Difícil me está resultando abordar la tercera obra del septeto más importante del milenio. No sé cuántos septetos más ha dado lo que llevamos de siglo XXI, claro, pero se me entiende: Arcade Fire han supuesto una regeneración del indie rock por la vía de la épica y la fogosidad a flor de piel. Y han crecido sin renunciar a su propia idiosincrasia pero ensanchando los márgenes contenedores. No insistí demasiado en su anterior 'Neon Bible', quizá porque en su día me bastó con los incendios de emoción que provocaron en Funeral, su debut. Sin embargo las aguas de este Suburbio están moviendo tanto molino mediático que tengo que unirme a la fiesta. Escuchar y luego pensar. ¿Son definitivamente Arcade la banda pop-rock más importante de los últimos años, o confirman con "The Suburbs" que el globo va desinflándose partiendo de un inicio brillante?.Pero aún hay más preguntas. Al leer aquí y allá da la sensación de que "The Suburbs" ya queda marcado, como quedó en su día Merryweather post pavillion, como disco de referencia de un período más amplio que la coyuntura anual. Que, en fin, el tercero de Arcade Fire va a ser uno de los discos de la década. ¿Es para tanto?
Si con la obra maestra de Animal Collective estaba claro (para mí) casi desde su primera escucha, ahora no me atrevo ni de lejos a soltar frases grandilocuentes y epatantes: el desgaste -o pulido- que le otroguen los años nos situará este disco en su sitio. En todo caso, queda claro que de desinflarse el globo, nada de nada: lo digo ya, que el rodeo ha durado.

"The Suburbs" será uno de los discos del año, sino El disco del año, en directa competición con LCD Soundsystem (¿dirán que son los dos últimos que he escuchado y me dejo llevar y tal y tal?... en todo caso, sepan que escucho mucho de lo que aquí no les hablo, y estos días lo he hecho).
Más allá del tema concepual (lo de los suburbios y los recuerdos de inancia que alimentan este doble Lp), el disco es una pieza a la que (frente a otros bloggers) no aprecio estrías ni zonas débiles. El encadenado de canciones no decae, las melodías son su fuerte, casi tanto como la capacidad de anchear los espacios con instrumentos mil sin que suenen agarrotados. Las canciones suenan serenas, imponentes y fluidas como el Nilo, antes que densas como una selva tropical. Transparentes. Y gozosamente llenas de guiños a la escena más mainstream. Es curioso, la banda más on de la escena alternativa revalida y acentúa su querencia por Bowie, por U2, por Neil Young, por el tecno pop de Human Leage. También por Pixies, claro (los Pixies más melódicos, los menos airados) o por el shoegazer ('Empty room', de lo mejor del disco, es como ABBA mezclados por Slowdive).
Y con el mejunje, suenan como nadie. Y por supuesto, les salen imitadores como hongos. Suelen ser señales de que estamos, gustos aparte, ante algo importante.
clasificación: obra maestra (o casi)
Arcade Fire - Ready to Start from Win-OUS on Vimeo.

Que no, que lo de Amenábar ya huele. Ya olía su apuesta por la conciencia social panfletaria (
El cómic, como cualquier forma de contar historias, puede ser idóneo para la parábola, vehículo de una historia que esconda una enseñanza, un discurso moral, una mirada al mundo escondida tras la apariencia de cuento. Sería el caso de “Templanza, el poder del miedo” (ediciones La Cúpula) una ambiciosa novela gráfica de Cathy Malkasian, autora que saltó a la fama dentro del mundo de la historieta con su anterior obra, “Percy Gloom”, donde (y pese a tratarse de su primer cómic) mostraba un mundo muy especial y sólido, así como un estilo depurado, sin fisuras. Para su nuevo trabajo volvemos a encontrarnos con ese dibujo suave, exquisito, virtuoso. Un grafismo que se apoya en la expresividad de Will Eisner (“The Spirit”, “Contrato con Dios”) y en la imaginación surrealista de Giorgio de Chirico, para crear un mundo irreal pero fascinante. Pesadillesco, también.
El indie, el cine indie: esa cosa.
En el principio, había tres hermanos. Les gustaban los cómics, todo tipo de cómic (de los clásicos superhéroes al comix underground) y querían hacer, ellos también, sus propias historietas. Para ello crearon una revista, en cuyo seno cada hermano crearía su propia serie. La cabecera se tituló “Love and Rockets” y apareció como “fanzine” en 1981. La historia podría quedar así, como la simpática aventura de unos chavales con ganas, pero no: los Hernández tenían fe en su trabajo, y mandaron la cabecera a la revista de crítica sobre historieta más prestigiosa de Estados Unidos, The Comics Journal. No sólo gustó, sino que la editorial de dicha publicación ofreció a los autores la publicación profesional de la misma. Porque los “Bros.”, como se les llama cariñosamente, eran más que buenos. Eran excelentes, inventivos, frescos y renovadores. De los tres hermanos Mario pronto abandona el mundo del cómic, y Gilbert (“Beto”) y Jaime perseveran, creando universos creativos paralelos, contrastantes aunque inevitablemente hermanados.
Quien busque en la Wikipedia a Lyonel Feininger se encontrará con la biografía de un artista vinculado al cubismo y la Bauhaus. Es la faceta más conocida de este creador germano-americano, pero en esas mismas fuentes también encontrará la curiosidad de que a su imaginación se debe un cómic, “Los niños Kin-Der”, editado por el Chicago Sunday Tribune en 1906.
Tienen ese punto de "well done". De 'Bien Hecho'. Las series de la cadena Showtime, las que he visto, tienen siempre esto muy claro. No tanto una marca de estilo (poco une este recreación de la corte de un joven Enrique VIII y, por ejemplo, la barrabasada de Dexter) como por una ejecución siempre exquisita. Y para el caso de una recreación histórica como Los Tudor, por supuesto, han dado un do de pecho. Con licencias (según se lee en la blogosfera, son de bulto) pero siempre primando la intensidad dramática sobre la frígida recreación sin alma, la serie supone un retrato certero de las intrigas palaciegas en una monarquía del siglo XVI. Y un retrato perfecto de un personaje sublime (hablo del personaje trazado en la ficción, no del histórico... recalco que eso es lo que me interesa; la ficción construida).
James Murphy, capo de DFA Records, productor, y sobre todo líder de LCD Soundsystem, ha revolucionado la década presente con dicho grupo. Ha capitaneado la vuelta a la fusión rock y baile que antes se había practicado (Happy Mondays y demás), pero con el espíritu post punk como espina dorsal de todo su esqueleto sonoro. Trance rítmico, funk, pop, rock de guitarras, actitud provocadora y mucho talento son los ingredientes del cóctel LCD. Y canciones como copones de pinos frondosos.
Si la expresión “guionista estrella” fue inventada para alguien en concreto, sin duda ese alguien es Alan Moore, quien incluso apareció como “estrella invitada” en los Simpsons. Personaje extravagante y genial, sus historias han marcado al cómic y renovado géneros. La casualidad ha querido que en estas fechas su último trabajo comparta edición con la reedición de uno de sus primeros cómics (ambos por Planeta de Agostini), y resulta curioso comprobar cómo un estilo claramente asentado desde sus inicios, se ha mantenido y al tiempo variado.
Lo juro, lo he leido (y te reto a buscarlo, porque la fuente es buena).
Eddie Campbell es conocido por haber ilustrado “From Hell”, el abisal cómic de Alan Moore sobre los crímenes de Jack e Destripador (que sirvió de base a una película, “Desde el Infierno”, que convierte una obra densa y enigmática en un blockbuster veraniego). Pero la carrera del dibujante británico es extensa y toda ella loable.
disfunciones afectivas de su entorno familiar. Pero claro, como todo nace de una indisimulada mentira, ¿estamos ante una confesión, o Campbell nos ha situado ante una máscara? Y si es así, ¿nos devuelve esa máscara un posible e intencional espejo deformante?
Terry Gilliam navega en las aguas del exceso. Conste que no soy ningún seguidor fiel del director, del que ví unas cantas de sus películas pero no todas, ni mucho menos.