29 mayo 2010

CEREBUS, de Dave Sim: Un hito en la historia de los cómics, por fin en castellano.


En el faro de Vigo dediqué una página entera a Cerebus, con un artículo general y un apéndice sobre "Alta Sociedad", primer tomo de las aventuras del personaje editadas en España (esperemos que le sigan muchos más)
en este post, reproduzco el artículo general.



El caso del cómic “Cerebus”, del canadiense Dave Sim, supone uno de los más particulares de la historia. Hasta ahora su autor no permitía la traducción de su obra, con lo que permanecía inédita. Hasta ahora.

Todo comenzó con un canadiense de 21 años. Se manejaba con los lápices y quería hacer cómics, parodias de sus héroes favoritos (particularmente de Conan). Pero no quería trabajar para nadie. En 1977 el cómic era un negocio donde los creadores vendían sus ideas (los personajes) y su trabajo (guión, dibujo…) a las editoriales que publicaban y distribuían el producto final. O eso, o te dedicabas a la autoedición más minoritaria heredada del underground hippie. Dave Sim, que así se llamaba aquel joven, quería mantener la propiedad de su cómic (profesión que ya había tanteado en fanzines y tiras cómicas), pero al tiempo deseaba el éxito. Arriesgó a autoeditarse. Lo interesante es que “Cerebus”, pese a unos inicios toscos e incluso simples (aventurillas que se mofaban de la fantasía heróica y de los espadachines bárbaros a través de un cerdo hormiguero que vivía sus aventuras en un mundo de fantasía épica), logró dicho éxito y se consolidó en el panorama comercial. No era un Spiderman, claro, pero tampoco un tebeo minoritario y underground. Crecía en popularidad y se acomodaba entre un público que esperaba su ración de cómic book mensual.

Así llegó un momento en que el autor se vió con fuerzas (y soporte, esto es, suficientes y fieles lectores) para emprender una verdadera osadía que convirtió “Cerebus” en un tebeo único. Si las aventuras de Superman (por ejemplo) eran un absurdo entendidas como un todo, él iba a desarrollar una colección de cómics centrada en la vida de su héroe. “Cerebus” duraría trescientos números de periodicidad mensual, veintisiete años de trabajo, seis mil páginas, y se podría leer desde su número uno hasta el trescientos como un todo articulado. Dedicaría su trabajo, en fin, a relatar la vida de su personaje, culminando con un número final en el que Cerebus, obviamente, moriría. Y lo increible es que la intención se convirtió en hecho: “Cerebus” concluyó en su número 300 en 2004.

Buena culpa del éxito de tan titánica empresa fue la agudeza comercial de Sim, que supo organizar esa saga en grandes ciclos, verdaderos novelones en cómic, que iba recopilando en gruesos tomos. “Alta Sociedad”, “Iglesia y Estado”, “Historia de Jaka”… de modo que, además de seguidores fieles del tebeo grapado y mensual, consiguió más lectores, que esperaban a la reedición en tomo de lo prepublicado en cuadernillos. Pero además, artísticamente, esta estrategia supuso la definitiva madurez de Sim. Cada grueso libro se centraba en el desarrollo de una compleja trama que tocaba cuestiones fundamentales de la vida: el amor, la política, la muerte, la religión como órgano de poder… hasta derivar en un complejo y polémico tratado sobre la mujer (de tintes misóginos, además… el autor es uno de los más polémicos y denostados creadores, por su retrógrado ideario). Además, Sim mostrará un dominio del medio creciente, hasta alcanzar unas cotas de inventiva que lo situan entre los grandes maestros de la historia del cómic (apoyado desde 1984 por el dibujante Gerhard, quien completaría desde entonces los fondos de sus dibujos, siempre en blanco y negro).

En definitiva, “Cerebus” y Dave Sim suponen un hito en el medio, y sin duda un referente para todos esos autores que, con posterioridad, han desarrollado obras vastas pero cerradas, coordinadas y pensadas desde un sentido de “deus ex machina” como “The Sandman” de Neil Gaiman o “Bone” de Jeff Smith. Pero en ambición, logros y extensión, ninguno de sus émulos ha igualado la gesta de este imposible cerdo hormiguero bronco y ducho en la espada.

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