27 octubre 2010

Dios entre los hombres


Artículo publicado en Faro de Vigo

La figura de Dios ha aparecido en obras literarias de diversa índole como principio del que partir para hablar de lo divino, claro, pero también de lo humano.


Marc-Antoine Mathieu es un autor prácticamente inédito en nuestro país, del que apenas podíamos disfrutar unas páginas en la obra “Little Nemo 1905-2005. Un siglo de sueños”, donde diversos autores homenajeaban el clásico de la historieta “Little Nemo in Slumberland” en su 100 cumpleaños. Escasísima representación para un creador que ha publicado obras de prestigio como la serie “Julius Corentin Acquefacques”, iniciada hace veinte años ya, y con varios álbumes en su haber.
Mientras esperamos a que esta y otras historietas del autor de Angers, Francia, vean la luz en castellano, podemos aplaudir la apuesta de la editorial “Sins entido” por su último trabajo, “Dios en Persona”, laureado con el premio ABCD de la crítica francesa y de osado tema. En una cola, un hombre de baja estatura y larga melena espera pacientemente su turno para ser atendido. En el momento en que le preguntan sus señas se presenta bajo el nombre de Dios, apellido DIOS (en mayúsculas). No tiene domicilio ni papeles ni número de la Seguridad Social. La irrupción de este enigma metafísico “en persona” desencadena en un enorme fenómeno. Dios está entre nosotros, y ello generará un revuelo científico, filosófico, mercantil y sobre todo mediático de insospechables dimensiones.
Mathieu encara la figura y el significado de Dios desde un humor cáustico, refinado e intelectual en una obra de lectura tan densa como apasionante. Y por supuesto, si algo está claro es que lo divino define la esencia de lo humano. Se crea en Dios o no, la realidad es que esa idea, o bien la negación de la misma, condiciona el mismo concepto de lo que la humanidad es. Este será el camino que Mathieu traza en su satira: ¿necesitamos a Dios?, ¿la prueba de Su Ser anula la esencia de la divinidad?, ¿qué es en realidad la fe, el misterio? Y sobre todo, si Dios se manifestase en la tierra, ¿cómo obraría el género humano en respuesta?
Al final, “Dios en persona” encara sobre todo esta última pregunta (sin eludir las demas, ni otras muchas) para describirnos en toda nuestra “gloriosa” mezquindad, en nuestros miedos, nuestro voraz sentido de la mercadotecnia y el consumismo, nuestra capacidad de negar lo evidente o reafirmarnos en lo imposible, o nuestro miedo final, acorazado con mil y una máscaras (la sociedad, el dinero, la ética, el mercado, la fe…). No es casualidad que el estilo narrativo evoque el documental, la entrevista televisada y los modos, en general, de la caja tonta: ¿no es en cierto modo la tele nuestro guía, el semi dios de una sociedad que, como servil rebaño, sigue los postulados que este electrodoméstico radia?¿no convierte la pantalla en presidentas ideales a camareras, no vuelve héroes a delincuentes? El autor, en una pirueta metalingüística, se ríe, y nos da su respuesta sin exponerla explícitamente: creamos nuestros dioses, y aunque a veces sean burdos, nos los tragamos.
Sin embargo no es este un libro “anti-Dios”, sino una oportunidad de revisar lo misterioso, la idea del Creador y del Hombre en un paseo humorístico cargado de citas (Flauvert, Pascal, Einstein, Descartes…), instigados por la idea de que Dios pueda sentarse a tu lado, en una cola del INEM. Y hacerlo de la mano de unos textos excelentes, un dibujo brillante y oscuro, y de una narrativa clara, aunque al tiempo transgresora.
clasificación: ¡excelente! (o de lo mejor del año, vamos, brutal de bueno)

1 comentarios:

Jero dijo...

Estoy de acuerdo: ¡brutal de bueno!