Davodeau se basa en entrevistas a sus propios padres, protagonistas anónimos y colectivos de ese auge militante obrero. U otro cómic, en este caso español, la reciente “11-M, la novela gráfica” (Ed. Panini), donde los guionistas Pepe Gálvez y Antonio Guiral y los ilustradores Joan Mundet y Francis González reviven la catástrofe de Atocha, ciñéndose a los hechos probados judicialmente en 2007. O hablar de “El fotógrafo” (Glenat), obra maestra en tres partes sobre las experiencias del fotógrafo Didier Lefévre como reportero de Médicos Sin Fronteras durante la guerra afgano-rusa en los ochenta (fotos incluidlas en el desarrollo de la historieta).
Y nos falta espacio para dar más nombres, pero uno hay que no debe faltar. Spiegelman ganó el Pulitzer por su recreación arrebatada y terrible, poética y magistral, de la vida de su padre, un judío superviviente de Auswitch. Se trata de “Maus” (Random House Mondadori), una lectura que debería ser de obligado cumplimiento y una de las cumbres de la historieta.