19 diciembre 2010

Micah P. HInson en directo (otra vez)

Es la segunda vez que veo a Micah P. Hinson y vuelvo a ratificarme en la altura estratosférica del joven autor.
Tras unos teloneros olvidables, entró en escena bajo los violines que abren su último trabajo (enlatados, claro), y acompañado por el cuarteto zaragozano Tachenko y una teclista (su mujer, si no me equivoco). El concierto, lejos que lo que hace dos años nos brindó en Compostela (auteridad de trío sobre las tablas) fue una lección de sonido recio pero maleable, de solidez (teclados, tres guitarras, bajo y batería, coros...), y por supuesto del carisma ya conocido del tejano sobre un escenario. Capaz de mostrarse roto o robusto, siempre intenso, envuelto en un sonido casi corpóreo (excelentísimos, los zaragozanos... me pongo YA con su música, que apenas conocía por dos o tres temas), moderadamente locuaz e irónico en sus comentarios, bordó una primera parte fantástica tras la que la banda abandonó el escenario.
Segunda parte del show: Micah a solas, con guitarra clásica, estremeciendo hasta al mismísimo silencio con su lamento quebrado, visceral, esa capacidad para acojonar a una platea que ya lo ubican en una escala, la de los muy grandes.
Tercera parte, tras despedirse dejándonos muy moscas (¿cincuenta minutos de show nada más...?), vuelve todo el conjunto a escena y traca final, nuevamente electrificado, y cerrando con un "Don't you forget" que ponía los pelos como escarpias: subidones de ruido, lamentos y alaridos desesperados, épica de la buena (no la de los bracitos en cruz y chorradas del estilo, sino la del sonido aural), y fin.
Bah, este post es inútil; hay que verlo, y no en un you tube de mierda: hay que tenerlo delante para comprender su altura. Para sentir el privilegio de saber que, dentro de treinta años, podrás decir que estabas allí, en el momento. Hinson es, lo repito, MUY grande.

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