29 septiembre 2010

Manel Forever


este tío cuando se sale, se sale (¡y cómo imita el estilo de humor gráfico de otros tiempos, qué genio dibujando, manejando conceptos... qué agrio ha sabido estar, el 'desgraciao'!...)
Por supuesto, si queda alguien que aún no conoce a Manel Fontdevila, no me voy a poner a explicarle ahora... se pasa por su blog y fiesta.

Bueno, y a ver la huelga, espero que fuese un éxito, pese a mis reticencias expresadas ayer ante todo el proceso

28 septiembre 2010

huelga

mañana hay lo que hay, lo que va a ser: un cantazo en los piños a un gobierno que no ha sabido gestionar la que se le venía, que ha tenido que doblarse a un mando superior para ejecutar medidas impopulares y con las que no comulgaba. ¿Necesarias? no sé, supongo. Deseo, porque no nos engañemos, la incidencia sobre la nueva ley laboral va a ser mínima, así que, joder, al menos que esa ley sirva para algo. A vuelapluma, apuesto que no, que los media (o directamente los media-baja) somos los que las vamos a pasar realmente frutas. Y el concepto de "negociaci´n colectiva" se convierte en otra cosa. A hacerse a la idea...

Pero al mismo tiempo lo que más me fastidia del pollo huelguista es su disolución como fenómeno popular, o manifestación de voluntad popular. Porque vamos, yo soy de Vigo, y esto puede no ser una encuesta, pero me consta que las fábricas (aquí asociadas a Citroen mayormente, o a astilleros) mañana simplemente chapan, y sus trabajadores (por ejemplo, familiares míos) recuperarán el día... el sábado 2 de octubre.
Y por el otro lado, por supuesto que la pequeña empresa, el comercio, el supermercado de barrio, va a cerrar por miedo a piquetes, así que no me interesa comprobar el "éxito" a este nivel. Está igualmente mediatizado por factores externos a la voluntad personal del trabajador.
Pienso estar, pues más atento al éxito de las manifestaciones cívicas, donde no habrá más maquillajes que los de siempre, la danza de cifras según la fuente. Y las imágenes, porque un helicóptero sobrevolando Madrid, Barcelona, Zaragoza o Vigo vale más que bastantes cifras.

25 septiembre 2010

and the winner is...


oh, qué emoción. ¿A qué huelen las nubes? ni idea ¿y ganar un sorteo, a qué huele? eso sí, debería saberlo porque nos acaban de llamar del supermercado y hemos ganado...

¡19 € en una compra!

Que no es la primitiva, pero por algo hay que empezar...

un Cosmos Público

me acabo de enterar y lo suelto ya: el diario Público mañana comienza la colección Cosmos de Carl Sagan en DVD. Si entráis en la página del diario, desde la publi del coleccionable podréis descargar un cupón para que periódico y dvd os cueste un solo eurito. Que por eso no te dan ni un café, hombredediossss...

Dado que no ha habido serie sobre el espacio profundo y demás vainas que le llegue a la suela del zueco a ésta (pese a tener 30 años, como quien dice), yo la recomiendo.

viviendo una actitud rock: JIRAFAS EN MI PELO

publicado en Faro de Vigo

Los años sesenta y setenta, el auge de la cultura juvenil norteamericana, son el centro de atención de un cómic autobiográfico que muestra una auténtica vida en la carretera.


Bruce Paley nació en Nueva York en 1949. Esto quiere decir que cuando, por ejemplo, la banda de San Francisco “Jefferson Airplane” sacaba su disco “Surrealistic Pillow”, contaba la dulce edad de dieciocho años. Con ello podemos hacernos una idea de que Paley fue un veinteañero de la era psicodélica, del tiempo del hipismo más radical. Vivió una cultura de libertad que marcó dos décadas como una montaña rusa: subida (subidón, sería más apropiado) y caída vertiginosa hasta los pozos del punk y el downtown neoyorquino, la alcantarilla de Ramones y Johnny Thunders. Thunders, precisamente es uno de los personajes que aparecen, breve pero intensamente, por los capítulos de “Jirafas en mi pelo: una vida de rock ‘n’ roll” (ediciones La Cúpula), novela gráfica autobiográfica del ahora periodista y escritor afincado en Inglaterra.
Carol Swain, por su parte, es autora de cómics desde los años ochenta, y actual pareja de Paley. Y la encargada de poner en imágenes las jirafas en su pelo, los recuerdos episódicos, nítidos o confusos, dolorosos o felices, de alguien que, sin duda, ha vivido y tiene mucho que contar.
Con estos datos cabe preguntarse qué hace de una obra algo apetecible. A veces es la perfección técnica, un dibujo que embelesa, o simplemente la exquisita presentación del libro. Otras la temática, como lectores, nos atrae. Sin duda “Jirafas en mi pelo” se encuentra en este segundo grupo. La vida en la carretera, la filosofía a medio camino del fenómeno hippy y del vagabundeo en la carretera, el choque con la realidad de los setenta, el camino que va de los hongos al basurero, de los escarceos psicodélicos con ácido al pozo de la heroína, los senderos vitales que se cruzan con conocidos ídolos del rock… la vida de Paley es de esas que merecen ser contadas. Podemos, entonces, decir que también podría contarse desde la excelencia, y no con un dibujo que cumple pero no destaca o con un estilo excesivamente literario, con muchas viñetas que tan solo ilustran lo que las cartelas de texto ya explican muy bien. Da igual. Cuando lo que se relata es tan apetecible, absorbente e impregnado de absoluta verdad (el lector va a sentir la falta de rumbo, el joven desenfocado y famélico de experiencias y vida al límite), lo demás sobra.
El libro está contado mediante cortos capítulos de leve interconexión, como flashes de momentos, experiencias, carreteras que se recorren, gentes que pasan, drogas que atontan y chicas que enamoran. Una vida, sí, de espíritu rock, al filo de la navaja, exprimiendo esos momentos sin construir proyectos, sin pensar en futuros, saboreando el aquí y ahora, por miserable que sea ese aquí y ese ahora. Y la verdad, tanta sinceridad, y tanta experiencia por el lado salvaje (y mítico) sólo pueden enamorarnos como lectores, e imaginarnos que nuestra vida, quizá, hubiera podido ser otra, más dura, más caótica, extrema y excitante, de habernos tan solo… atrevido. Bruce Paley lo hizo, quiso atreverse, y ahora, asentado, quizá ya otro hombre completamente distinto a aquel joven reflejado en viñetas, nos cuenta sus memorias en una obra absorbente.
calificación, interesante

24 septiembre 2010

Pop Negro, de EL GUINCHO

Si Alegranza fue el fogonazo, la obra increible, este Pop Negro es el objetivo en todos los puntos de mira. ¿Qué se puede hacer para mantener el listón de aquello? Pues lo que El Guincho hace: virar, mutar y mantener las bases. Porque en Pop Negro sigue la imaginación al usar el sampler (con sonidos autogenerados), la sabiduría rítmica (mutante, excepcional) y esa voz raruna y especial.
Pero si Alegranza era ritmo y superposición de capas (ideas superpuestas, ritmos superpuestos, músicas, sonidos, estilos superpuestos) ahora se han eliminado bastantes capas, aligerando el concepto (más fresco, menos tupido) y se ha sustituido la obsesión rítmica por la melódica. Pop Negro remite a los ochenta, a Radio Futura, Ciudad Jardín, Golpes Bajos... revisados desde un futuro lejano que sólo conoce Panda Bear (y Díaz-Reixa/Guincho, claro).
Personalmente me gusta más el mejunje de Alegranza, pero este "pulpo" (pop en catalá) no deja de ser un segundo paso gigantesco, magistral y que revela el talento del mejor autor del momento. Disco del año muy posiblemente (aunque a menda le gusten más otros), y apuesto a que crece escucha tras escucha. Apuesto una de pulpo á feira, vamos...
calificación: ¡excelente!

20 septiembre 2010

los pilares de la tierra eran el barro

Que nadie se lleve a engaño: la adaptación de la novela best seller por antonomasia puede ser una producción de Ridley Scott y hermano, puede contar con un actor de copete como Donald Sutherland y puede basarse en uno de los libros más célebres de los últimos años, pero es un bodrio.
O su primera hora, al menos, que es lo que aguanté (¿se regenera milagrosamente? no digo yo que no, pero sería eso, un acto divino por el que yo recuperaría la fe en dios y la Vírgen María), es un bodrio, un relato de aventuras insípido (sin caracteres que te ganen, sin personajes poderosos, sin argumentos sólidos) mal rodado, convencional, aburrido, de iluminación patética (en un castillo, de noche, las velas y la iluminación de los rostros van cada uno por su lado, ¿qué más da, no? total se basa en una novela de éxito, esto va a dar la campanada). E interpretado con el culo (lo más decente sería un Sutherland que hace de sí mismo en su versión menos "malo de la peli").
Se ha leído que los decorados huelen a cartón y es cierto. Que los actores no cumplen un mínimo y es verdad. Pero sobre todo, sobre todo a mí lo que me venció es una falta de guión, pues estos pilares de la Tierra se hunden en una sucesión de acontecimientos que pasan, cositas, una cosita puesta tras otra, tras otra, tras otra... sin generar jamás la complicidad emocional que toda gran aventura requiere.
Ya le gustaría a este engendro de música cargante y sinopsis imposible (de verdad, ¿cuál es el meollo de esta teleserie, qué pretende decirnos aparte de un cúmulo de situaciones que no enganchan por ningún lado?) llegarle a la suela de la bota a Los Tudor (competencia más o menos directa, al ser otra serie de género histórico emitida por otra cadena)
calificación: horrible

19 septiembre 2010

gran ganga, Grip ganga (by Beto Hernández)


No, esto no es la crítica de ningún cómic. Hoy sólo quiero contarles que ayer perpetré uno de esos pequeños placeres de coleccionista.
Porque sí, Beto es Grande, pero menos fuera de su personal universo creativo, su Palomar, pueblo fronterizo de historias cruzadas.
Y seguramente este tebeo que realizó coqueteando con otras editoriales (para el caso, DC y su línea adulta "Vertigo comics"), puede que no esté a la altura...
Pero cuando uno va al Alcampo a comprar un pollo y se topa con una cajonera de saldos, y en medio de cosas más o menos interesantes se encuentra un Beto a este precio...

...qué quieren que les diga, esto ni se piensa, está bien amortizado; sólo con reconocer el trazo siempre tosco del autor, ya vale lo pagado. Y apuesto a que algo más va a ofrecerme, por muy horas bajas que sea este Grip, el extraño mudo de los hombres,

17 septiembre 2010

el sentido del ruido: Special Moves, de MOGWAI

Mmmm, curioso: ni Sonic Youth, ni The Jesus and Mary Chain ni Pixies sacaron un disco en directo. No al menos "en vida", en el caso de los dos últimos. ¿Procede con los escoceses Mogwai, otra banda proclamada, en su momento, como adalid del rock más espinoso, de la distorsión más osada?. A ver; por un lado, hoy por hoy están en un momento poco agraciado. Su último disco en estudio se quedó en correcto. Su sonido ya no está de moda (quedas como dios si lo atacas, de hecho), y su embestida en directo se ha visto minimizada por culpa de los amos de la cosa; quien ha "sufrido" el volumen de My Bloody Valentine en directo, le quita automáticamente puntos a Mogwai, que han quedado destronados en el podio de "hijos de puta que te dejan las orejas como churros".
Pero la verdad es que la propuesta 'live' de los líderes del último post-rock tiene mucha chicha, su capacidad para conducir el pulso de la tensión silenciosa hasta el big bang de guitarras en llamas tiene su razón de ser sobre un escenario. Es verdad que, plastificado, no es lo mismo. Pero más allá del volumen real de la banda sobre las tablas, tremendo, es obvio que los temas cambian, ganan capas y capas (de distorsión infinita) y las cosas son diferentes al trabajo de estudio. Quien sólo conocía sus discos no podía apreciar el sentido Rock de su música (o no tan claramente, o no en todos sus discos). Ahora, tienes la prueba de que Mogwai son puro y vocánico rock (con remansos agradecidos de tranquilidad inquietante), gracias a este nuevo Lp (a la espera de un futuro trabajo para 2011, que están elaborando ya). Se acompaña de un dvd que pinta genial, pero ejem, en spotify no se ven vídeos, se escuchan discos, y es lo que conozco.
calificación: bueno bueno
(lo mejor en Mogwai live, las caras de éxtasis y dolor del público)

16 septiembre 2010

caminarán muertos... en el canal AMC

la serie de la temporada está a punto de llegar (aquí, en Fox, allá, a partir de Halloween, en AMC, el canal de Mad Men)



La adaptación de uno de los mejores cómic books de la década, dirigida por el director de "Cadena Perpetua".
Pinta bestial. Me mordería las uñas de impaciencia... si no fuera un gesto tan zombi ;)

15 septiembre 2010

HBO's Juego de tronos (sigue el goteo)

Sigue la publicidad viral y más o menos vacía. Treinta segundos largos con imágenes de la futura adaptación de la saga fantástica Cnción de hielo y fuego, por el prestigioso canal de Los Soprano o Roma.


Bonito.
Y de postre, un pequeño publidocu del rodaje y tal, subtitulado:

14 septiembre 2010

Monegal, el Gran Crítico televisivo


Me gusta Julia Otero, y su programa radiofónico de las tardes, con sus cosas mejores y peores, suele entretenerme (al menos, en alguna de sus franjas). Me gusta en términos generales el equipo del que se rodea, la pluralidad política en los opinantes, las personas interesantes que la acompañan (Nacho Vigalondo, por ejemplo, con humor y sencillez, tiene más que decir que muchos tertulianos encorbatados que por esas hondas pululan), hay espacio para el humor (algo condenado en un magazín diario, pero en fin), hay tipos ególatras que practican un vivaz genioyfigurismo que en radio personalmente me divierte (del imposible Dragó al contradictorio Adrianséns)...

Y hay, ayyy, un insufrible personaje, el ¿prestigioso?crítico de televisión F. Monegal. Que practica el culo en pompa con la casa (el grupo Onda Cero es hermano de Antena 3 y canales filiares, y se nota), y que se obceca en señalar lo obvio: los programas de telebasura son malos, y además, falsos (castings, o conchabados en rebotarse personajes,noticias y puyas...). ergo, descubir la pólvora y ponerse medallas al hacerlo.
Eso sí, la verdadera tele de calidad (sea algún programa de producción nacional que valga la pena, sea la emisión de una serie excelente y premiada) no es materia del interés del casposo crítico. Vergüenza ajena me provocó escuchar cómo ventiló la emisión de Los Tudor, en abierto y para todo el mundo, por La 1 (y por tanto con el aliciente de la versión original subtitulada). Dijo, en fin, algo así como "es una serie que repone la 1ª y que ya se pudo ver en España"."Pagando" le dicen. "bueno, bueno... en el plus" responde el mezquino algo incómodo.
Pero su mejor intervención radiofónica (AQUÍ COMIENZA EL CHISTE, NO SE LO PIERDAN) vino ayer, cuando criticando un "concurso", Las Joyas de la Corona (de tele 5, claaaro, y hombre, añado que evidentemente es un bodrio que no merece más que una frase y a otra cosa, no minutos y más minutos de atención mediática de un crítico) señala la burramia e incultura de sus concursantes. "Le preguntan a una niña por estados de los EEUU...¡y responde que Nueva York, jaja jaja jajaja!"
Y yo que, en fin, también me río.
De él, no tanto por inculto como por prepotente (e inculto, mira, jajaja).
Por supuesto, aluvión de e-mails, pero el catalán capotea como torero torpe (meas culpas y un "pero todos sabemos en qué pensaba la niña"... ¡joder, además, semos adivinos!).

Señora Otero, me contrata a mí (o a muchos vecinos blogueros, abundan los entendidos en TV que verdaderamente demuestran más criterio, y menos ego que el Monegal) por la mitad de caché y le hago un espacio de televisión decente dentro de su programa.

10 septiembre 2010

La gran sátira americana: OTHER LIVES, de Peter bagge

artículo publicado en Faro de Vigo

Peter Bagge es uno de los autores que mejor y con más mala baba ha sabido radiografiar la sociedad estadounidense del reciente cambio de milenio, y ahora se estrena como autor de novelas gráficas.

En los años noventa Peter Bagge fue señalado como el verdadero retratista de aquello que se quiso bautizar como “Generación X”. Una quinta desclasada, “white trash” de la américa profunda que ha vivido su juventud en una época sin futuro y sin demasiadas motivaciones. El grupo “Nirvana” y sobre todo su líder Kurt Cobain ejemplificaron la angustia existencial de aquella juventud desnortada. Bagge sería la otra cara: él representó tambíen la fotografía en grises de la era “grunge”, pero pasada por el mordaz prisma de un autor vitriólico y cáustico. El dibujante de cómics (apadrinado por Robert Crumb, el pope del underground) no empatizaba, sino que observaba (de hecho, no era ningún adolescente ya, y aquella no era su generación). Era, es, un cronista demoledor, crítico, desbordante de ironía y con ganas de abofetear al lector. Y su dibujo, ferozmente underground, distorsionante hasta el exceso, virtuoso aunque feista, se ha convertido en ejemplo de grafismo cómico para toda una generación.
“Odio”, su título de aquella década 90’s, es el mejor retrato de la juventud americana de su tiempo, y siempre quedará como su cumbre artíctica y título de referencia, venga lo que venga luego. Un aviso, pues. Si el lector desconoce “Odio” (cinco volúmenes y un número cero previo, editados por La Cúpula) no dude en acercarse a sus páginas.
Pero ahora hay que centrarse en lo nuevo de Bagge: “Other lives” (también editado por La Cúpula) es una novela gráfica que relata las vidas de un puñado de treintañeros frikis, perdedores, acomplejados o neuróticos que tontean, demasiado peligrosamente, con las nuevas tecnologías y las formas de interacción personal on-line. Y hay que reconocer que, tras la lectura, su pegada sardónica reflota cada vez que nos disponemos a entrar en una red social o a intervenir en un blog. Es el don de la sátira. Retrata, aunque sea distorisionando hasta el absurdo.
“Other Lives” se mueve en los mismos parámetros que iluminaron “Odio”: crítica generacional, retrato de perdedores, frikismo hilarante. Se puede decir que estos tipos podrían ser aquellos veinteañeros que entonces montaban grupos de rock o se emparejaban con quien menos conviene. Aquí, más calvos, y algo asentados, siguen siendo bufones desmadrados, salidos imposibles, alcohólicos irredentos o casamenteras obsesivas. Y además todos abusan de lo virtual. Logran su “perfección” transmutándose en una pantalla. La crítica es feroz y clara. Y el final brutal nos hiela la condescendiente sonrisa: esto realmente no debería tener gracia. O a Peter Bagge no le parece gracioso. Parece decirnos que una cosa es ser un perdedor alocado con veinte y otra serlo con treinta y cinco. Por no hablar de su opinión nada velada sobre las redes sociales de internet, claro.
En definitiva, si bien a Bagge el formato le encorseta (antes que de novelas gráficas unitarias como esta, es autor de relatos cortos que se prolongan mes a mes) este libro recupera el vitriolo de uno de los autores más ácidos de los Estados Unidos, demuestra su tino para construir personajes estúpidos y que, no obstante, saben ganarnos, desarrolla situaciones de cotidianeidad tan palpable como delirante (sexo virtual, adictos ap pocker on-line, periodistas con complejo…) y crea unos diálogos brillantes. Como un Woody Allen mucho más venenoso y menos autocomplaciente.
calificación: bueno, bueno.

09 septiembre 2010

Top Chef, o cómo me enganché a un reallity

De verdad; no estoy viendo series. Los Tudor en el congelador, The Wire en la reserva, cualquier acercamiento a una nueva teleserie, paralizado (digamos que tengo dos nuevas -nuevas en mi casa, digo- en la recámara). Porque ladies and gentlemen, estamos enganchaditos (alégremente, además) al programa Top Chef del Canal cocina.
Como de este reallity entre fogones de alta cuisine ya hablé aquí, y mantengo el análisis, simplemente dejaré caer alguna causa de tan feliz adición catódica:

-Por ejemplo, que me gusta la cocina, la presencia de los platos presentados por un chef, y me arropa escuchar recetas e ingredientes de un modo inconexo (si leen el artículo enlazado, donde explico el programa, ya sabrán que en Top Chef no se aprende a cocinar nuevas delicatessen, ni mucho menos). Me va que me acaricien la oreja con... "estoy preparando una tempura tibia de espuma de foie", "esto es una crema dulce de algas" o "he macerado este ponche de melocotones caramelizados". Aunque no entienda ni pijo de lo que escucho.
-Porque su mecánica transparente (lo dicho, léanse el enlace) no necesita de absurdas renovaciones como si de un Gran Hermano se tratase: las pruebas, el estilo "cinematográfico", las entrevistas post-concurso insertadas... todo se repite sin sorpresa, y ese sabor a conocido, a viejo amigo, es lo que me está gustando. Porque hacía años que no volvía a los fogones de este concurso, y el reencuentro con sus tics es dulce.
-Porque me gusta la puesta en escena del cocinero jefe del jurado, Tom Colicchio (el calvo de las fotos), entre afable, irónico y duro. Y la actitud del jurado que encabeza, el análisis siempre exigente de unos platos que yo ni sueño con catar (y si lo hiciera, seguro que me gustaban cateta, ciegamente).
-Porque me encanta paladear vía televisión esos ambientes de glamour (cuando los concursantes cocinan para fiestas benéficas o en grandes restaurantes de la Big Apple como el Craft...¿no te gustaría catar esos lugares exlcusivos? venga, no mientas, todos tenemos un ricachón interior)
-Porque también me gustan sus expediciones "campestres" (esas pruebas para multitudes, donde se pide a los aspirantes a "top chef" hacer una barbacoa para el domingo en la fiesta de barrio, donde palpas el catetismo adolescente de ese niño grande que es el ciudadano USA prototípico).

Así que en fin, mañana les hablo de una película drama-social croata, y quedo de vicio y muy pedante. Hoy me lo estoy pasando como un enano con esta fruslería para maruj@s.

07 septiembre 2010

SPIROU: DIARIO DE UN INGENUO, de Emile Bravo

Remodelar un clásico. Recrearlo desde la mirada personal, reinterpretando, sin difuminar, los signos identitarios de una obra creada por otro autor en otro tiempo y lugar. El reto es goloso, y el abuso del mismo por la industria del cómic de superhéroes puede hacernos recelar de toda obra que vuelva sobre un personaje para proceder a renovarlo. Sin embargo hay muestras de que el truco puede dar excelentes resultados. Batman Año 1, de Miller y Mazzuchelli, es un ejemplo claro.
Europa, por sus características, no es tierra de revisiones. Los héroes no siempre pasan a las manos de nuevos autores (así, Tintín murió con Hergé) y
cuando ocurre (Lucky Lucke) los segundos y terceros creadores no suelen reinterpretar, sino resptar el estilo del original y perpetuar sus aventuras, sin romper el tono o el aspecto gráfico del personaje.
Aunque claro, siempre hay excepciones, y entre estas hay que destacar esta relectura de Spirou por parte de Bravo, uno de los autores de la nueva Bd, como dicen al norte de los Pirineos. Y su relectura no podía ser más acertada. Emile Bravo parte de la singular tosquedad de Rob-Vel, creador de la serie, antes que inspirarse en la plasticidad virtuosa de quien es considerado el mejor autor que pasó por la cabecera del niño-botones, el mayúsculo Frankin. Con su dibujo de trazo sencillo y gusto exquisito, Bravo devuelve a Spirou a sus orígenes para narrarnos eso, su primera aventura y las motivaciones del icono. ¿Por qué siempre vestir el uniforme de botones de hotel?¿cuáles son las motivaciones para estar siempre dispuesto para la aventura?¿cuándo nació su amistad con su inseparable compañero Fantasio?
Pero la pirueta es doble, pues todas estas incógnitas se desvelan en un relato que, si bien repleto de humor y aventura, es totalmente adulto al insertar al héroe juvenil en
el ambiente prebélico de los años treinta. La sociedad convulsa de extremos sociopolíticos, las confabulaciones a la sobra para invadir Polonia, la resistencia de células comunistas, la tristeza subyacente en la infancia d ela época (ese niño hijo de españoles, sufridor de la guerra civil...), remarcan un panorama tan oscuro que es imposible que la obra no encandile al adulto.
Añadimos una bonita historia de amor, un final desalentador y una caracterización de personajes brillante (personajes absolutamente míticoas en el mercado francófono, no lo olvidemos, a la altura, o casi, de Tintín y Astérix). Y el resultado es un tebeo excelente.
Y no he hablado del diseño de página, conscientemente "europeo", abigarrado y cartesiano, otro logro del diseño de Bravo par aun tebeo muy recomendable que, pese a haberse editado hace un par de años, he leido estos días.
calificación ¡excelente!

06 septiembre 2010

mesianismos eficaces: ARCADE FIRE en MTV Live (Monte do Gozo)

En el principio estaban Echo and the Bunnymen, y luego vino en indie rock. Puede sonar exagerado, pero desde el toque sombrío de los Jesus and Mary Chain menos ruidistas hasta la pose distante de mucha banda indie, pasando por cierta épica vocal no exenta de melancolía, en la música del veterano grupo británico se encuentran las raíces de mucho de lo que luego vino.Apenas llegué para ver un par de canciones de la banda (de los anteriores, The Temper Tramp y Cornelius 1960 no busquen aquí: no los ví), pero fue suficiente para percibir el buen estado vocal de Ian McCulloch, su presencia escénica y las posibilidades de un live que, quizá, haya sido lo mejor de este festival si se sabe contemplar sin mitomanías de fan adolescente.
Y lo digo porque allí lo único que importaba al respetable eran, claro, Arcade Fire. Salieron ante un público devotamente entragado, y nos dieron un magnífico concierto muy en la línea de lo qe ya había visto hace años. Energía, entrega, sonido expansivo (guitarras varias, teclados, dos baterías, acordeón, dos violines, zanfoña...), continuo cambio de roles (el guitarra ahora toca la batería, la acordeonista ahora está en el piano...) y actitud festiva. La ejecución de su repertorio fue simplemente pluscuamperfecta, en fin, si bien empañada por cierta actitud mesiánica de su vocalista y guitarra (y pianista ocasional) Win Butler, que entre bajadas al foso para los baños de devotas multitudes, los guiños al canal MTV (retransmitirá el evento en breve) o el tic de enarbolar la guitarra cual bandera, se me antoja pretendiente al club de las "stadium rock" en que habitan Coldplay, U2 o Springsteen. Habrá quien piense que ello es virtud, pero a mí los apóstoles musicales me dan cierta dentera, la verdad.
Mas hay que reconocerlo, el pero no enturbió un brillante show (con vídeos en pantalla y tal), no tanto como una organización y lugar incorrectos: desde el fondo, el viento difumina el sonido. Las pantallas traen retardo entre imagen y sonido... en fin. No fue culpa de un grupo que defendía su tercer y monumental disco, y lo hicieron con entrega y talento. Que igual en unos meses (o años) nos cargan demasiado con brazos en cruz, peticiones de mecheritos y coros uooo uooo a gogo. Hoy, ayer, todavía supieron moverse en tales coordenadas sin pasarse de la raya.

03 septiembre 2010

nueva pestaña lateral


porque aunque el lector de estodigo es astuto e intuitivo, nunca está de más, he añadido a la derecha una pestañita con la calificación crítica que remata mis artículos de eso, crítica. Lista descendente, claro. si es que sois de un listo, que no tengo que explicaros nada, lo pillais todo a la 1ª

01 septiembre 2010

Verano en serie

el viernes publiqué en Faro de Vigo un 'artículo de verano', sobre las teleseries en general (en el diario, claro, con otras imágenes). La pretensión, espero que evidente, era hacer una panorámica muy leve y en un tono desenfadado, de espíritu estival (aunque el verano va acabando). Os lo dejo a continuación:


Los meses veraniegos suelen ser, en materia televisiva, zona yerma y abono para repeticiones o programas ligeros de poca enjundia, pero las nuevas tecnoligías están cambiando esto.

Los tiempos están cambiando. Lo decía la canción, sí, y ahora lo corrobora la televisión por cable, el Home Cinema y los ordenadores entendidos como centros de ocio multimedia. Con el abaratamiento de las nuevas tecnologías ya es posible acercarse a lo que hasta ahora era un sueño: la televisión a la carta. Esto, necesariamente, es un reto para lo que tradicionalmente se ha entendido como “la tele de verano”. Se acabó aguantar la enésima reposición de “Verano Azul”. Olvidémonos de “Grand Prix” y derivados. Cuando comprar una temporada de una serie en DVD apenas cuesta más que una noche de fiesta (veraniega, claro), ¿por qué aguantar lo que “nos ponen”?. La respuesta de los canales generalistas es evidente, aunque tácita: no hay quien aguante la tópica tele estival, por eso puede sorprender que los canales habituales hayan apostado por emitir en prime time seriales de referencia como “Anatomía de Grey” (un culebrón hospitalario de probado éxito) o, más sorprendente aún, que se emita (y publicite con fuerza) una serie de la categoría artística de “Los Tudor” (además, en este caso, sin anuncios).
La recreación de la juventud de Enrique VIII de Inglaterra supone un toque de atención, una atrevida apuesta de “la pública” para que, un día a la semana, olvidemos que fuera existe un mundo de chirningos, fiestas, sangría y noches agradables, y nos perdamos en la historia pasional del monarca Tudor y la joven Ana Bolena, y en la telaraña de complots que se urde a su alrededor.
Pero volvamos al principio y recordemos que vivimos en el siglo XXI. Hoy el acceso a las series de ficción es un hecho. Pueden obtenerse de formas diversas y almacenarse para programar, cómoda y racionalmente, la pequeña dosis de buena tele que nos merecemos entre playa, viaje, pamping y vuelta al pueblo. Y además, la última década ha sido fuente de muchas series excelentes. Podemos veranear en la playa, pero también perdernos en los misterios sin fin de las seis temporadas de, sí, “Perdidos”, para convertir una isla paradisíaca en fuente de pesadillas irresolubles. Hablamos de la serie que más fans ha generado, así como detractores. Sin términos medios. Pero algo es innegable: las aventuras de un grupo de supervivientes de un accidente aéreo han supuesto un punto de fuga en la historia de la ficción televisiva. Nunca antes todos los medios de una gran superproducción se habían empleado en un serial catódico. Y pocas ficciones pueden durar decenas de horas y mantener hasta su último capítulo a una legión de devotos (“losties”).

Perdidos representa el éxito que han perseguido otras aventuras, como el encanto turbio de “Dexter”, un asesino en serie que trabaja con la policía y resulta un tipo encantador, entre la fragilidad impostada y la astucia letal. Se trata de una ficción, además, que no disfruta de un doblaje demasiado afortunado, así que he aquí otra buena acción veraniega: ver las aventuras psicóticas de Morgan Dexter en versión original con subtítulos.
Pero lo más fascinante de la televisión de los últimos años es que la proliferación (en Estados Unidos) de canales como HBO o Showtime ha derivado en que la televisión sepa primar la calidad a la imperiosa necesidad de gustar a todo el mundo. Puede que “Mad Men”, efectivamente, no atraiga a todos: su ritmo es lento, la acción queda congelada (hay capítulos donde, realmente, nada sucede), la premisa se aleja de las modas… pero ¿quién no evidencia la enorme calidad de las andanzas de Donald Draper y demás publicistas en la década de los sesenta? “Mad Men”, serie que retrata a un grupo de profesionales en la era Kennedy y radiografía la muerte lenta del sueño americano en el momento en que todo cambió, no entretiene tanto como enriquece. Ver esta serie es, en cierto modo, nutritivo.
Por no hablar de “The Wire”, un policíaco-verité del que existe la casi completa unanimidad respecto a su naturaleza: los avatares de la policía de Baltimore son lo mejor que ha dado la historia de la televisión nunca. ¿Distutible? En todo caso, responder a la pregunta es otro buen motivo para enriquecer este veraneo que va acabando, con horas de televisión.

Y por último, hay que mencionar a una verdadera pionera: “Los Soprano”, con sus seis temporadas, se ha mantenido en un imposible filo. Ha sido tan magnífica como las arriba citadas, pero también ha gozado del favor del público. Normal: los lances de una familia de mafiosos de clase media-alta relatadas con una socarronería inaudita tenía que terminar siendo otro referente del género negro, a la altura de “El Padrino” o “Uno de los Nuestros”.

Y es que no cabe el escándalo ante sentencias tan categóricas, pues hay que repetirlo; nunca hubo tantas y tan buenas teleseries como en este principio de siglo. Los títulos recomendables se amontonan: “Deadwood”, “Sangre fresca”, “A dos metros bajo tierra”, “Roma”… son tantas las posibilidades, que merece la pena atreverse a pasar un verano en serie.