13 febrero 2010

La Historia en el cómic europeo, un género que permanece

Publicado en el Faro de Vigo en febrero de 2010

Desde que el canadiense Hal Foster inauguró su célebre Príncipe Valiente en 1937, el noveno arte se ha demostrado el lugar ideal, en su combinación de texto y dibujo, para tratar la Historia

1937 queda ya muy lejos, y sin embargo fue entonces cuando el autor americano Harold Foster (que ya era famoso gracias a su recreación de las aventuras de Tarzán para la prensa de la época) impuso el molde para el cómic histórico: los tiempos pasados, como marco en el que desarrollar las aventuras de héroes (imaginarios o reales), debían ser retratados con mimo y esmero.Muchos años más tarde serán autores como François Bourgeon o Hernández Palacios quienes imponen la tendencia de resultar “científicos”. En tebeos como“Los compañeros del crepúsculo” del galo, o “El Cid”, de Palacios, el ambiente de época, en ambos casos el medievo, es estudiado con escrúpulo y reflejado con un dibujo naturalista que mima los detalles (ropajes, arquitecturas...).Así se cimenta con propiedad lo que hoy entendemos por tebeo histórico (al menos, “a la europea”, pues en cualquier latitud encontramos muestras del género con sus propias peculiaridades... mención aparte merecería el gigante nipón, prolijo en obras del género, y al que podrían dedicarse uno y diez artículos específicos).

Es cierto que los ochenta han sido el momento de mayor éxito de esta corriente, la de un tebeo exquisito y culto que ahonda en nuestro pasado sin descartar la imaginación y la aventura.Pero la verdad es que, para el degustador de historias en la Historia,hoy por hoy tiene no pocos títulos para deleitarse en su pequeño placer intelectual. Por un lado hay que hablar de nuevas vías, con “Isaac el Pirata” a la cabeza.Esta saga aún inconclusa relata las aventuras de un marino del siglo XVII,con un estilo gráfico fresco y espontáneo (en apariencia, pues hay un trabajo previo ímprobo) y lleva el género más allá, al ser mero pretexto para que Blain, su autor, se autorretrate ante el lector en una suerte de metáfora narrativa. En esta línea renovadora se encuadrarian trabajos como “El Hijo del Ogro” o el gallego “Os lobos de Moeche”, donde Manuel Cráneo relata las revueltas irmandiñas.

Pero si el lector prefiere un cierto clasicismo que respete los cánones del género, también encontrará novedades más o menos frescas, como “Las Águilas de Roma”, donde el virtuoso dibujante Marini recrea el Imperio Romano, o “El Gavilán”, de Pellerin, mastodóntico tomo que narra las peripecias de un marinero del siglo XVIII en un tono mucho más ortodoxo y clásico que Blain. Son cómics recientes, y la lista viene a engrosarse estos días con dos recomendaciones notables: los dos tomos de “La Chica de Bois-Caiman” (Editorial 12Bis), de Bourgeon, y “Las Torres de Boys-Maury 14:Vassya” (Norma Editorial), de Hermann, ediatada este mismo mes. Bourgeon ha apostado fuerte, al retomar su obra “Los pasajeros del viento” (reseñada en Visado el 17 de Abril de 2009) en una innecesaria segunda parte, pero la arriesgada apuesta se ha saldado con un trabajo exquisito y acertado. La historia recupera a Isa, la protagonista de la saga, pero ya anciana, y centra la atención en su biznieta y en un ambiente alejado del dieciochesco mundo de los galeones y la trata de esclavos.Ahora estamos en la Guerra de Secesión Noreamericana, y Bourgeon vuelve a demostrar su pericia para sumergirnos con todo detalle en épocas, ambientes y hechos históricos, sin descuidar la caracterización de sus personajes.

En cuanto a“Las torres de Bois-Maury”, se trata de otro gran clásico, nacido en los ochenta como serie abierta que narra la estirpe de un caballero medieval. En su último libro la aventura se centra en la Rusia zarista de principios del siglo XVII. Hermann es un autor exquisito, con una capacidad narrativa sencillamente magistral, verdadero manual de cómo hacer cómics, y cada nueva entrega de esta serie es un obligado punto de encuentro con el amante de la aventura y de la recreación de épocas y paisajes pasados.

¿Conclusiones? En un panorama cultural donde lo histórico es reclamo (huelga decir que la literatura de género está de moda), el cómic no sólo se adelantó varias décadas sino que,a día de hoy, sigue ofreciendo trabajos exquisitos y rigurosos, con los que soñar, como lectores, que estamos en una época lejana,vívida y palpable gracias a la potencia visual que saben desplegar los mejores baluartes del género, caso de los ejemplos tratados. Si al lector le ha gustado, por ejemplo,“Los pilares de la tierra”de Ken Follett, bien podría disfrutar de alguno de los cómics aquí reseñados.Anímese, no se arrepentirá.

2 comentarios:

Angux dijo...

Todas muy de mi gusto por lo que yo, desde aquí, también aprovecho a recomendar.
Las que citas y, por ejemplo, Murena. La mejor de las series actuales que traten sobre la Roma antigua (la de Nerón es este caso)

Un saludo.

Octavio B. (señor punch) dijo...

conste que el artículo no se quiere crítico, sino meramente informativo (o casi)