18 agosto 2010

LOS TUDOR I, corte y sexo

Tienen ese punto de "well done". De 'Bien Hecho'. Las series de la cadena Showtime, las que he visto, tienen siempre esto muy claro. No tanto una marca de estilo (poco une este recreación de la corte de un joven Enrique VIII y, por ejemplo, la barrabasada de Dexter) como por una ejecución siempre exquisita. Y para el caso de una recreación histórica como Los Tudor, por supuesto, han dado un do de pecho. Con licencias (según se lee en la blogosfera, son de bulto) pero siempre primando la intensidad dramática sobre la frígida recreación sin alma, la serie supone un retrato certero de las intrigas palaciegas en una monarquía del siglo XVI. Y un retrato perfecto de un personaje sublime (hablo del personaje trazado en la ficción, no del histórico... recalco que eso es lo que me interesa; la ficción construida).
El joven rey es un carácter caprichoso, voluble, ambicioso, en ocasiones prudente y en otras torpe. Siempre pasional. Por eso cualquier trampantojo argumental cobra sentido: no importa que la hermana de Enrique nunca contrajese matrimonio con el anciano rey de Portugal; la mentira cobra sentido como una fuente de drama.
Y sobre todo, destaca la ficción/representación de la fascinación del rey por Ana Bolena, que poco a poco deriva en amor casi platónico (ya saben la historia), ya que esta primera temporada no culmina aún con la ruptura de la corona con el catolicismo, sino los pasos previos, el caldo de cultivo del amor absoluto y la mirada fascinada... y también de las barreras que una sociedad donde fe, burocracia y alta política se funden.
Por supuesto que la recreación exquisita (escenarios, vestidos, costumbres cortesanas, picaresca...) ayuda, pero sin duda el motor de esta serie es un grupo de actores sencillamente prodigiosos (hasta el siempre limitado Sam Neill cumple). Destacando a Jonathan Ris-Meyer como fogoso monarca y María Doyle Kennedy como catalina de aragón (la despreciada esposa).
Eso sí, chirría un tanto así escuchar el castellano chusco que los españoles (es un decir) emplean entre ellos.
¿Hay peros? Pocos. Quizá el excesivo subrayado del libertinaje cortesano, gancho comercial innecesario (personalmente me interesa más cómo Ana conquista y seduce hasta el arrebato antes que las gayolas de su majestad ante un sirviente que le sostiene el bacín, por lo que de ahí salga), y siempre está el miedo de que lo que arranca notablemente se desinfle. Pero que nos quiten lo bailado, no?
calificación: ¡excelente!

ah, Los Tudor se está emitiendo por la 1 los jueves-noche, sin anuncios y con la posibilidad de Versión original y subtítulos, para que luego digan que no hay nada que merezca la pena en los canales generalistas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

bravo!!!! me encanta la serie, y mucho más su protagonista. estoy deseando que lleguen los jueves para verla. quien no haya tenido ocasión, pues adelante que todavía no es tarde...