30 mayo 2010

PERDIDOS, entrando en el siglo XXI

La serie más famosa de los dosmiles ha terminado por fin. Cientos de capítulos, seis temporadas y seis años para conformar una saga que ha venido, irremediablemente, a revolucionar la industria del entretenimiento audiovisual. Más adelante hablaremos de cuestiones subjetivas, pero hay datos innegables que convierten Perdidos en una de las series más importantes de la historia de la televisión... sino la más importante. Desde luego, su altura se debe a varios factores:
1º.- Longitud medianamente planificada. Más de 120 episodios con derivas e improvisaciones, de acuerdo, pero también en los que no hay que ser muy avispado para percibir una idea general que sostuvo las
seis temporadas. No se puede decir de otras teleficciones que todo lo emitido sea necesario para completar el puzzle. ¿Cuántas series arrancan con brillantez para perder sus signos identitarios (y su brío) en la
tercera temporada? A unos gustará más la primera, a otros la quinta, o la segunda (¿a alguien le gusta má la segunda, de verdad?), pero lo innegable es que Perdidos no es su arranque; es el todo de sus seis temporadas.
2º.-Por otro lado, nunca antes la televisión había apostado tan fuerte por tirar la casa por la ventana. Recuerdo cuando ví el piloto inaugural que pensé: madre mía, a todo trapo... ya vendrán luego los cartones-piedra y los estudios de grabación salchicheros. Pero no, no vinieron. Perdidos tiene una producción que no envidia nada a la del mejor cine-espectáculo. Esto, en una ficción-espectáculo, no es baladí.

3º.- Sus personajes esconden algunos caracteres carismáticos y ya clásicos de la historia de la tele: el enigmático Locke, el buen canalla Sawyer, la fugitiva Kate, el torturado torturador Sahid... ¿cuántas series suman tal cúmulo de potenciales protagonistas?

4º.- Pero donde se hace obvio el poderío histórico de Lost ha sido en la emisión casi simultánea del último capítulo de la saga en varios paises en pasado lunes. Algo jamás practicado. Histórico (aunque con fallos, ya lo sabemos)

A mí la serie me ha gustado, ya lo saben. Vale, hay pérdidas de brújula y momentos de sobreactuación. Hay peros, sí, incluso, si se quiere, peros muy gordos. Pero a mí me ha pillado, por su trama enrevesada e imposible, que acato como las reglas caprichosas y enigmáticas de un juego de mesa en donde, más allá de las coherencias de este nuestro mundo gris, se nos ha pedido la empatía con una realidad en constante deconstrucción. Lo que hoy es un importante enigma mañana será una chuminada que un nuevo interrogante sustituirá. Si hubo un tiempo en que la escotilla fue lo más importante, ¿qué supuso durante los saltos temporales? agua pasada, por supuesto. Si un personaje simboliza el mal y la perversión pura hoy, y el dominio de los hilos más misteriosos, mañana puede ser un pobre hombre, un títere de nuevas fuerzas. En definitiva, no ha habido serie que me sometiese al concepto azaroso de partida en vivo del modo inmisericorde de Perdidos. Tampoco con igual eficacia. Con la isla hemos vibrado,
temido, alucinado, llorado, sentido indignación y también empatía. Aunque todo sea absurdo, aunque nada se sostenga "coherentemente". Lost, jeje, fragua su propia coherencia.
Pero donde Perdidos va más allá de lo meramente argumental, donde se muestra trascendente, es al configurar un mapa del "zeigest" de la última década. Cuando vives en un mundo en el que mañana pue
des morir (tú, sí, tú) vísctima de un atentado perpetuado por unos radicales de las antípodas, cuando hoy el capitalismo muestra sus costuras y deja de ser el perfecto caparazón que nos quisieron vender, cuando el párrafo pierde contra el enlace hipertextual, cuando la realidad es un huracán que sobrepasa las normas que habíamos forjado (sociales, religiosas, económicas,
políticas...) ¿qué define esta época? Sin duda, la desorientación. Estamos en tránsito, reformando el mundo entre incógnitas. ¿Lo
pillas? Perdidos materializa en una ficción narrativa esa deriva angustiosa y existencial, donde lo que es, no es, donde A y B permutan sin orden.
Y en su conclusión, por último, y donde la mayoría de "Perdidiños" anda aún escandalizado, yo leo su principal clave. Puede gustarnos o no, en el sentido de comulgar con la idea final (ciertamente "new age"), pero el desenlace trae el mensaje definitivo, la verdadera respuesta. (venga, lo digo, a partir de aquí, si no has visto la serie, no leas "en azul").
Entre dar soluciones cartesianas a lo ilógico (esto es, responder racionalmente a todas y cada una de las preguntas, a todos y cada uno de los misterios), o decantarse por lo mitológico (el misterio irresoluble que sostenga un sentido vital, moral y trascendental de los hombres), "El Fin" cierra puertas por la segunda vía. En la última temporada la realidad "paralela" en que todos "viven" sin haber sufrido el accidente, esa vida alternativa donde los destinos de los perdidos es mejor, más completa y en paz, es en realidad otra cosa, una suerte de purgatorio post mortem donde la necesidad última es encontrarse, recuperar la verdadera esencia de su felicidad. Porque si nos fijamos, en la isla todos han encontrado la amistad, y el amor.
La verdadera plenitud, plantea el cierre definitivo, no está en resolver
las dudas materiales (¿qué es la isla?¿qué es la estarua?¿qué pasó con Walt? etc.), sino completarse uno mismo en otros.
El cierre desata la idea de la fe en el prójimo, del amor como vía para alcanzar eso que la religión llama el cielo. Durante años, vimos a los personajes sufrir en un entorno paradisíaco. Pero su paraiso se forjó en los lazos que surgen entre ellos. Y descubrir esa esencia, y reencontrarse, aunque sea en una habitación pequeña, oscura, fea y con una vidriera cursi como el rayo, eso es el verdadero Paraiso. Incluso en la muerte.
Por tanto, en fin, y comulguemos o no con esta idea (a unos parecerá una cursilada, a otros de gran belleza espiritual), la realidad es que, con ella, Perdidos se cierra herméticamente y concluye con más brillantez de la que, a mi juicio, se le está criticando.

2 comentarios:

Int dijo...

A mí LOST me ganó poco a poco. Las dos primeras temporadas no me atraparon, pero a partir de la 3ª sí empezó a engancharme hasta esperar con nerviosismo el final.

A mí el final me ha entusiasmado y las diversas críticas que ha recibido me confirma que por mucha popularidad que tenga, LOST nunca fue una serie para mayorías.

Como dijeron el el Cahiers-España, si LOS SOPRANO son EL PADRINO, LOST es EL AÑO PASADO EN MARIENBAD.

Octavio B. (señor punch) dijo...

sí, sí, bien mirado