Artículo publicado en Faro de Vigo

Es un hecho casi incuestionable que, con la crisis del 29, la sociedad norteamericana reclamó a la industria del ocio relatos evasivos, potentes artefactos de entretenimiento puro para escapar de la realidad. El cine dio buena cuenta de ello, las novelillas baratas (los llamados “pulp”) tuvieron también entonces su momento de gloria, y por supuesto la historieta se adhirió al nuevo modelo. Roy Crane, con su personaje Captain Easy, se conoce como el pionero del cómic de aventuras. El Capitán nacía en la tira de prensa “Washington Tubbs II" en 1929, y vivirá aventuras por todo el mundo. Continuando la senda de esta obra podremos anotar muchas otras, incluso más famosas, donde iconos como “Tintín” (de Hergé), “Corto Maltés” (de Hugo Pratt) o nuestro “Dieter Lumpen” (de Zentner y Pellejero), vivirán incontables lances por el ancho mundo. A veces se trata de tebeos juveniles o infantiles, otras, como el marinero de Pratt, de claro poso adulto. La aventura, en fin, ha vivido una larga vida, y lo sigue haciendo con obras de última generación como “Isaac el Pirata”, de Chirstophe Blain, una asombrosa vuelta de tuerca, que lleva al terreno de lo personal y lo autoral al género de marineros, piratas y filibusteros.Y en este recorrido a vuelapluma se debería insertar la figura y el nombre de Frank Le Gall con su personaje Theodore Poussin, un joven que se embarca hacia los mares de Indochina en busca de su tío. Le Gall es uno de los historietistas franceses a englobar dentro de la escuela de la línea clara, ese estilo gráfico que en los ochenta heredó de Hergé sus formas, donde los perfiles depurados y el trazo caricaturesco se aliaban a un escrupuloso rigor escenográfico y de ambientación.
Nacido en la revista “Spirou” en 1984, “Theodore Poussin” nos relata las aventuras de este joven que parte voluntariamente a los mares de oriente pero no podrá volver a Europa muy a su pesar. Y aquí tenemos el matiz que da carácter a la saga, en la fuerza fatal del destino y cómo libro a libro, aventura a aventura, asistimos a la forja de un héroe que no quiere serlo, el aventurero que lo es pese a que él solamente quiere retornar al hogar. Las historias de Theodore obedecen a la mítica el género, con piratas, motines, tesoros, damas secuestradas y el siempre inevitable antagonista del héroe (“Noviembre”, un personaje entre la magia inexplicable y la maliciosa confabulación en la sombra). Y al tiempo, el entorno histórico (década de los 20 y 30 del siglo pasado) se retrata con sumo cuidado. Pero además, como se puede ir intuyendo, esta obra también supone una mirada adulta, serena, que hunde sus raíces tanto en Hugo Pratt como en novelistas del talle de Joseph Conrad, para plasmar las inquietudes vitales de un protagonista nada tópico. La participación ocasional del guionista Yann pule y redefine este concepto adulto del género aventurero, pero el mérito está en la voluntad de Le Gall, alma mater de la obra.
Editorial Planeta ha comenzado a publicar los integrales de “Theodore Poussin”, que reúnen cada uno cuatro álbumes galos en un libro de edición modélica (con textos introductorios y análisis de la obra). Serán un total de cuatro volúmenes, y la ocasión de recuperar y reivindicar este clásico semi olvidado.
2 comentarios:
Pues no tiene mala pinta, a juzgar por tu crónica. Habrá que echarle un vistazo en la librería.
Isaac el pirata es uno de mis cómics de cabecera, que he leido incontables veces.
luchino
diez años separan Isaac de Theodore, ojo, pero apuesto que este libro, si disfrutas con Blain (y con Corto Maltés también) te va a gustar.
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