27 diciembre 2010

el padre del cómic moderno.

artìculo breve sobre Wilson publicado en Faro de Vigo
El crecimiento del cómic como medio narrativo para un público adulto que se ha producido en las dos últimas décadas debe mucho a Daniel Clowes. Nacido en Chicago en 1961, su obra, editada por la editorial Fantagraphics, comenzó con las andanzas del paródico Lloyd Llewellyn en los ochenta, y llamó la atención con historias surrealistas hermanadas con el espíritu de David Lynch. Tras estos inicios prometedores comienza a despuntar el cronista del desencanto existencial de cambios de siglo, el observador agudo de los estados anímicos en descomposición de nuestra sociedad. Adolescentes que no saben crecer, treintañeros que quieren ser adolescentes eternos, personajes solitarios, perdedores, mediocres de todo pelaje… la obra de Clowes se emparenta al cine independiente más ácido. De hecho, el dibujante ha ilustrado carteles de cineastas alternativos como Tod Solondz.

Algo que resulta curioso en Daniel Clowes es que hasta hace muy poco se mostró reacio a la nueva moda de la novela gráfica, pero finalmente ha aceptado el reto de trascender al modelo de revista semi-periódica en el que siempre trabajó, para crear su primera novela gráfica pensada como tal. “Wilson” (Random Huse Mondadori) es el resultado, y se trata de un trabajo brillante. “Wilson” narra la vida de otro miserable urbanita, solitario, mediocre, incapaz de enfrentar sus carencias o sus fallos, que se desliza por la vida con la máscara de la prepotencia. Es un retrato de sangrante dureza escondido en chistes y gags porvocadores, de lenguaje a veces soez y siempre venenoso (ojo, estamos ante un escritor de diálogos inmenso), y en una forma cuanto menos sorprendente.

Así, el cómic homenajea a las tiras de prensa, haciendo que cada página se presente con un estilo gráfico diferente (de la caricatura al detallismo realista) y como un chiste autoconclusivo pero tejiendo una obra orgánica, unitaria. Ha conseguido unificar el concepto novelístico del nuevo cómic del siglo XXI, donde se presenta una historia cohesionada y unitaria en un único tomo (como cualquier novela, ni más ni menos), y la tradición del arte viñetero, sus orígenes como chiste de periódico en una tira diaria o en una página del dominical. Un ejercicio que endulza, por lo ocurrente y exitoso del proyecto, todo el vitriolo y desesperanza que desprende el contenido narrado.
calificación: obra maestra (posiblemente el mejor tebeo leído este año con el de Sacco sobre Gaza y Planetary, quede dicho)

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