09 octubre 2010

Pesadillas de verano: "castillo de arena", de Peeters


artículo del faro de Vigo
Uno de los mayores renovadores del actual panorama franco-belga, Frederik Peeters, regresa con un cómic turbador de claros ecos surrealistas.


El suizo Frederik Peeters saltó a la fama dentro y fuera del mundo del cómic con “Píldoras Azules”, una novela gráfica de corte autobiográfico donde describía su relación sentimental con una mujer seropositiva. La delicadeza, el humor y el buen hacer del autor lo cubrieron de premios, notoriedad y la atención más allá de los medios especializados en cómic. Desde entonces (hablamos de una obra de 2002), el guionista y dibujante no ha parado de evolucionar temáticamente, con tebeos de corte policial, con historias de ciencia ficción o con aventuras surrealistas. Eso sí, con un estilo gráfico tan sólido como reconocible, un dibujo expresivo, espontáneo pero de un perfecto dominio académico.
Su nueva obra la ha realizado en colaboración con Pierre Oscar Lévi, cineasta francés especializado en el documental que ha dirigido una veintena de películas y recibido la Palma de Oro del Festival de Cannes. El cómic que juntos han realizado se titula “Castillo de arena” (editorial Astiberri) e insiste en los temas de corte más onírico que Peeters ya había abordado en historietas como “Paquidermo”. O quizá estemos ahora ante un cuento de ciencia ficción, pues todo se cubre de un cierto halo de misterio inexplicable.
La portada ya avisa de la extrañeza: una mujer flota desnuda sobre el agua, quizá muerta, quizá no. La estampa está invertida, plasmada boca abajo; una óptica imposible, tanto como el argumento de la historia. La situación es mínimal: una playa, una joven fallecida y una serie de domingueros que van llegando a la pequeña cala. Y entonces sucede lo imposible. De algún modo todos estos playistas envejecerán velozmente al tiempo que les resulta físicamente imposible salir del lugar, y surgen las adhesiones y los encontronazos, las tensiones y los afectos. Y la vejez, y una vida en un solo día.
Los personajes que se enfrentan a la crisis son, como cabe esperar en un relato cerrado y claustrofóbico, prototipos sin demasiadas dobleces, individuos que representan un determinado rol: niños en tránsito a la pubertad, individuos pragmáticos, un marroquí, un racista… el caldo de cultivo, en fin, para lograr que una situación de encierro onírico y aceleración celular se convierta en un polvorín. Y en “castillo de arena”, efectivamente, lo que comienza como una visión turbadora de suicidio y se asienta como apacible velada playera con descubrimiento de cadáves, va aumentando en tensión insostenible merced a lo imposible, un paisaje buñuelesco que remite directamente (y confesamente) a “El ángel exterminador”, mezclado con la visión fantacientífica de un Ray Bradbury.
El resultado es un relato atractivo, que engancha por el misterio y que deriva en un final donde lo lírico y lo moral se alían para dotar de sentido a una situación de pesadilla. Todo ello retratado por un Peeters que vuelve al blanco y negro como grafismo ideal. Expresionista, desgarrado, narrativamente fluido, el autor vuelve a demostrar que es, ante todo, uno de los mejores dibujantes de cómic de la última década.
Post scriptum: Castillo de arena, en fin, resulta un buen tebeo, recomendable. pero ojo, no se trata de una obra excelente ni mucho menos. Precisa, si acaso, más páginas para librarse de una losa, la de parecer en todo momento una anécdota. requiere espacio para perfilar personajes que enganchen en su drama. Y posiblemente su final caiga en lo didáctico/moral. es bonito, pero también innecesario.
eso sí, Peeters dibuja como dios.
calificación: bueno bueno

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