Artículo publicado en Faro de Vigo
Carlos Gardel revolucionó la música argentina y elevó al tango a cotas de popularidad nunca superadas. Su talento y prestigio lo convierten en uno de los iconos de la música moderna. Muñoz y Sampayo renovaron el mundo de la historieta en los años setenta con contenidos adultos y propuestas estéticas rompedoras, cercanas al expresionismo más arriesgado.Así, “Carlos Gardel” (editorial Libros del Zorro rojo) supone la mirada de un equipo mítico sobre un artista mítico, una propuesta a priori interesante que además se reviste de la admiración y el amor sinceros de los autores hacia el cantante. El cómic se estructura a modo de entrevista televisiva: en un plató, supuestos expertos en Gardel desgranan su vida, y profundizan en el hombre tras el personaje. O lo intentan, pues con la lectura uno advierte que el artista lo es todo en Carlos Gardel, el niño que canta a su madre, el ídolo de masas que se debe a su arte, y el pillo que juega al equívoco sembrando dime y diretes, creando a su personaje de silencios, mentiras y algunas verdades.
Gardel es visto como un misterio, y al tiempo como un contradictorio profeta, embajador de un arte que representó a un pueblo, una nación que lo adoptó, pues el artista no nació argentino. También como un emprendedor que va creciendo de la canción al cine, y como un hombre que siente y ama. La obra consigue cierto tono de puzzle, de acople de piezas diversas para retratar al artista. A ello contribuye esa forma de acalorada tele-discusión en un plató, los saltos temporales del presente al tiempo de Gardel, la estructura fragmentada. También se recalca la naturaleza de mito que ha adquirido el artista: así los diálogos, artificiosos y afectados, parecen sentencias poéticas antes que retales de conversación naturalista, porque a Gardel se lo aborda como a un mito en la tierra.
Todo ello, además, narrado con ese dibujo expresivo, desfigurante, de amplios registros pero siempre cortante, y con el dominio narrativo fluido y abigarrado de uno de los maestros del noveno arte, un Muñoz en estado de gracia
Conclusión post scriptum: excelencia gráfica, aunque en su ya más que reconocido registro (poca sorpresa pues), y un texto quizá con exceso de empalago. Dicho de otro modo, ese todo "mítico" que imponen a los diálogos no me convence en absoluto. Lo que sí lo hace, es ese dibujo sencillamente bestial de Muñoz, menudo fiera...
calificación: tiene un pase (sobre todo por la fuerza gráfica, repito)
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