30 diciembre 2010

ENTERRADO


Buried venía precedida del éxito en Sundance por lo que tenía todos los boletos para caer mal en casa, por lo del profeta en su tierra. Pero la verdad es que el ejercicio de estilo del director Rodrigo Cortés sale airoso porque, después de todo, no es más que eso, un ejercicio fílmico aderezado con gotas de crítica social (aquí no sale bien parado ni oriente ni occidente) y vertebrado por una idea antigua como el cine: el salvamento (o no) en el último minuto.
La cinta, que narra los denodados esfuerzos por liberarse de un hombre enterrado por el que piden un rescate, es una propuesta radical en la forma, ya que durante hora y media no se abandona el espacio del ataúd. Ello provoca un rosario de encuadres, un catálogo de planos cortos, travellings en primerísimo plano, juegos de montaje estudiadísimos y empleo de la iluminación experimental que convierten a Enterrados en un film con forma experimental envolviendo un argumento comercial, algo muy escaso en estos días. Hitchkock lo hacía cada dos por tres, hoy Hollywood no quiere asustar a nadie con la forma. Es lo que hay.
Por suerte oasis como Buried nos permiten pasar un rato trepidante, angustioso, y disfrutar de una propuesta moderadamente radical.
No redonda, ojo, pues uno, desde luego, no entiende qué pintan un par de travellings: partiendo de un primer plano (pongamos, del rostro del protagonista) la cámara se aleja dejando al final de su alejamiento un plano general del cuerpo tendido en medio de un mar de negrura. Pero esto rompe la idea de extreme verité que defiende la cinta, y supone un signo de debilidad y un efectismo innecesario. Todos nos hacemos a la idea, en su catálogo de primerísimos planos, minutos a oscuras, desenfoques de lente e iluminación directa, de la angustiante situación que se vive a dos metros bajo tierra. No necesitamos que nos lo subrayen.
calificación: buena, buena (tirando a excelente)

2 comentarios:

Int dijo...

A mí no me gustó nadita nada. El punto de partida es interesante, sí, y los primeros minutos funcionan (sobre todo cuando la película apuesta por la abstracción pura) pero después se vuelve demasiado convencional: la utilización del ataúd como catalizador de los males de la sociedad occidental resulta chirriante. Dentro de lo anómalo de su base, han escogido el camino más fácil.

Octavio B. (señor punch) dijo...

leí tu crítica hace un tiempito, y bueno, personalmente me parece que sus objetivos van por el lado entertainment, así qeu no sentí esa decepción :)