20 febrero 2011

STRANGE SUSPENSE, un clásico del miedo

este artículo se prepublicó en "Serie de Viñetas"

En los años cincuenta la editorial “EC” revolucionó la historia del cómic americano. Lo hizo dando terror sin censura, casquería, truculencias, asesinatos por doquier dentro de sus cuadernos de historietas para jóvenes. Y además, lo hizo con una plantilla de autores que constan, hoy por hoy, como clásicos indiscutibles (más allá de la endeble propuesta argumental de muchas de aquellas historias). El éxito y calidad de la empresa fue tal que generó imitadores por todas partes. Entre ellos hubo mucho trabajo mediocre, muchísimos plagios, y también, claro, autores en ciernes que ya despuntaban. A la espera de que alguna editorial recupere el fondo EC en castellano de nuevo (existe una edición de bolsillo), podemos disfrutar de uno de esos hijos bastardos. “Strange Suspense”, de Diábolo Ediciones, es un primoroso libro (excelente realización, irreprochable como objeto, digamos, ‘de luxe’). En él están las primerizas historias de un autor irrepetible, un clásico absoluto. Hablamos de Steve Ditko, quien en los sesenta realizará las primeras aventuras de Spiderman, ni más ni menos.

Pero aquí estamos diez años antes, contemplando a un dibujante joven y novato que se abre camino en el “mundillo”. Y eso, en el 53, suponía, claro, hacer cómics de horror. También de géneros como el romance, la ciencia ficción o el western, de los que este primer tomo da constancia. Mas hay que reconocer que el universo desquiciado y bizarro (en el sentido sajón) de Ditko brilla sobre todo en los relatos de terror en historias tan naive y a la vez cazurras como “Cinderella”, una perversión en ocho páginas del clásico “Cenicienta” en clave vampírica. Este libro es, en fin, un muestrario de una forma de entender la historieta, un portal al mundo del entretenimiento de los años cincuenta, además de un documento interesante como prueba del incipiente talento de Steve Ditko, una de las plumas más singulares de la historia del cómic.

Artículo publicado en el Faro de Vigo el 4 de Febrero de 2011

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