27 junio 2010

soufflé (de alta cocina): La Liga de los Caballeros extraordinarios: centur19100

Alan Moore y Kevin O'Neill han vuelto a su universo de superhéroes decimonónicos, su revisión posmoderna de los mitos fantásticos de la literatura del XIX. Argumentalmente ello supone muchos cambios (de miembros del grupo), pero no nos ocuparemos de semejantes veleidades (se las dejamos a los frikis del ramo). Sí, sin embargo, apuntaremos que esta nueva entrega nos ha parecido moderadamente desafortunada. No más que las anteriores, la verda
2C pues esta League (¿por qué ahora lo titulan en inglés?, no será por la mierda de película aquella...) siempre ha padecido de un ombliguismo ruborizante. Pasada la sorpresa de La Idea, uno (y aquí, uno es Yo) se aburre con las constantes referencias, que empañan la necesaria sustancia: la historia no atrapa, los personajes no cobran densidad, son guiños constantes a un universo literario a todas luces superior en calidad y enjundia a este pastiche (normal, hablamos de Verne, de Doyle, de...).
Vacío como un soufflé.
Pero ello no nos debe cegar en otro aspecto que, en parte, redime siempre a esta serie: la calidad indudable de sus autores. O'Neill cada vez dibuja mejor, recreando el Londres de 1900 con fascinación evocadora e imaginación retrofuturista. Los tonos cromáticos de Dimagmaliw (menudo nombrecito) pespuntan el aire y atmósferas lúgubres, sucias. Y los constantes birlibirloques de Alan Moore, tan innecesarios como ciertamente deslumbrantes, hacen de la lectura algo ameno no por lo que cuentan, sino por el cómo (por ejemplo, es evidente el constante juego de espejos que proponen las páginas, o el encaje de bolillos para hacer de cada escena algo unitario y cerrado).
Alta cocina como un soufflé.

Y, en fin, para lo bueno y para lo malo, hemos leído un... soufflé (que se prolongará dos números más, ojo, con lo cual la clasificación es temporal... si nos animamos a seguir la serie)
calificación: tiene un pase

3 comentarios:

Jero dijo...

A mí, al contrario, me ha parecido tan bueno como sus entregas predecesoras. Entiendo que Moore no pretende bajo ningún punto de vista ponerse a la altura de Verne o Woolf (al menos no en esta obra, vamos) sino honrarlos y homenajearlos. Y también, a ser posible, divertirse bastante a su costa. Además se notan sus tablas de guionista mayúsculo (igual que se notan las de O'Neill, que cada día que pasa dibuja mejor) y a mí personalmente sí me divierten todas esas referencias literarias de las que la obra está saturada. Aunque no pille ni el 20%. O igual es que a mí me van los postres bien inflados, quién sabe...

Int dijo...

A mí también me gustó mucho. Hay que partir de que se trata del prólogo de la historia y, por tanto, una mera presentación. Es verdad que el factor sorpresa desaperece pero como dice el comentario superior, se notan las tablas de Moore y su capacidad para hilar una buena historia. Además, me encanta que lo haya convertido en un musical victoriano.

Chapeau para O'Neill y la única pega es un color demasiado oscuro, que si bien ayuda en la ambientación, creo que tapa bastante el dibujo.

Octavio B. (señor punch) dijo...

personalmente hace tiempo que los trucos de magia no me llenan, lo admito. Incluso los del mejor mago. Tiene que haber más. Si Ware no me transmitiese algo aparte de su brutal capacidad estética y narrativa, por ejemplo, tampoco lo valoraría tanto. Pero repito un poco en la línea de Int, es el primero de tres, y sí, se nota ese aire preambular que quién sabe. pero en fin, con tanto y tanto por leer, veré si reincido en los Caballeros (ahora en el horizonte, Campbell, Feininger...)