03 enero 2011

La obra maestra del dios del manga.



articulo publicado en Faro de Vigo


Editorial Platena reedita, en lujoso formato, uno de los pilares del prolífico universo del manga japonés: “Adolf”, del considerado “padre del manga”, Osamu Tezuka.



Hay que poner en contexto la figura de Osamu Tezuka para comprender su verdadera magnitud. Como es conocido, el manga en Japón posee una aceptación que lo convierte en una de las más potentes industrias del entretenimiento de su país. Frente al modelo europeo (arte minoritario) o estadounidense (entretenimiento juvenil muy centrado en el género de los superhéroes), el manga es leído por los nipones como si habláramos de novela, o de cine, aquí en España. Es de consumo masivo, y por tanto se orienta a todo tipo de lector: lo hay para adolescentes, para niñas, erótico, de autor, de género histórico, centrado en una determinada profesión… Y dentro de la historia de esta verdadera industria del ocio, la figura patriarcal, fundadora, de Osamu Tezuka es incuestionable. De hecho, decir que él es el padre del manga tal cual hoy se entiende no es exagerar en absoluto. Y no solamente porque a él debemos ese estilo tan particular e identificable de dibujo sencillo pero eficaz, ojos enormes, expresiones exageradas y tratamiento “cartoon” de la figura humana. Él es quien renueva una historieta japonesa que, si hasta entonces se parecía en formato a las típicas tiras de periódico con breves estampas conclusivas, con su “La nueva isla del tesoro” de 1946 aborda por primera vez una obra larga en extensión y abierta a influjos occidentales (de Disney a “Popeye” de E.C. Segar).
No será el último trabajo de Tezuka. De hecho, en su haber se contabilizan sobre seiscientas obras, cientos de miles de páginas de manga. Muchas de ellas consideradas magistrales. Con no pocas, ha sido el creador de géneros que todos hemos disfrutado de niño (como los androides “a la Mazinger-Z” con su “Astro Boy”, o como el shoho o manga para niñas, con “La princesa caballero” de 1953, auténtico fenómeno social en Japón).
¿Dónde, entonces, cabe situar “Adolf”, en la carrera de Tezuka? Finalizada pocos años antes de su muerte, este manga supone la destilación serena y madura de un autor consagrado, la última muestra de un talento inconmensurable, epílogo creativo y, sin duda, una obra maestra. No del manga, del cómic mundial.
“Adolf” (reeditado estos días en un lujoso cofre por Planeta de Agostini) narra la vida de tres Adolfos bien distintos. Uno, como sombra ineludible, Adolf Hitler (sobre quien Tezuka hace pivotar un misterio referente a sus orígenes). Otros dos, verdadero corazón de esta historia, dos niños que unidos por la amistad no lo están por su contexto: uno, judío, el otro, hijo de un nazi. A partir de aquí, se cuece una trama entre un humanismo profundo y sincero y el thriller más clásico, donde los destinos se entrecruzan en una estructura narrativa admirable. Y lo es, porque estamos hablando de una historia con varias tramas que divergen y convergen, con distintos tonos (del thriller al bélico pasando por el histórico o el costumbrista), y de una extensión impactante (más de mil páginas). Y sin embargo, la realidad de esta lectura, a priori compleja y agotadora, es la de un fluir natural y trepidante que, como suele decirse, nos engancha en la primera viñeta y no nos suelta hasta su fin.
Así pues, cabe ser recalcitrantes e insistir: no se deje el ojeador curioso influenciar negativamente por un dibujo tópico (porque lo es, es canónico, incluso), y atrévase con esta historia donde Alfred Hitchcock y la mirada del Kurosawa más sensible se dan la mano.

post scriptum: no me detengo en el diario, obviamente, en aspectos técnicos, pero en este asunto Adolf me tiene hipnotizado. Tezuka narra con una capacidad alucinante para emplear medios y soluciones de puro cómic, diseña las páginas con un atrevimiento fabuloso (y parece mentira que Adolf tenga más de veinte años de edad, se lee fresco y actual), con un paquete de soluciones visuales que emplean la página como un todo orgánico, lo que diferencia el arte de narrar del cómic a cualquier otro medio, mucho más lineal. Sirva de ejemplo la página que encabeza este texto, con un claro eje en torno a una foto de una geisa: Tezuka traza mapas en sus páginas, cuyo diseño es, en sí mismo, información narrativa, traslada el estado de ánimo general, plantea el tempo de la lectura, es un primer estrato de información narrativa.
Mucho, es mucho, este Adolf, de verdad.

5 comentarios:

Int dijo...

Pues yo mantengo una relación de amor-odio con esta obra. Amor, sin duda porque es un manga extraordinario en el que, como bien apuntas, Tezuka demuestra sus habilidades como contador de historias, especialmente a través de su trasparencia narrativa; pero por otro lado, no puedo evitar la sensación de que, simplemente, con el tema que trata (un ejemplo de ficción histórica situado, además, en la Alemania del Tercer Reich) y su voluminosa forma de obra río, ya recibe la etiqueta de obra maestra, que para mí no lo es (sin negar su altísima calidad, lo reitero).

Es decir, que la combinación Tezuka + Historia + muchas páginas hace que para muchos ya sea automáticamente una obra maestra independientemente de su contenido (ojo, no va por usted ni nadie en particular, es una suposición general).

Un saludo.

Octavio B. (señor punch) dijo...

yo sin embargo creo qeu el tuétano sería la parte más débil. Dile a un público de cine que esto va de que se descubre un documento que demuetra la naturaleza judía de Hitler... se te ríe en la cara. es, como nudo central, hasta pueril. Pero tezuka consigue desarrollarlo con una trama de muchos más nudos, y lo desarrolla con una técnica acojonante.
Lo de las "muchas páginas" lo veo casi innato al manga canónigo... y no olvidemos que este libro es de Tezuka, del año 82, 84 o así. Clásico 100%, hasta en lo formal, en referencia al manga. O yo lo veo así, que no soy un mangaka desaforado, conozco lo justo para creer que algo de ello controlo :P

PULGACROFT dijo...

Apuntado queda.
;)

PULGACROFT dijo...

Bueno pues ya lo tengo, ahora a disfrutarlo. Ya te diré.
;)

Octavio B. (señor punch) dijo...

han venido los reyes, ¿eh?
Buen regalo, espero que te entretenga un porrón.