
El terror no es el género más fácil para ser llevado al cómic. No faltan, empero, buenos ejemplos, ya que al final cualquier medio menos visceral que el cinematográfico puede buscar la vía conceptual, o existencial, para desarrollar relatos de espanto. Sea la literatura (con una tradición secular) como, claro, el cómic. Robert Kirkman, con el dibujante Charlie Adlard y, en sus primeros pasos, Tony Moore, sabe dar miedo en “Los muertos vivientes”. Sabe trazar un mapa de tensión insoportable y estallidos de cegadora violencia. Pero sobre todo ha conseguido una lectura siempre tensa, como la tempestad antes del huracán (que aquí supone una estampida zombi, con mordiscos incluidos).
Y así se concluye que quien busque un relato de miedo, bien, puede confiar en que este tebeo le va a hacer pasar algunos ratos intensos. Pero realmente “Los muertos vivientes” no es un cómic de terror. Como suele ocurrir en toda tramoya zombi, los putrefactos cuerpos famélicos de carne humana sólo suponen un marco extremo para analizar la sociedad y la naturaleza humanas, siempre más visibles (y vulnerables) en entornos hostiles. Kirkman parte para su análisis de la situación más tópica, un mundo asolado por la plaga de los muertos andantes, cuerpos sin inteligencia que persisten, ya cadáveres y descompuestos, en reinar sobre el mundo. Un mundo que se tambalea, o mejor, una civilización que se ha derrumbado, la nuestra. Quien sobrevive, lo hace desde el legado de la sociedad que habitaba, pero aplicado a un panorama nuevo, extremo, y en el que como especie, ha perdido. Ya no domina, sobrevive.
Pero lo mejor, lo que lleva esta serie de un discurso más o menos ya pronunciado a constituir un logro sin precedentes, estriba en la intención del autor por crear una serie abierta. Nació en 2003, y sigue viva, editándose (en Estados Unidos) mes a mes, sin pretender un final cerrado sino un viaje a ninguna parte. Y otro reto conseguido es resultar adictiva y no perder fuelle, proponiendo nuevas posibilidades, nuevos ángulos para su retrato desesperanzado. La sorpresa es constante, al proponernos un retorno a lo primigenio (lo tribal, la supervivencia), temas nucleares de nuestro tiempo (la familia, la ley, la sexualidad, la fe…), y más dilemas morales de los que no podemos imaginar (como la idea de la maternidad en un presente condenado, o el papel de las cárceles en un mundo sin orden). Son sólo algunos ejemplos de los conflictos que surgen en las oscuras páginas en blanco y negro de este tebeo cuyo noveno volumen acaba de ser editado por Planeta de Agostini y cuya versión televisiva está en producción, con un capítulo piloto para la la cadena americana AMC.

2 comentarios:
bueno, muy bueno, tus rebuznos han sido leidos.
Buen blog.
jajaja!!
pues gracias y bienvenido por acá :)
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